jueves, 3 de septiembre de 2009

Testigo


El recuerdo es testigo. Lo pensó Lidia en esa tarde opaca y extendió una lona para tomar sol desnuda por primera vez. Se fue quitando la ropa lentamente. El viento la envolvió en un abrazo invisible. Se tendió boca abajo y esperó. El sol goteaba fuego. Al rato se durmió y soñó con un puente de madera que se partía en dos, tres, cuatro. Entre los médanos se oyó un disparo. La mujer del sueño gritó fuerte y Lidia despertó agitada. No había nadie. Apenas un desierto de arena gris y el agua quieta en líneas de espuma. Lidia se dio vuelta mostrando sus pechos a un cielo que empezó a nublarse. El cuerpo brillaba como si doliera. Una mujer desnuda es el recuerdo de alguien que ahora espera la muerte en un hospital de provincias. Ninguna Lidia. Ninguna playa. Ningún puente. Sólo un poco de arena y puntos negros en los ojos tan abiertos. El recuerdo es testigo.

L.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

De un amor sexual

El amor sexual nos proporciona la experiencia placentera más poderosa y subyugante que pueda ser alcanzada. Establece así el prototipo de nuestras aspiraciones de felicidad. El punto débil de esta técnica de vida es evidente. Y si no fuera así a nadie se le habría ocurrido abandonar por otro este camino hacia la plenitud. En efecto: jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos. Jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido al objeto de nuestro amor.


Sigmund Freud, El malestar en la cultura, Hyspamérica, pág. 1695.

De un amor queda algo


Cuando Lara me dejó pensé en matarme. Lo pensé verdaderamente. Me imaginé cayendo desde un edificio alto como las Torres Gemelas. O tomando cien pastillas de valium disueltas en vino blanco. Mi psicóloga de entonces jamás sugirió que no lo hiciera. Tampoco habló de responsabilidades familiares o laborales. No dijo que la vida es hermosa. Recordó apenas que Lara no se había llevado todo. Algo central había quedado de este lado. Lara es Lara y no es Lara, deslizó también con voz casi inaudible. Me dijo que debía tener paciencia, apretar los dientes y hallar la salvación en el trabajo creativo. El movimiento engendra movimiento, resumió al despedirse. Cuando un amor se va deja algo. Una huella en la arena. Un hueco listo en el cielo para ser tomado por otra gaviota. Alguien llega del océano. Y es perfecto el lugar que elige para descansar.

L.

La foto fue tomada en la isla Martín García.

martes, 1 de septiembre de 2009

Salida al mar


Son las siete de la tarde en todos los relojes. La multitud se comprime, se empuja, se obstina. Los cuerpos apretados se humedecen. Con pechos de mujer, brazos, rodillas y genitales en estado puro se arma un lindo collage. En el metro pasa algo indefinible. Tal vez el encierro, el calor, los efectos de la luz artificial. Lo que está faltando es un subte con salida al mar. En el andén las anatomías se doblan en posturas imposibles. Las puertas se abren a codazos y la multitud nuevamente se comprime, se empuja, se obstina. Gritos, corridas, choque de platillos y caras de subte. Algunos querrían decir basta. Pero el ritual es voraz e inevitable. Lo que está faltando es un subte con salida al mar.
Y un sueño de madera balsa.
L.

Tareas

Leer solamente libros infantiles. Acariciar sólo pensamientos incautos. Disipar todo lo que huela a solemne. Sublevarme contra la honda tristeza. Estoy mortalmente cansado de la vida. No admito nada de ella. Pero aún así amo esta pobre tierra porque no conozco otra. De niño, en un jardín remoto, solía mecerme sobre un columpio de madera sencilla. Y aún recuerdo los altos y oscuros abetos en medio del delirio brumoso.

Osip Mandelstam (Rusia, 1891-1938). Poeta y crítico literario.

Ladera de Elis

De un amor no queda nada


De un amor, si fue amor, no queda nada. Inútil escuchar viejas canciones (nuestro tema), bares donde se dijeron cosas terribles ahora olvidadas, esquinas donde chocaron bicicletas como suelen hacerlo partículas de la física cuántica, gestos de despedida en la parada del 127. Todo va decantando y se evapora hasta resolverse en materia oscura. Primero se borra un nombre, después el otro, luego desaparece hasta la corteza donde el torpe corazón fue dibujado. Por algunos meses subsiste un remanente de dolor que, con el tiempo, se reduce a una línea, un punto, silencio. De un amor, si fue amor, no queda nada.

L.