martes, 8 de septiembre de 2009

Perlas de un collar sin estrenar


No tienen dueño, casa, farol. No tienen sueño. Son reyes de la calle y muerden al divino corazón. Los perros van desnudos y huelen en silencio la cola de las perras. Las toman por atrás, se alejan y se olvidan. Quieren dormir pero no pueden. Quieren ser otros. Los perros van sin planes, sin plata, sin medir las graves consecuencias. Son el terror de las colinas y juegan con ramas encantadas. Y yo les digo basta. Y yo les digo corramos a beber directamente de la fuente. Y ellos ladran como perlas de un collar sin estrenar.

L.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Cuando se ha ido demasiado lejos


Se metió entre los pastos que acababan de brotar. La cabeza no paraba. Podía ver a través de las hojas las marcas dejadas por el tractor. Oía a mi cuerpo que quería irse y tenderse. Pero mi cabeza no le hacía caso. Vi que aquí, al aire libre, era mucho más fácil saber la hora. El sol se estaba yendo. Seguí pensando que alguien me llamaba. Oía su voz y volví a mirar. No había nadie. Me pregunté hasta dónde ir. Exactamente la misma pregunta que me hice antes, cuando nadaba en el océano. ¿A partir de qué lugar empieza a ser peligroso seguir alejándose? Y comprendí que uno se lo pregunta cuando ya empieza a sentir que ha ido demasiado lejos.

domingo, 6 de septiembre de 2009

ESMA


La foto fue tomada en un pabellón de la ex Escuela de Mecánica de la Armada . Los mudos retratos cuelgan del techo y, si hay viento, oscilan levemente. En la Esma fueron torturados, asesinados y olvidados alrededor de cuatro mil hombres y mujeres. Había lugar para cien por vez. Si la cifra era superada los que sobraban eran trasladados hasta el medio del río. Los cuerpos, aún vivos y drogados, eran arrojados desde aviones que luego regresaban a buscar más. Los traslados se producían los miércoles bajo las órdenes del Tigre Acosta, héroe mayor del exterminio. A veces un día no alcanzaba y hacían falta dos traslados por semana. Lo pasado pisado. Los diarios y la tele ya no hablan de esos rostros molestos e inquisitivos. Ahora debemos mirar fijamente hacia adelante. Pero adelante están ellos. Y atrás nosotros sin saber qué decirles.
L.

Más de doscientos posteos


Suspendelviaje ofrece ya 209 posteos que incluyen palabras, música y fotos. Son todos de actualidad y eternidad. Aquí no existen las entradas antiguas. Sólo son salidas modernas, reflexiones sin tiempo, música del alma, bromas, provocaciones, imágenes exclusivas, hipervínculos útiles, dibujos en papel y a mano alzada. Este blog -con 43 seguidores declarados hasta hoy- es un largo camino a recorrer con lindas estaciones para visitar y aún quedarse. Bienvenidos al tren.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Bandera


Habían pasado cinco años y aún así, en el teléfono, reconoció su voz. Ella le preguntó por su padre, su trabajo, su vida. Ninguno de los diálogos que imaginó desde que se fue contenía esas preguntas huecas. Le respondió con frases cortas. Sin sentido. No le importaba lo que hubiera entre uno y otro silencio. Cortó. No sintió nada y eso lo tranquilizó. Una noche después de varias noches soñó que caía por un delgado abismo. Trataba de aferrarse inútilmente a una bufanda roja que alguien le tendía para salvarlo. Se despertó llorando con la garganta seca de tanto gritar. Encendió la luz y su sombra solitaria se proyectó en la pared que alguna vez ocupó otra sombra. Un perfume conocido lo guió hasta el cajón del armario. Encontró lo que buscaba. Se vistió y salió a la calle. Caminó hasta la esquina y colgó la bufanda en la rama de un árbol. Parecía una bandera a media asta.

A.

Discos


Me enamoré de Paula cuando me contó que en su adolescencia había decorado el cuarto con discos de vinilo. No alcanzo a entender cómo llegó a afectarme así una referencia tan oscura y tangencial. Los pegaba en la pared -me dijo-. Uno junto al otro. Le pregunté si eran discos de alguien que escuchara habitualmente. A modo de respuesta sonrió apenas y me habló de asuntos ya olvidados. Mientras lo hacía recogía su pelo para volver a soltarlo con ese gesto absurdo que la caracteriza. Esa noche, creo que era sábado, me quedé pensando en los discos. Me gusta que sean negros, redondos y no tan brillantes como los de ahora. Y que al tacto, sobre la superficie, se perciban círculos en finísimo relieve, una laguna tranquila donde alguien, de pronto, hubiese arrojado una piedra. De paso recordé que al entrar en contacto con la púa los discos antiguos producen un ruido a lluvia muy especial. ¿Fue sábado o domingo? Me cité con ella en un parque y caminamos un rato sin hablar. Luego nos acostamos en el pasto mirando las ramas de un árbol decadente. Y todo fue más o menos así hasta que ella giró en redondo, como un disco, y me besó. Fue entonces cuando Paula describió la curiosa manera que había encontrado para decorar su cuarto adolescente. Después nos despedimos, hicimos promesas difíciles de cumplir y cada cual volvió a su mundo con la idea de darle algún sentido a las horas por llegar. Los discos de Paula siguieron girando en mi cabeza. Y ahí siguen todavía.

L.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Un gato enamorado


Encontré a Grusswillis, mi gato, casi abajo de la rueda de un camión. Lo llevé a casa pero del susto dio un salto y desapareció por tres meses. Volvió flaco, herido, cubierto de cal. Ahora no se mueve del comedor. Le gusta dormir sobre mis libros y, a veces, sobre ejemplares viejos de Le monde diplomatique. Es un felino culto y angustiado. Hace poco inició terapia con un psicogato de los techos. Desde entonces se pavonea hablando de su complejo de castración. A veces ataca y lo hace, según dicen los expertos, porque le faltó amor en la infancia. Yo quiero compensar esa carencia pero es inútil. Hay, sin embargo, ligeros avances. Ya aprendió a comer granos de choclo y aún lentejas. Le gusta Silvio Rodríguez (sobre todo el tema que dice Mi gato azul ayer se me perdió) y pasa horas mirando programas de Animal Chanel. Hace poco se enamoró de una siamesa. Le escribe poemas diciendo que le daría sus siete vidas como prueba. Desde que la conoció -en la terraza de un vecino- casi no duerme, no come y sufre cual Romeo. Yo le digo en su idioma que en amor es más lo que se pierde que lo que se gana. Pero él no escucha. Dibuja un corazón en las piedritas que luego desarma con las uñas. Y, como todo enamorado, espera esperanzado lo imposible.

L.