martes, 6 de abril de 2010

Una relación pornográfica


Aquí se la tradujo como Una relación particular. Pero el nombre original de este imprescindible filme del francés Fréderic Fonteyne es Una relación pornográfica. La película -austera y contundente- se limita a relatar el encuentro de una pareja obsesionada en realizar todos los jueves, en el cuarto de un hotel, una fantasía erótica jamás revelada. Sólo con el tiempo los protagonistas descubrirán que el sexo es alma y que el alma, precisamente, tiende sus trampas. Lo mismo ocurre en otros dos filmes precursores del mencionado. Uno es Último tango en París (de Bertolucci) y el otro es El imperio de los sentidos, la durísima fábula del japonés Nagisa Oshima. En todos sobrevuela la desoladora idea de que el sexo llevado a sus últimas consecuencias acaba destruyendo a los amantes o, al menos, al vínculo amoroso (o como se llame) que deseaban establecer. Por algo se dice que los adictos al sexo son enfermos. Quizás lo sean. Quizás no. El sexo puro es una ilusión. Ninguna relación es pornográfica.
L.

Culo verde


J dice que me deje de joder con las plantitas. Que lo importante es el hombre y sus divinas palabras. E dice que antes de salvar a las ballenas hay que salvar a los niños, a los marginados, a los explotados. Caparrós escribe que la lucha ecológica es conservadora. F dice que para el fin del mundo falta mucho (unos quinientos años, arriesgó), o sea, no es problema nuestro. J agrega que si estoy tan preocupado con el cambio climático que me pinte el culo de verde y me aísle del mundo. Voy a hacerle caso. La destrucción del planeta es demasiado evidente y no quiero ser cómplice. La íntima relación entre el cambio climático y la vida cotidiana de los pueblos ya no se discute. Los hospitales están llenos de víctimas de la contaminación. La desaparición de bosques y selvas ha dejado a millones sin empleo. El boom de la soja en la Argentina está acabando con los suelos por falta de rotación de cultivos. Las Malvinas son argentinas pero muy pronto estarán bajo el agua por el crecimiento del mar. Una vez propuse a mis alumnos de Tea que no usaran bolsas de plástico en el supermercado. Les dije que esas bolsitas demoran seiscientos años en desintegrarse y, mientras lo hacen, envenenan la tierra para siempre. Una alumna casi me come vivo. ¿Cómo llevo lo que compré desde el auto hasta mi casa si no es con bolsas?, preguntó. El 80 por ciento de las madres francesas envenenan a sus hijos al darles de mamar. ¿Por qué? Porque ellas se alimentan con frutas y verduras cultivadas con agrotóxicos. Las bolsas de supermercados y las pilas ayudan a completar el operativo. Esto no interesa en absoluto a la población urbana y moderna. Izquierdas y derechas confluyen en ese punto. Sarah Palin -ex candidata a vice de Estados Unidos por los republicanos- llegó a proponer la eliminación de los osos polares a cambio de instalar gasoductos en la Antártida. Las buenas conciencias de Palermo Hollywood se ríen de los ambientalistas. Dejan prendida la computadora en plena crisis energética. Se quedan media hora bajo la ducha cuando el agua potable tiene los días contados. Y nadie (por supuesto) recicla la basura. Voy a hacer lo que me dice J. Pintarme el culo de verde. Cualquier cosa es mejor que ser un ladrillo más en la pared.
L.

lunes, 5 de abril de 2010

Todos nominados


Taxistas, amas de casa, empleados de callcenter, periodistas, estudiantes de cualquier cosa, médicos, abogados, contadores, docentes, pasantes, blogueros, mozos, historiadores, secretarios. Lo que somos y seremos es resultado de una nominación decretada al nacer. Alguien nos dio nombre y futuro. Nuestros padres, la sociedad, un mandato familiar, la conveniencia económica, el sentido práctico o lo que fuere actúa para que a partir de ser no seamos. Es un esfuerzo especial para que nos convirtamos en eso que justamente no queríamos ser. Rebelarse contra la ley no es fácil. Pensar la vida sin un cielo protector y sin la idea de destino es poner en nuestras manos el timón del barco. ¿Quién está dispuesto a tomarlo? ¿Quiénes se animarán a romper las cadenas? ¿Y hacia dónde ir? Todos fuimos nominados en origen. Poco importa si eso apunta contra la corriente del deseo. Pero aún es tiempo. Somos libres (aún) de navegar sin rumbo y vivir sin causa ni por qué.
L.

Cuba


Como muchos de mi generación crecí bajo el signo de la revolución cubana. Vi en ese acontecimiento histórico la posibilidad de que se afianzara una forma de vida y pensamiento que iba a cambiar de raíz el mundo del egoísmo y la destrucción por otro más digno de ser vivido. Apoyé esa revolución con todas mis fuerzas y hasta pude conocer sus mejores frutos (también sus miserias) a lo largo de cinco viajes sucesivos. Estando en la isla supe de la existencia de problemas graves cuya responsabilidad única no era ni es del ominoso bloqueo estadounidense. Si una mujer debe acostarse con un extranjero para comprarle un antibiótico a su hijo las cosas se hacen difíciles de digerir. Incluso las llamadas conquistas de la revolución (expresadas en una mortalidad infantil más baja que la de Estados Unidos, educación y medicina gratuitas, comida básica asegurada, etcétera) están haciendo agua en la actualidad. Hay dos Cubas. Una brilla en la superficie para los turistas progre que ven solamente lo que quieren ver. Otra (más oscura) se sostiene por caminos que jamás hubiéramos imaginado y aceptado quienes estamos de ese lado. La disidencia crece (también el racismo) y hasta Silvio Rodríguez, artista oficial del régimen, pide cambios urgentes. No comparto las críticas originadas en los enemigos de Cuba. Tampoco los apoyos locales de cierta izquierda a la cual solo le interesa sacar lustre a sus ideales. A los revolucionarios de café les importa poco (para no decir nada) la suerte cotidiana del pueblo cubano. Desde Palermo Soho, leyendo a Cabrera Infante y revisando mails en un bar con wi-fi y aire acondicionado cualquiera es revolucionario. No estoy junto a los combatientes de Puán, el Malba y la Biblioteca Nacional. La solución de Cuba está en las manos del pueblo de la isla. Un blog es un medio limitado y modesto para decir estas cosas. Habría que explicar muchas otras y ser cauteloso. Pero lo ocurrido en los países del antes llamado socialismo real me alertan. No quisiera ser cómplice de quienes se limpian el culo con la sangre de los héroes y los mártires. Ojalá Cuba logre mantener lo mejor de la revolución de enero del ’59. Ojalá los cambios que se vienen (inevitables a esta altura) no vuelvan a convertir a la isla del encanto en un brazo más de Miami Beach, paraíso de millonarios, una versión caribeña y surfista del capitalismo salvaje, brutal e inhumano que todos padecemos. Ojalá que las hojas no destruyan el alma cuando caigan. Y ojala el deseo no se vaya tras de ti.
L.

domingo, 4 de abril de 2010

Amor libre


El amor me libera en el sentido de que puedo dejar de amar. La persona que amo debe dejarme la libertad de poder abandonarla en cualquier momento. Ella (a su vez) es libre de hacer lo mismo cuando lo considere necesario. En esa tensión permanente radica buena parte de la energía erótica de cualquier vínculo amoroso. Si uno no quiere dos no pueden. Esta sencilla verdad resume el drama y la delicia del amor libre. Es imposible amar por obligación.
L.

Fin de la experiencia


A la mayoría de la gente le gusta ver deporte pero no practicarlo. Hay millones de espectadores y apenas unos cuantos jugadores. El mundo está lleno de admiradores y pocos protagonistas. Para comprobarlo es suficiente considerar los grupos de seguidores de cualquier cosa armados en facebook. Lo mismo sucede entre los eruditos. En los perfiles se eligen nombres de escritores, películas, canciones, programas de televisión. Ya nadie experimenta con nada. Los estudiantes de Letras saben mucho de crítica y movimientos literarios pero puestos a escribir no saben ni cómo empezar. A la mayoría le gusta leer diarios para enterarse qué hacen y deshacen los demás. Algunas vecinas del cuarto resuelven su angustia mirando cómo cogen los vecinos del tercero. Hay inflación de espías. ¿Pero cuántos entre ellos hacen algo personal? Es divertido ver películas, recitales y obras de teatro. Uno se vuelve más culto y de paso comparte con otros el orgasmo cultural. Leer es tan cómodo como viajar o visitar museos. La gente más pasiva adora las películas de acción. Las parejas más aburridas se entretienen con videos porno. Me pregunto cómo será vivir nada más que por vivir. O transitar las horas sin esperar que lo de afuera llene la nada interior. Quizás algún día desaparezca el gran campeón para dar lugar al hombre en estado deportivo. Mientras no llegue la hora de la verdad habrá gente dispuesta a evitar el suicidio colectivo. En pocas horas se inicia en Buenos Aires el festival de cine independiente. Luego viene la feria del libro y las vanidades. Y en apenas 67 días empieza el mundial de fútbol. Sólo se trata de saber qué haremos después.
L.

Sin reservas


La reserva ecológica de costanera sur es un milagro de la naturaleza. Tanto que resulta raro que los políticos y empresarios de Buenos Aires no la hayan eliminado aún. Es cierto que intentaron incendiarla muchas veces. Pero el lugar fue enérgicamente defendido por los ambientalistas al punto de integrarlo por ley a la red de parques nacionales. Los bosques de sauces y alisos, las grandes lagunas cubiertas de juncos, totoras y plumerillos, las poblaciones crecientes de patos, cisnes y lagartos (de la variedad overo), las nubes de pájaros y la infinita vegetación flotante ocurrieron porque sí. La participación humana fue mínima y es grande el contraste entre ese espacio maravilloso y los edificios altos, fríos y vidriados que se ven al fondo. Por momentos uno siente que la ciudad avanza peligrosamente sobre la naturaleza que es espontánea y anárquica por definición. Ojalá no suceda. La palabra reserva (incluso) hace pensar que en el futuro sólo quedarán corralitos naturales para curiosos y nostálgicos. Quien quiera ver un ciervo fuera de un zoológico o un auténtico bambú tendrá que preguntar a los guardias en dónde los encerraron y a qué hora termina la visita. La única reserva admisible para la vida es vivir sin reservas. Nunca se sabe. Las ciudades avanzan (advierte el poeta) pero los árboles vencerán.
L.