miércoles, 2 de junio de 2010

El otro cielo


Mi cuento preferido de Cortázar se llama El otro cielo y narra la historia de un hombre dividido entre dos mundos. Uno parece real y está situado en Buenos Aires. El hombre trabaja en la bolsa, alterna con una novia previsible (Irma), convive con gente con la que no puede hablarse de lo que realmente importa. El otro es un mundo paralelo y acaso imaginario situado en el siglo pasado. El héroe está enamorado de una puta encantadora llamada Josiane. Ahí todo es emocionante. Al protagonista le basta entrar de noche por ciertas galerías del centro y mágicamente aparece en París. Transcurrido un tiempo la oscilación se vuelve insostenible. El protagonista se casa con Irma y mira sin ganas las plantas del patio. El relato me gusta porque plantea un problema. ¿Podemos escapar del mundo real? ¿Podemos trasladarnos a París y acostarnos realmente con Josiane? Ni una cosa ni la otra. Podemos (eso sí) construir una escalera individual o colectiva donde al menos una vez por día o por semana bajemos a las galerías como forma secreta de subir al cielo.
L.

Blog sin noticias


Resulta difícil escribir en un blog o donde sea ignorando las noticias. Diez mil tragedias golpean a la puerta. Y lo hacen con una fuerza cada vez mayor. Israel fusila a los tripulantes de un barco humanitario que se dirigía a Gaza, una tormenta causa doscientos muertos en América Central, siete millones de colombianos votan a un candidato mafioso y asesino como futuro presidente, un docente rosarino apunta con un revolver a un alumno para que deje de oír música desde su teléfono movil. El problema es qué hacer con eso. En los diarios hay abundante información y opiniones sobre los temas mencionados y muchos más. ¿Qué podemos decir que no digan otros en infinidad de diarios, radios y canales observados por millones de personas? ¿Qué sentido tendría competir con los medios masivos desde un espacio modesto como éste que es leído por alrededor de cien personas por día? No hay respuesta para esas preguntas. Seguiremos pensando. Mientras tanto continuaremos escribiendo sobre cosas que, naturalmente, no interesan a nadie.
L.

martes, 1 de junio de 2010

Las tres heridas


Vivir no es gratis como se piensa. Cada avance existencial deja una arruga en el alma, un golpe seco, una huella que se sumará a las manchas del tigre que somos. Ya habló el poeta de las tres heridas que nos acompañan desde siempre. La de la vida, la del amor, la de la muerte. Nadie se salva de ninguna de ellas. Quien quiera entrar al mundo tendrá que atravesarlas con valentía y generosidad. Hay que entregarse a la experiencia y dejarse afectar por ella hasta el fin.
L.

Los tres imposibles


No es posible someter totalmente a una persona. Se la puede eliminar o sujetar o acallar un rato. Pero jamás dominarla por completo. Ni en el plano político ni en el moral o el religioso. La ley del deseo puede más. De ese conflicto evidente nace el malestar que nos corroe. Son conocidos los tres imposibles nombrados por Freud al abordar la cuestión. No se puede gobernar ni educar ni psicoanalizar, decía. ¿Por qué? Porque en cualquiera de las tres actividades subyace la intención (consciente o inconsciente) de doblegar lo más propio de cada uno. Dominar, seducir, guiar, liderar, sugestionar. Lo dicho no significa que nada pueda hacerse de bueno en los tres campos. Pero lo que se haga estará por debajo de lo deseado. A nadie le gusta obedecer al amo sea quien sea. Por eso la moral sexual represiva (la que censura los actos y aún los pensamientos) no tiene futuro. Y si funciona potencia aún más la enfermedad individual y colectiva. La dimensión de un proceso no llega ni a la mitad de lo que se espera de él. Toda práctica que tenga la forma del dominio (poder sobre el otro) está destinada al fracaso. Por eso se habla de imposibles. El deseo es incontrolable.
L.

¿Estará ahí todavía?


Abro el diario íntimo de Kafka al azar (página 9/año 1910) y leo una pregunta extraña. ¿Estará ahí el bosque todavía? De inmediato ensaya una respuesta. El bosque todavía estaba. Pero apenas caminé diez pasos me di por vencido. Nuevamente me vi arrastrado por la tediosa conversación. No conforme aún cerró su post de manera deslumbrante. En la oscuridad del bosque, sobre esa tierra húmeda, sólo me guiaba la blancura de su cuello. Cerré el libro y retomé la tediosa conversación de los trabajos y los días.
L.

Casamiento en el bosque


Pensaba que después de la revolución sexual, la pastilla anticonceptiva y el derrumbe de la familia tradicional la idea de hacer fiesta de casamiento con luna de miel y demás se había extinguido. Pero no es así. En rueda de alumnos (al finalizar mi clase de anoche) un chico me anunció que -con su novia- habían resuelto casarse dentro de dos años exactos. El dato me impresionó. ¿Puede mantenerse un plan por tanto tiempo? De paso me enteré que una fiesta de esas cuesta mucho esfuerzo y dinero. Hay que hacer invitaciones y cobrar cien pesos a los invitados, hay que hacer listas de regalos, hay que organizar un viaje de los grandes, un crucero al Caribe o algo así. Otra alumna muy simpática dijo que ella sueña con casarse descalza en una playa, con vestido blanco y cerca del mar. Nada de zapatos aguja, especificó. Otra dijo que le encanta la rutina festiva de comer/bailar/comer/bailar. Una tercera (a la que considero una genia) dijo que ella prefería ahorrar la plata de la fiesta para invertirla en un largo viaje de mochilera por América latina. Yo, para variar, quise distinguirme de la plebe y dije que si me casaba lo haría en un bosque cercano junto a una única invitada. Comeríamos algo tirados en el pasto, beberíamos vino o lo que sea y después (antes de entrar a la carpa para hacer lo que hacen las parejas en la noche de bodas) encenderíamos un fuego junto al lago. Me miraron como si estuviera loco. Y realmente lo estoy. Pero desconfío de las fiestas. Los invitados se emborrachan, la novia le da besos furtivos a un antiguo amor cerca del baño, el novio hace chistes de vestuario con los amigos, los mozos pasan como zombies con bandeja, el dj pone carnaval carioca y se reparten bolsitas con cornetas, serpentina y papel picado. Qué horror. No deja de conmoverme (aún así) la ilusión de mis alumnos. Toda celebración de la vida vale la pena. Pero sigo fiel a mi plan. Voy a casarme en un bosque junto a una única invitada. Y juntos armaremos un fuego gigante que dure, como mínimo, hasta que se vaya la noche.
L.

Caídos del blog


Algunos lectores de Suspendelviaje se cansan y se van. Son como novias infieles. Peces que saltan fuera del agua. No hay forma de saber por qué lo hacen. Un día dejamos de leer sus comentarios y los fans de ayer pasan a la clandestinidad o el abandono. El blog es una estación de tren muy concurrida. Un refugio de montaña hallado en la espesura. Pero muy pronto llega la hora del adiós. Quedamos paraditos en el andén saludando con pañuelo hasta quedar disminuidos por la distancia. Encuentros y despedidas. Novias infieles. Peces que saltan fuera del agua. Habrá que resignarse. El mundo se compone de amores inconstantes. Ya lo dijo Heráclito. Lo frío se calienta. Lo caliente se enfría. Lo húmedo se seca. Lo seco se humedece. Maldito griego. Otro que estuvo y nos dejó.
L.