jueves, 17 de junio de 2010

Viento mundial


Por un instante el relator abandona el estadio (como un pájaro) y se distrae con el aire en movimiento. Sopla fuerte el viento en Johannesburgo (dice) y las trompetas aturden a todos. Los jugadores no se oyen entre sí. Hasta el silbato se diluye. El viento no deja de soplar. En el campo de juego todo es confusión. Los futbolistas renuncian a los planes y piensan con las piernas, con los genitales, con las ganas. Se dejan afectar por la dinámica de lo impensado. No hay destino. El fútbol (como la vida) es una rara combinatoria. El viento, las trompetas, los gritos inaudibles, los goles en contra y a favor, el accidente convertido en ley. Nadie entiende nada. Pero todos corren buscando algo. Si no esperan lo inesperado (decía Heráclito) jamás lo encontrarán. Sopla fuerte el viento en Johannesburgo. Es lo único real en el estadio y en el mundo.
L.

miércoles, 16 de junio de 2010

El fútbol y yo


Faltaban veinte segundos para que terminara el partido. Fredy Rincón apareció de repente y con la izquierda metió un pelotazo que pasó entre las piernas del arquero. Gol. Colombia empató uno a uno con Alemania y alcanzó, por primera y única vez en su historia, la segunda fase de un mundial. Yo estaba en casa con mi familia. Papá sonrió y abrazó a mamá. Fue algo raro en él. Hice una asociación personal. El fútbol había logrado que mi padre saliera de la frialdad habitual y actuara como ser humano. Así empecé a interesarme por el juego. Veía cualquier partido con tal de disfrutar su lado más amable. Tantos encuentros deportivos me trajeron beneficios. Un día un chico que me gustaba desafió mi saber. A ver si eres tan genia, ¿a qué jugador le dicen la saeta rubia? No dudé ni un segundo y respondí con frases cortas y veloces. Alfredo Di Stéfano. Argentino. Jugó en River. Luego en Millonarios. Lo hizo en la época conocida como El Dorado. Pasó al Real Madrid. Fue el mejor jugador de ese club. Gol. Un día después recibí mi primer beso.
Andrea

Elogio de la ironía


Leyendo comentarios al pie del texto referido al suicidio quedé, como se dice, pasmado. Muy pocos lectores entendieron la ironía sangrienta que domina esa reflexión. ¿Hace falta explicar que en Tema resuelto me estaba burlando del insufrible racionalismo de ciertos investigadores? ¿Es necesario aclarar que no creo en ninguna maldita serotonina? ¿Tan difícil es entender que los fenómenos psíquicos son de trámite complejo y que en la mayoría de los casos ignoramos su funcionamiento? En otro posteo reciente se informa que el 85 por ciento del universo está compuesto de materia oscura. Los astrónomos ignoran de qué esta hecha semejante oscuridad. Algo similar podría decirse del inconsciente. Maneja casi todos nuestros actos pero desconocemos los mecanismos que lo mueven. Defiendo el papel sanador de la ironía, la metáfora y el humor en todas sus formas. Un hombre y una mujer que no aceptan el absurdo completo de la vida son potenciales suicidas. Desde el momento en que uno puede reírse de algo empieza la cura. Quizás no fui claro en el post aludido y en tal caso pido disculpas. Pero aún así, amigos, por favor, no maten las entrelíneas de lo que leen en este blog o en cualquier otra parte. Ríanse de ellas y de casi todo lo demás. La vida no tiene sentido. Pero resulta difícil admitirlo sin sentido del humor.
L.

El fútbol y yo II


Cuando era chico mi viejo me llevó a la cancha de Platense. Todo me pareció raro y ajeno. No volví a un estadio hasta que me regalaron una entrada para ver un amistoso internacional. Se hacía en River y fue deslumbrante. Me gustó el clima de salvajismo que reinaba en el lugar. Los hinchas hacían pis contra las paredes y las mujeres observaban con curiosidad e indiferencia. Jugué al fútbol en mi época de militante. Nunca entendí nada. Pero me gustaba correr por la cancha de una punta a la otra y molestar a los delanteros desde la defensa. No tenía idea de cómo armar un juego. Así aprendí a vivir sin estrategias. Admito que me dejo arrastrar un poco por los mundiales. Ya aprendí lo que significa posición adelantada. No sé por qué llaman libre al tiro libre siendo que está lleno de obstáculos. Los que arman la barrera cubren sus genitales con las manos. Parece que el mundo se viene abajo. Después, por lo general, no pasa nada. Mañana temprano estaré viendo el partido como todos. Será una buena oportunidad para tomar mate, distraerme un rato y, lo mejor de todo, ilusionarme con algo. ¿Con qué? Con cualquier cosa.
L.

La prueba


La verdadera prueba de amor viene después. Luego del acto sobreviene el silencio. O no. Tal vez un cigarrillo, comentarios al pasar, el sueño. En el instante posterior se pone en juego toda la relación. Su pasado, presente y futuro. Si había algo más se notará. Si no había también. La verdadera prueba de amor viene después.
L.

martes, 15 de junio de 2010

Lo inmediato



Hay momentos en que debemos ocuparnos del día de hoy. Tenemos que hacerlo por encima de todo y sin pensar demasiado. No digo abolir el recuerdo o ignorar que hay un futuro. Hablo de hundir las raíces en lo inmediato. Hoy no quiero estar lejos de la casa y el árbol, dice el poeta. Hay momentos en que la nostalgia de algo o de alguien nos ahoga. Solamente podrá salvarnos (hoy) el día de hoy.
L.

Antes golpeaban las cartas


Antes golpeaban las cartas. Lo hacían en sobres empujados por el viento. Ahora golpean los mails. Golpean tan duro como las cartas. Pero lo hacen con la blancura filosa del hielo. Y no sé qué es peor.
L.