martes, 6 de diciembre de 2011

Descubrimiento del sexo

Cuenta Clarice Lispector, en  A descoberta do mundo, cómo se le reveló, pasados los trece años, el complejo mundo de la sexualidad. Un día una compañera de la escuela le dijo todo lo que sabía al respecto y la escritora brasileña quedó, como ella misma dice, paralizada. La impresión fue tan grande que se juró a sí misma que nunca se casaría. Pasado el primer impacto, no obstante, todo cambió. En vez de escandalizarme al conocer la manera en que un hombre y una mujer se unen -escribió- pasé a ver el acto como una señal de gran perfección y delicadeza. Lo más sorprendente para Lispector fue comprobar que aún conociendo la cuestión en detalle el misterio principal permaneció intacto. Aunque sepa que de una planta brota una flor sigo sorprendida con los caminos que adopta la naturaleza. El pudor puramente femenino se mantuvo. Pero juro -concluyó Clarice por si no se entendió- que la vida es hermosa.
L.  

Situaciones

Figuras

Recuerdo un juego habitual en las revistas infantiles de otros tiempos. Una página mostraba una serie desordenada de puntos que, al ser unidos entre sí con lápiz o birome, daban paso a una figura inesperada. Podía ser un ciervo, un elefante, la cara de alguien. No era difícil. Apenas había que seguir el caminito señalado por esas marcas parecidas a granos de arena o de cal. Pensé, pienso, en las figuras que armo ahora, hoy, siguiendo una serie bien elegida de puntos negros y por lo general inmutables. Del enlace entre ellos surge la misma y aburrida escena de siempre. Y esa cara, o ese animal, se me vienen encima como espejos o sombras de algo que ya no quiero ser ni por error o accidente. Me pregunté, me pregunto, si no será hora ya de mezclar arbitrariamente el orden de los puntos, o, mejor, de borrarlos a todos, libre de figuras y caminos trazados en el aire con lápiz o birome. Despojarme al fin, digo, de toda imagen cristalizada que me condicione o ahogue. Pienso o pensé en aprender a vivir la vida sin ampararme, como antes o ahora, en dibujos tan mal hechos por la arena de la desgracia.
L.  

lunes, 5 de diciembre de 2011

Bendita

Todo en su lugar


El cuarto ahí -como siempre- inundado de sueños nocturnos. El mar en el mismo sitio que ocupaba el mar. Mucho espacio para que pase el viento en movimiento. Mucho viento para llenar los agujeros en el cielo. No hay barcos. Bajo los pies se tiende una rara alfombra de caracoles destrozados. Andrea los llama conchas, como debe ser, pero aún así le pido que baje la voz. No hay perros en Playa Invierno. Cuando los pescadores lanzan el plomo se van los peces y no queda nadie ya con quien hablar. O sí. Un hombre solo en la cima de un faro. Y una luz tenue que corta en pedazos el día que se aleja.
L.