Una compañera de trabajo, soltera, me cuenta que en estos días se reencontró con un viejo amor. Le pregunté si fue sólo un contacto pasajero o si el reencuentro tenía o tiene perspectivas de continuidad. La chica no sabe pero se adelanta y dice que el elegido "es muy mental" y que ella es "muy corporal". De ahí al escepticismo o la anulación del otro hay un solo paso. Le dije que no se apure a inscribir a su viejo/nuevo amor en el "club mental". Y que tampoco ella se ubique tan velozmente en el "club corporal". Habría que ver y esperar un poco ya que nunca se sabe. Clasificar no es entender.
L.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Tormenta
El rayo gobierno el universo. Lo dijo Heráclito hace 2.500 años. Pero para ver el rayo es preciso sumergirnos en la tempestad del ser. Esto último no suele ser aceptado. El único esfuerzo de la mayoría de la gente, al contrario, está dirigido a ahuyentar la tormenta. Se hace todo lo posible para disparar contra las nubes. Se busca así la calma y de paso evitar la tempestad. Pero esa calma no es calma sino anestesia. Es una droga que alivia el miedo a pensar. La palabra de los pensadores ha perdido autoridad. Para colmo es pobre en imágenes. No se la puede fotografiar con cámaras digitales. No figura en la pantalla del celular. Descansa en una actitud que le quita brillo y embriaguez. Sin embargo el acto de pensar lleva a las acciones y cambia el mundo. Lo cambia llevándolo a la profundidad del pozo oscuro y enigmático del ser. El pozo no gusta a la gente linda. A la gente linda le gusta tirarse bajo el sol en una playa sin pozos. Pero la profundidad de la que se habla exhibe una singularidad. Cuanto más oscura más alta es la claridad que ofrece.
L.
L.
Zonas prohibidas
El amor natural, en portugués debe leerse O amor natural, es un libro de poemas eróticos de Carlos Drummond de Andrade (1902-1987), una especie de Borges pero brasileño. El autor sólo autorizó su publicación luego de su muerte. Eso significa que decidió esconder los poemas carnales hasta que vinieran tiempos mejores. Cuando se publicó el libro molestó a algunas personas acostumbradas al refinado poeta de A rosa do povo. Les sonaron agresivas palabras como pene, vulva, culo y otras aún peores. Creyeron vislumbrar detrás del pacato y sobrio escritor a un viejo sátiro. Pero no es así. Drummond, como tantos, es o ha sido continuador de un asunto, lo sexual, que estuvo ya presente en las primitivas ruinas de Pompeya y hasta en la Biblia que no casualmente empieza por ahí. El amor sigue siendo la palabra esencial. El amor y el cuerpo que lo sostiene. Y aunque lo que pasa en la cama sea un secreto del que ama, así dice uno de los poemas del libro, nunca hubo un misterio más difundido que ese en todos los tiempos y culturas. Buen poeta es aquel que, al revelar sus zonas prohibidas, descubre de paso que pertenece al mundo. O, también, que es apenas uno más en este mundo de raros ensueños.
L.
L.
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