domingo, 2 de diciembre de 2012


Diciembre

Para alguna gente el último mes del año marca algo así como un fin de mundo seguido por el comienzo de otro. Visto así diciembre parece un mes habilitado para enloquecer antes de tiempo, salir de compras en un estado de exaltación, apurar los combates familiares hasta ayer maquillados, hacer balances absurdos en torno al debe y el haber, realizar innumerables muestras artísticas para los amigos, entregarse a depresiones varias, generar fiestas de todo tipo y cenas de despedida (¿a quién se despide exactamente?), incurrir en excesos y otros desmanes colocados a la altura de la fecha. Eso, claro, para alguna gente. Para otros éste es un mes que ni siquiera es un mes. Diciembre no le gana en nada a abril o mayo. Y de ser así las cosas vale más escuchar a Elis Regina cantando Aguas de marzo que atosigarse con villancicos y tarjetas y mails de Feliz Navidad y próspero Año Nuevo. Vivir afuera del tiempo, dar unos pasos al costado, seguir amando la vida en silencio y, de nuevo y nuevamente, esperar enormes cambios en el último minuto.
L.

sábado, 1 de diciembre de 2012


La voluntad

La voluntad de ser esto o aquello no alcanza para que el objetivo se cumpla. El pensamiento positivo, la obligación del optimismo, la terapia de la risa y otros simpáticos recursos de la autoayuda no solucionan nada. Funcionan apenas como eslóganes publicitarios de muy corto alcance. La disposición a hacer cualquier cosa suele nacer en cambio de un deseo genuino. Jamás de un mandato. Menos aún de la presión social o familiar. El deseo tiene sus tiempos y leyes; sus extraños caminos. Pero el día llega tarde o temprano. Llega la hora para todos y eso no depende ya de la voluntad sino de algo misterioso que de pronto asoma y se despliega por dentro y por fuera de una manera asombrosa. Raramente estamos preparados para digerir el gran acontecimiento que se anuncia. Pero de pronto el viento empieza a soplar no se sabe de dónde y nos empuja en una dirección por lo general inesperada que inicialmente hasta genera rechazo. Llevados a semejante situación lo ideal sería dejarse arrastrar y agotar la nueva experiencia por más pobre y limitada que parezca. Sentir es estar distraído, dice o decía el poeta. Y conviene hacerle caso por ejemplo hoy, lunes, un día poblado de raros espejismos.
L.  

Doble vida


Valparaíso vive

En Valparaíso, no muy lejos de Santiago de Chile, nació el golpe militar que con ayuda generosa de Estados Unidos acabó con el sueño de un socialismo democrático y revolucionario en el país trasandino. En Valparaíso vivió Pablo Neruda en estado de exaltación lírica. Los fines de año, en Valparaíso, el pueblo se arremolina en los balcones para ver una salva impresionante de fuegos artificiales. Después hay baile en las calles y amores tan intensos como clandestinos. En Valparaíso hay una multitud de cerros que miran de frente hacia el mar de color azul profundo. Lo miran con respeto porque a veces estalla el vendaval y la llovizna y las olas se encrespan gravemente. En Valparaíso fue compuesta una canción que lleva ese nombre y cuyo autor es el Gitano Rodríguez. Abajo de este post hay una foto que tomó Andrea. Fue hace pocos días en una tarde brumosa. Se ve ahí la gran bahía oceánica en magnífico silencio. Ahí están los barcos esperando turno para entrar al puerto más hermoso de la tierra.
L