Pienso en Niemeyer, el arquitecto luminoso, muerto ayer a los 104 años de edad. Y al pensar en él pienso también en mi amiga Leila Muñiz de Brasilia. Pensar en ella es pensar en la ciudad mágica que soñó ese hombre hasta convertir el desierto del planalto brasileño en un jardín. Pienso en Niemeyer y pienso en la curva, su arma de guerra para alcanzar la paz. La curva, que es femenina por definición, predominó en los diseños urbanos de sus más de quinientas edificaciones en el mundo entero. Pienso además en el amigo de Chico Buarque, del socialismo y la revolución cubana. Pienso en el caballero de la sobria figura que proyectó no sólo casas de gobierno sino barrios populares, puentes, museos, caminos y refugios del pueblo. La salvación no nace de la línea recta sino de la curva. Puede ser, este último, el mensaje principal del arquitecto planetario recién desaparecido o resucitado. Nunca se sabe.
L.
jueves, 6 de diciembre de 2012
Para leer el diario
Para un leer un diario, cualquier diario, hace falta contar con una formación cultural muy profunda y amplia. Casi enciclopédica. En caso contrario no se entenderá bien ninguna información, o se tragarán enormes torrentes de mentiras totales o parciales sin opción a filtrarlas. O, peor, se leerán torrentes de verdades totales o parciales sin opción a digerirlas. Hay que saber también que los fabricantes de noticias son, por lo general, ignorantes con o sin título. Se trata en ocasiones de gente bien intencionada pero excesivamente dispersa, a veces tonta, y muy poco dispuesta a investigar. En este punto el problema se duplica. Si los que informan son ignorantes y los que son informados también lo son el resultado será, por lo menos, preocupante. ¿Cómo entender la actual rebelión egipcia sin conocer la historia reciente de ese país? ¿Y la presente masacre de palestinos sumada a la renovada ocupación territorial israelí? ¿Cómo leer este hecho sin estar al tanto de lo ocurrido en esa región en el año 1967? En ese mismo año, dicho sea de paso, fue asesinado Ernesto Guevara en una escuelita de Bolivia. ¿Puede asimilarse un episodio de esa gravedad sin tener una aproximada visión del mundo de aquellos tiempos? Y en cuanto a la actual situación argentina, ¿puede un lector de diarios siquiera acercarse a ella sepultando el contexto desde el cual venimos, es decir, una dictadura militar y un peronismo neoliberal que, juntos, destruyeron lo que quedaba de país? ¿O un radicalismo igualmente neoliberal que en diciembre de 2001 congeló los ahorros altos o bajos de buena parte de la población? Para leer el diario hay que saber filosofía, psicología, economía, antropología, historia y hasta un esbozo de la teoría sexual. Y, por sobre todo, para leer el diario es imprescindible dejar de leer diarios y cambiarlos, sí, por buenos y nutritivos libros.
L.
L.
miércoles, 5 de diciembre de 2012
Las primeras caminatas
Las primeras caminatas empezaron en el agua. Los peces tenían piernas largas y unos pies de siete u ocho dedos. Fueron los primeros animales que vagaron de la mano por jardines imposibles. No había ruido en esos tiempos. Los caminantes eran peces eléctricos, nubes negras, pájaros sin alas. Navegaban con esfuerzo y hacían pozos en cualquier parte para esconderse. Buscaban algo en el barro y el cielo. También estuvieron aquellos que se aventuraron en tierra firme. Eran anfibios cuya doble vida es conocida. Tenían ojos en vez de aletas y empezaron a poner huevos como las gallinas en el fondo del mar. Ellos querían solamente respirar. Tenían que hacerlo hasta cuando dormían. Uno volvió al agua cuando se cansó del mundo de lo sólido. Nadie sabe el motivo del inesperado regreso a un medio tan inconveniente. Algo parecido le pasó al dragón de Comodo, increíble carnívoro y depredador que volvió al océano esperando allí -inútilmente- la solución a todos sus problemas.
L.
L.
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