viernes, 4 de enero de 2013


Conocer al otro

¿Es posible conocer al otro profundamente? Pienso en una pareja con muchos años de convivencia. ¿Quieren sus integrantes realmente conocerse a fondo? ¿No será que en realidad prefieren no saber del todo quién es ese otro o esa otra que dicen conocer de sobra? ¿Acaso no existe el riesgo de que ese conocimiento profundo e inaudito acabe con la pareja que tanto costó formar y consolidar? Admitamos que nos asusta saber lo que pasa en el interior de la otra persona. Tememos al núcleo misterioso, instintivo, salvaje, sexualmente chato o desenfrenado, por momentos demente o cruel, acaso bestial o fríamente distante. Quizás convenga combatir ese miedo. Evitar la tentación de atrincherarnos adentro de nosotros mismos. ¿Para qué seguir fingiendo? Sólo puede amarse lo que se conoce, es decir, lo que se ha probado hasta rozar el límite de la obscenidad.
L.

Colores/calores


Acerca de los viajes

Una joven de la antigua China había resuelto iniciar un largo viaje. Se propuso hacer algo productivo con la monotonía de sus días. Comunicó la decisión a su maestro, un hombre sabio y prudente como todos los chinos. El anciano reaccionó con acritud. ¿Cómo puedes salir de viaje si los tres reinos del país aún no se han unido?, objetó con fastidio. La joven de la antigua China era, como suele decirse, una mujer simple y sin mayores pretensiones. Consideraba con razón que la unión o desunión de aquellos reinos era algo que estaba fuera de su alcance. Cuando así se lo hizo saber al viejo sabio éste se mostró visiblemente molesto. La unión de esos tres reinos es en efecto un objetivo remoto, dijo. Pero más remota que un objetivo remoto es la carencia de objetivo. Tu viaje no tiene objetivo.
L.

Un día especial


Trató de ocultar la fecha de todos los modos posibles. Con la lengua la borró de una pared. Con palabras de gato distrajo a todos los que preguntaron. Hoy Grusswillis cumple años y no quiere que nadie lo sepa. Como siempre espera una señal de la siamesa en combate, la del Putumayo, pero es escéptico en eso y en lo demás. Mi gato detesta los mensajes de saludo, la vulgaridad habitual, la emoción fingida de los gatos de los techos. Prefiere el silencio del mar o una buena dosis de alimento balanceado. Cualquier cosa es mejor, suele decir para los que entienden su idioma retorcido y afilado como las uñas de batalla. Para hoy Grusswillis no tiene planes. Andará seguramente por la casa vacía, estará atento a los ruidos, se parará, se sentará, volverá a pararse, se lamerá una pata y caminará unos metros por el pasillo estrecho. De pronto verá a una polilla o a una mariposa y recordará sus tiempos de cazador. Pero hoy no quiere hacerle daño a nadie. Lo primero es no dañar, le sugirió hace años el psicogato del barrio que por algo es médico y sabe de juramentos hipocráticos e hipócritas. Mi gato suele ponerse tenso en días como éste. No sería raro que trate de matarse arrojándose desde la silla hasta el suelo. Pero alguien le habló de las siete vidas de los gatos y a él, lo sabe, le quedan cinco. Y si bien no es dado a la lectura Grusswillis aprovechará su elegido aislamiento para volver a sus poetas más amados, entre ellos un felino ya olvidado que algunos conocen como Fernando Pessoa y Soares. Ese autor era raro. Llegó a desdoblarse en sesenta gatos distintos. Hay dos versos adecuados a la fecha que descubrió en la noche de ayer. Esa que mi gato llama la previa. En los tiempos en que festejaban mi cumpleaños/ Yo era feliz y nadie estaba muerto. Con eso le bastará para seguir sumido en su vida oriental. Volverá a estirarse en el suelo cuan largo es, y, en vez de matarse como llegó a pensar en los años sombríos, esperará a la reina de sus sueños. Ahora y siempre.
L.  

jueves, 3 de enero de 2013

Estar y no estar


Siento a veces que estoy y no estoy. Es difícil de explicar. Como si estuviera muerto y vivo a la vez. Como si me entregara a la experiencia pero casi, es decir, no totalmente. ¿Eso le suma o le resta a la experiencia vivida como protagonista y espectador a la vez? Se lo pregunté a mi analista esta mañana y su comentario fue drástico. Todo es no todo, dijo citando a Lacan. Una persona es y no es al mismo tiempo. Estamos y no estamos en un lugar. Somos y no somos. Nos bañamos y no nos bañamos en el mismo río, añadiría Heráclito si pudiera. Y si vivimos así, en ese raro juego de espejos, se debe, entre otros motivos, a que no existe otro modo de vivir.
L.