En yoga hay algo llamado posturas invertidas. No son fáciles de describir pero lo voy a intentar. Hay una especie de lazo que uno debe colocarse en la cintura a la manera de una faja. Un pie va a la pared. Después el otro. Las piernas entran dentro del lazo y se apoyan en el muro dibujando un rombo o algo así. El tronco y la cabeza y los brazos caen hacia abajo y el cuerpo entero queda como pegado a la pared. Pude hacerla por primera vez la semana pasada y volví a hacerla hoy, siempre con miedo de caer y morir con el cuello partido. Eso no ocurrió aún. Pero vi el mundo desde abajo. Invertido. Dado vuelta todo, es decir, al revés, como debería estar el mundo, quizás, para no ser lo que es. Pero en yoga, claro, todo es más fácil. Y asoma Buda entre las grietas. Buda o como se llame.
L.
miércoles, 9 de enero de 2013
El arte de contar
La narración es una actividad natural o casi. No hace falta ser escritor para hacerlo bien. Ni siquiera es necesario poseer una educación especial. Viejitos de pueblos olvidados suelen narrar mejor que algunos graduados en la facultad de Letras. Algo parecido podría decirse de mujeres de barrio, campesinos, obreros y hasta chicos sin formación. A narrar no se aprende en la escuela. Es una especie de saber secreto que se practica de manera espontánea. Eso sí. Hay gente que tiene más condiciones que otra. Por lo general es aquella que si se pone a contar algo personal consigue darle al relato un alcance universal, es decir, que no sólo interese al narrador. Quedaría, como siempre, la pregunta por el sentido. ¿Sirve de algo el arte de contar? Podríamos decir que no a menos que consideremos la idea iluminadora de Franz Kafka, ya citada en este blog, según la cual la escritura es más pobre pero más clara que la vida.
L.
L.
Gente ocupada
La mayoría de la gente que me rodea da ocupado. Llamo y llamo pero es inútil. Todos o casi todos están metidos hasta los pelos en tareas de primerísima importancia. La consigna de guerra es no perder el tiempo en lluvias, pájaros, besos lentos o fugaces, lecturas, perros, lunas, pensamientos. Y cumplen con eso a rajatabla. Por eso no responden el teléfono. Tampoco los mails o los simples pedidos de ayuda que llegan desde la esquina. Ni siquiera dejan pasar a las ambulancias en la desesperación de llegar primeros. ¿Llegar primero adónde? ¿Para recibir qué premio al final de la carrera? ¿En nombre de qué mañana fabuloso sacrifican tan pero tan ocupados el día de hoy? Si acaso pensaran que este día es la única riqueza alcanzable lo pensarían un poco. Pero dan ocupado. Van a reuniones con gente VIP. No están, como se dice, para nadie nada nunca. Y, claro, así les va.
L.
martes, 8 de enero de 2013
Moneditas
Hay gente que no se entrega ni física ni espiritualmente. No se entrega en ninguno de los sentidos imaginables. Como esas mujeres que guardan monedas en un bolsillo secreto de la cartera o el pantalón. Como esos hombres que hacen sumas y restas, especulan, se aprovechan, ahorran pasiones a cambio del oro amasado en poluciones nocturnas. Hombres y mujeres dados a la mezquindad en todas y cada una de sus formas. Gente que esconde billetes para gastarlos algún día. O que se reserva para una fiesta negra o blanca que jamás se produce. Hay goce en ese acto. Se lo disfruta casi tanto como un orgasmo. Pero el tiempo pasa sin ser percibido por esos pobres inocentes. Y la noche del tiempo los encuentra solos, aplastados, ya dormidos sobre el tesoro inútilmente acumulado.
L.
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