domingo, 3 de febrero de 2013

Dos estrellas


Utopía

¿Adónde fueron a parar las promesas de igualdad, solidaridad, justicia, cuidado del planeta, de la naturaleza, de la vida? La palabra utopía parece marcada por la infamia. Más bien se convirtió en sinónimo de aplastamiento del hombre por el hombre mismo. Las revoluciones fueron traicionadas y los intentos de cambiar el mundo se han frustrado o desfigurado. La inmensa máquina de esclavización y muerte no deja de funcionar en todos los aspectos y en casi todos los rincones de la Tierra. El trabajo y la infancia, el amor, la vida, la razón, los sueños, el arte. Todo está en peligro. La humanidad y su entorno penden de un hilo. Hombres y mujeres se ven amenazados a diario por la degradación social. Desocupados, miserables, apenas asistidos si tienen suerte. Vivimos la etapa de la contrarrevolución permanente. Por el contrario parece imponerse la  tendencia a la resignación, al cinismo, al realismo financiero consagrado como única verdad. Quizás esté llegando la hora de retomar la memoria de tantas luchas heroicas y fraternas, la fidelidad ética y política, la renovada costumbre de la amistad y la acción que rescate al ser del parecer y nos devuelva la hermandad perdida. Los expulsados del paraíso siguen inventándose un origen que acaso nunca existió. 
L.

sábado, 2 de febrero de 2013


Elogio del absurdo

Paula me cuenta sus sueños al despertar. No recuerda todo sino brevísimas escenas. Anoche soñó con caballos negros. Anteanoche subía una escalera junto a sus hermanas. El pasillo era tan estrecho que una de las mujeres no podía pasar y quedó abajo como si no quisiera participar del ejercicio. También le cuento mis sueños a Paula al despertar. Después jugamos a las interpretaciones y llegamos siempre a la misma conclusión. No hay lógica alguna en lo soñado pero tampoco tiene sentido lo que hacemos cuando estamos despiertos. No sabemos siquiera por qué nos levantamos, por qué hacemos planes, para quién escribimos cuando escribimos. ¿Cuál es el sentido de este posteo? ¿Para qué amamos? ¿Por qué seguimos esperando un milagro que jamás va a producirse? 
L.

Danza libre



Yo, yo y yo

Dicen en los ambientes literarios que está de moda la literatura del yo, las autobiografías, los autoanálisis, el autoerotismo y la autoexigencia. Parece que lo único importante es la autoevaluación constante, el yo mismo, lo que le pasa al autor, sus experiencias vitales o cuasi mortales, los vaivenes de la sexualidad propia, las angustias, las alegrías, sus frustraciones, sus viajes de vacaciones, sus aventuras, sus compras en el mercado, sus amores y las miserias a veces disfrazadas de triunfos. Yo, yo y nada más que yo. Mundo interior. Ropa interior. Intimidades al sol, previsibles manchas en las sábanas y cosas así. La supuesta moda se torna especialmente evidente en los blogs, en las redes sociales, en las conversaciones por teléfonos móviles que se oyen en los transportes públicos. Todo el mundo monologa aún frente a los otros. Los otros, así sean fantasmas del yo, carecen por completo de sentido. Las historias que no involucran al yo mismo carecen de interés. Suponiendo que así son las cosas hay una serie de problemas sin resolver como por ejemplo la calidad de la escritura, la profundidad, la capacidad de mirarse el ombligo con alguna perspectiva, la conciencia terrible de que no siempre lo que me pasa a mí es valioso o interesante para los demás. Los que siguen la moda deberían saber como Rimbaud que yo es otro. Siempre. Y que algo del otro se aloja en el yo. Y que lo único que define a la buena literatura es justamente eso. Que sea buena. 
Todo lo demás, el yo incluido, carece de importancia.
L.