domingo, 7 de abril de 2013
Deleuze, preguntas, problemas
Deleuze, a quien escuché ayer por televisión en un diálogo imperdible, critica la frivolidad de las entrevistas periodísticas que solemos leer en el diario o ver por televisión. Dice el filósofo ya desaparecido que los periodistas se limitan a hacer lo que llama interrogaciones. Deleuze distingue interrogaciones de preguntas que planteen verdaderos problemas. Y por si alguien no entendió ejemplifica. Preguntarle a alguien si cree en Dios carece de toda importancia. Preguntar en cambio si es más fácil vivir sin fe en un dios que siendo creyente, bueno, ahí sí tenemos una pregunta interesante o, para decirlo con palabras de Deleuze, un problema interesante. Pero no es esta última línea la que impera en los medios, ya sean de derecha o de izquierda. Predominan en cambio las interrogaciones que Deleuze desprecia con razón. Nadie quiere problemas. Todos, o casi todos, prefieren la obviedad de las respuestas esperables y que no molestan, como se dice, a nadie.
L.
L.
sábado, 6 de abril de 2013
Elogio del enigma
Decimos que la vida no tiene sentido, que todo es absurdo, una farsa, que los días parecen un cuento narrado por un idiota. Aún aceptando la probable validez de esas metáforas la visión del mundo que de ellas se desprende no nos ayuda en absoluto. Al contrario. Nos aleja de cualquier posibilidad de entendimiento o acción específica. Algo puede hacerse sin embargo. Alcanzaría con cambiar las palabras absurdo, farsa o sinsentido por la palabra enigma. Alcanzaría dibujar en un papel una X gigante, como en la matemática, que nos convoque no a la pasividad sino a descifrar el misterio de la existencia así sea en parte. Ese trabajo de investigación y búsqueda nos dará alivio y nos acercará al menos a verdades parciales. El nihilismo extremo, en cambio, va llenarnos de resentimiento y nos dejará sin sentimientos.
L.
viernes, 5 de abril de 2013
No es sin eso
Ninguna de las cosas que hacemos se realiza totalmente. O se realiza en una parte mínima en relación a lo esperado. No importa de qué se trate la cuestión. Amor, carrera universitaria, carrera de obstáculos, adicción, sexo, trabajo, droga, viaje, etcétera. Nada cristaliza como lo desearíamos. De semejante incompletud podríamos sacar una conclusión errada. Preguntarnos por ejemplo para qué hacer algo que desde el vamos está destinado al fracaso. Sería, en efecto, una conclusión fallida. Para sostenerse y ser lo que es, la vida requiere de señuelos pasajeros y parciales. Los necesita como el aire aún sabiendo que no son ni serán el aire y que, finalmente, van a estallar como pompas de jabón. Se atribuye a Lacan haber desatado la madeja aquí expuesta con sólo cuatro palabras. No es sin eso. La vida no es nada sin eso que ni siquiera alivia un dolor de cabeza.
L.
jueves, 4 de abril de 2013
Creer en nada
La tentación de no creer en nada ni en nadie. No es difícil caer en ella porque todo parece apuntar en esa dirección. El mundo se cae, los malos ganan al final de todas las películas, los buenos resultan sospechosos de estafa reiterada. La tentación de desconfiar está muy alentada por los que saben. El consejo es imbatible. No confiar en nada ni en nadie. Tomar distancia. Encerrarse. Alejarse de la gente tóxica y, de paso, de la no tóxica. Cada chancho a su rancho, dice el lugar común y el público aplaude a rabiar. Debe admitirse que por momentos uno se inclina a adoptar esa filosofía congelada. En la misma línea entrarían también el amor, el futuro, el arte y hasta los sueños en voz alta. ¿Nueva noción de realidad? ¿Inteligencia? ¿Pesimismo convertido en nuevo credo? Nunca se sabe. Hay un lindo poema de Machado donde el autor habla de esa segunda inocencia que da en no creer en nada. Si es inocencia no es conciencia. Y menos aún inteligencia. Habrá que revisar la idea con cuidado. Hasta las moscas confían en las bondades del terrón de azúcar. Y hasta las hormigas trabajan para cambiar el eje de la Tierra.
L.
miércoles, 3 de abril de 2013
Corea
Sé muy poco de Corea. Tan poco que me da pudor hablar de ese país. Sé que Corea está partida en dos. Sé que al norte hay un régimen autodenominado comunista. Sé que Corea del Sur es un país aliado de los Estados Unidos con el cual, ahora, están haciendo juegos de guerra, ensayos en el mar o como se llame a eso. Y todo con buques dotados de decenas de misiles nucleares de verdad. Sé también que a modo de autodefensa o como retórica o como simple provocación el régimen imperante en el norte habla con insistencia de una posible guerra nuclear. Sé que Estados Unidos toma en serio la amenaza pero no tanto. Un vocero de Obama ha dicho hace poco que en Corea del Norte no se observan movimientos bélicos considerables. Aún así basta pensar que en pleno siglo XXI esté planteada la posibilidad de un enfrentamiento nuclear para admitir que los mayas tenían razón. El fin del mundo está cerca. Vi hermosas películas coreanas últimamente. Casi todas las de Kim-ki-duc, otras muy buenas también como La esposa de buen abogado, en fin, lindísimas películas que hablan de una vida posible en paz y armonía y amor. No sé por qué me afecta tanto la situación de creciente conflicto entre las dos Coreas. Pienso que debería existir una sola Corea, un solo mundo, una sola humanidad dispuesta a proteger el planeta del suicidio elegido y casi inminente. Pero veo que las cosas no son así y me siento, lo admito, el rey de los imbéciles.
L.
martes, 2 de abril de 2013
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