Cualquiera que piense algo está mal visto. De inmediato se dice que es un amargado, o, peor, un imbécil que se cree no sé qué. ¿Borges es complicado? Entonces no lo leo. ¿A Lacan no se le entiende? Entonces leo a Paulo Coelho que es clarísimo. ¿Freud descubre el inconsciente y habla de sexo? Entonces chau psicoanálisis. Esto no es de ahora. Hace poco menos de tres mil años vivió Heráclito de Efeso, un filósofo presocrático. Que nadie se asuste. No voy a hablar de filosofía ni de nada que haga pensar ni siquiera un poco. Esto es un blog y la función de los blogs es divertir a la gente. Aun así voy a decir algo. A Heráclito se lo conocía como el oscuro. ¿Por qué? Porque hablaba mediante parábolas no siempre comprensibles. El oscuro. Pero, qué pena, todo verdadero pensador se caracteriza precisamente por su oscuridad. Por no ser claro. El tema da para más. Cicerón opinaba que Heráclito se hacía el difícil para mandarse la parte. Hegel no se quedó atrás. Dijo que Heráclito tenía un estilo descuidado y que usaba un lenguaje primitivo. Como sea. Yo, al menos, soy heraclíteo, es decir, un modesto pero ferviente seguidor del oscuro. No voy a decir por qué. No vaya a ser que sea expulsado para siempre del mundo feliz. O quemado vivo como le pasó, justamente por pensar algo, a Giordano Bruno, un pobre infeliz.
L.
lunes, 13 de enero de 2014
No es sin sombra
Entre nosotros la sombra tiene mala prensa. Nadie la quiere y es observada con horror. Occidente en su conjunto considera que el mayor aliado de la belleza es la luz. Diferente es lo que ocurre en Japón donde el enigma de la sombra es bienvenido. A tal punto es así que cuando alguien busca vivienda, por ejemplo en Kyoto, se asegura de que tenga zonas de sombra o contraluz donde sea posible descansar. El tema está bien desarrollado en un muy recomendable libro de Tanizaki titulado Elogio de la sombra. En Japón la oscuridad contribuye a establecer lazos de amor indestructibles. Ya sea en un cuerpo, una piedra o una pared la supresión de los efectos sombríos es allá un atentado a la estética. Es por eso que los japoneses no experimentan ninguna repulsión hacia la oscuro. Al contrario. Gozan de las tinieblas y observan en ellas una belleza particular. La luz, en cambio, es pobre y deprimente. Como el ruido y como todo aquello que la gente de por aquí encuentra divertido. Tanizaki admite que el Japón de hoy está siendo ganado por la cultura occidental. Las sombras poco a poco se disipan también ahí. Queda sin embargo la vía artística. Oscurecer las frases y los cuadros. Hundir en la sombra lo que resulta demasiado visible o evidente. Escribir, pintar y hasta sacar fotos sin adornos y sin buscar la fama. ¿Será eso posible?
L.
L.
domingo, 12 de enero de 2014
No es sin eso
Escribir para no perderse en lo cotidiano. Leí esto en un libro lleno de frases tan perfectas como inútiles vinculadas a los motivos diversos que podrían llevar a alguien a escribir, a cantar, a pintar o a bailar. Digo inútiles porque las frases no sirven para nada. La idea propuesta, sin embargo, no es mala. No lo es siempre que se tenga en cuenta que sin lo cotidiano no hay vida. Hablo de lo común, lo de todos los días, las tareas que demanda la vida práctica para hacer posible la vida no práctica. Dicho de otro modo. No hay más allá sin más acá. No hay lo alto sin lo bajo. No hay lo puro sin lo impuro. El tema da para más. Podría añadirse que nada de lo que hacemos se realiza totalmente sino en una pequeña parte. De esa carencia podríamos sacar una conclusión errada y preguntarnos para qué hacer algo que en definitiva está destinado al fracaso. Pero la existencia requiere esos señuelos, es una forma de llamarlos, por más efímeros, engañosos e incompletos que resulten. Lacan, el continuador de Freud, desató el nudo aquí expuesto con sólo cuatro palabras ya clásicas. No es sin eso. Por si no se entendió. No hay vida trascendente sin vida intrascendente. Pero lo cotidiano solo no alcanza. Por eso escribimos, por eso soñamos, por eso amamos.
L.
sábado, 11 de enero de 2014
Por la vuelta I
No pude sostener mi decisión de abandonar este espacio. ¿Por qué? Imposible saberlo. Debe ser una mezcla de falta de carácter, poca seriedad, abandono de las ideas que hasta hoy me sostenían. Podría decir que 2014 no es igual a 2013. O destacar la importancia de volver a empezar sobre nuevas bases. Pero para qué engañar o engañarme. Acá importa una sola cosa y es que no pude mantener una decisión que parecía firme y bien fundamentada. Vamos a ver. Vamos a pensar. Había resuelto poner fin al blog luego de afrontar una serie de situaciones tan increíbles como absurdas. No voy a ocuparme de eso ahora. Vendrán nuevos rostros. Vendrán nuevos días. También lo advierte el apóstol Pablo en una carta a los corintios que suele ser leída en los casamientos. Antes veíamos como en un espejo. Confusamente. Mañana veremos cara a cara. Será cuestión de esperar, o, como dice Pavese, apretar los dientes y callar. Vamos a ver. Vamos a pensar. Este blog ha intentado siempre acercarse a la verdad. No a toda la verdad porque tal cosa no existe. Hablo de certidumbres parciales y accesibles. Pero seamos honestos. En días como éstos las verdades grandes o pequeñas no convencen a nadie. Este posteo se está haciendo demasiado largo y aburrido. Además no se entiende. Vamos entonces a dejarlo en suspenso. Hay algo cierto sin embargo. Vendrán nuevos rostros. Vendrán nuevos días. Veré salir el sol cuando sale el sol. Veré caer la lluvia cuando llueve.
L.
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