viernes, 7 de marzo de 2014
No hay error I
Suponemos a veces que en el pasado cometimos un error inicial. Atribuimos a esa falla todas las que siguieron. Un mensaje mal escrito determinó el alejamiento de alguien que amábamos. Eso nos molestó y entonces insistimos de manera doblemente errónea. La destinataria del mensaje hizo un viaje al exterior. Lo interpretamos como un alejamiento relacionado con nuestro mensaje erróneo. Decidimos entonces bombardearla con nuevos llamados por escrito y por teléfono. Una enfermedad nos alejó por un tiempo de la contienda. Atribuimos a esa dolencia la culpa por enfriar más las cosas. Y luego una mudanza, un vaso quebrado, el perro que ladró a destiempo, una lluvia inesperada. Y finalmente otra persona que surgió en escena. A continuación escribimos un último mail aún más torpe que los anteriores. La cadena expuesta es un perfecto ejemplo de neurosis paranoica. La teoría del error inicial es un error inicial.
L.
No hay error II
No hay errores en la vida. No nos equivocamos en nada. Hay apenas experiencias que pueden ser digeridas o no. Aprendidas o no. Experimentadas o dejadas de lado. Ahí está el centro del problema a resolver. Entregarse a la experiencia y no calificarla ni de acierto ni de error. Además nada fracasa tanto como el éxito. Ni vencedores ni vencidos. Si no ponemos en acto las cosas que no sabemos jamás aprenderemos. Conclusión. Salvarse por el riesgo.
L.
jueves, 6 de marzo de 2014
Flores del mal
Los muertos no pueden defenderse de los biógrafos, crueles y sabios cazadores que llegan después. Veamos si no el caso de Charles Baudelaire (1821-1867), ilustre entre los ilustres y desconocido entre los desconocidos. El autor de Las flores del mal, el fundador de la poesía moderna, padeció, al día siguiente de su muerte, las acusaciones más descabelladas. De pronto fue mujeriego, pornógrafo, libertino, drogón y mucho más. Ya es tiempo de poner las cosas en su sitio. El poeta vivió catorce años con la misma mujer, la célebre venus negra de la leyenda que ni siquiera era negra sino morena y clara. Y cuando esta mujer notable por su belleza enfermó y envejeció prematuramente, Baudelaire siguió ocupándose de ella hasta el último instante. Podría añadirse que al margen de la larga convivencia con venus, llamada en rigor Juana Duval, más un amor platónico, es decir, sin sexo, con una señora tímida y enamoradiza conocida como Sabatier, no existieron más episodios importantes en la vida sentimental del poeta. A estos dos casos se reduce el terrible libertinaje que todavía hace estremecer de horror o entusiasmo a los biógrafos. Como decía o diría Shakespeare...un solo grano de impureza hará de su noble sustancia motivo de escándalo.
L.
Vida interior II
No hablamos de todo con todos. Hacerlo sería un error o una estupidez. Elegimos entonces al interlocutor adecuado. Y ni siquiera a esa persona le contamos todo lo que pensamos, soñamos o sentimos. Nadie nos puede obligar a la confesión total. O a decir toda la verdad. ¿Acaso existe semejante cosa? No existe. Hay verdades parciales que sólo compartimos con dos o tres personas dignas de escucharlas con atención. Con los demás ya se sabe. ¿Qué tal, cómo va todo, te fue bien en el verano, hubo lindo tiempo? Con eso bastará y sobrará. Las otras cosas, las que importan, sólo se comparten con la gente que importa. ¿Por qué? Porque no hablamos de todo con todos. Así como no compartimos la ropa interior mucho menos compartiremos la vida interior. Intimidad. No traicionarla nunca.
L.
L.
miércoles, 5 de marzo de 2014
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