Quizás la muerte existe para que podamos olvidarla. O para no recordar tanto y a tantos. O para vaciarnos un poco de esa vida que se mete hasta en lo más oculto y secreto de la ropa interior. En México, Bolivia, Guatemala, el norte argentino y otros lugares no hay una visión trágica o fatalista del asunto. Al contrario. La gente va en masa a los cementerios con comida, flores, bandas musicales, ropas de domingo, velas. Los muertos amados son homenajeados con escaleras de pan por las cuales pueden volver, al menos un rato, a las bebidas que apreciaban, a los colores y calores del amor, a las canciones tiernas y eternas. En los cementerios de Tilcara y otros pueblos y ciudades de la quebrada de Humahuaca hoy, día de los muertos, hay fiesta en los túmulos. Familias enteras usan tumbas y lápidas como mesas y ahí almuerzan, ríen, evocan y también olvidan para no recordar tanto y a tantos. Nadie está a salvo. Para todos tiene la muerte una mirada. Pero tampoco es posible caminar sin decanso entre calaveras y huesitos. Hace falta de tanto en tanto perdernos un poco de la muerte observada como amante esquiva, y llenarnos de flores así sean leves y efímeras, así sea para olerlas un poco antes de que, como todo, también ellas se marchiten.
L.
domingo, 2 de noviembre de 2014
Lo principal I
Un cuento, un poema, una obra dramática o un cuadro no pueden componerse apenas de eso que algunos llaman lo profundo. Lo puramente esencial aburre, le da un tono solemne al conjunto, parece más un discurso escolar o político que una apuesta artística o vital. Y además, ¿quién nos asegura la esencialidad de algo? Heráclito, el filósofo griego, hablaba pero además orinaba, jugaba a los dados, caminaba junto a las cabras en las montañas del Asia Menor. De Shakespeare se dice que era mujeriego y burlón. Enormísimos escritores como por ejemplo Henry Miller aconsejaban a los autores nóveles escribir con cierta disciplina pero a la vez no olvidar salir de vez en cuando, tomar algo con los amigos en un bar, hablar, en fin, de cualquier cosa. Demasiada solemnidad cansa casi tanto como la pura estupidez. Lo más profundo a veces es la piel.
L.
L.
Lo principal II
No todo lo que consideramos principal es principal. Hay detalles laterales, accidentales casi, que en un momento u otro dejan de ser menores o desechables para ser mayores, es decir, principales. Pero tampoco la vida, o su reflejo artístico, se compone de elementos esenciales o importantes y de elementos triviales o no relevantes. Lo que importa siempre es el conjunto. Y por conjunto entendemos la suma o la reunión de un sinfín de factores cuyo valor irá rotando sucesivamente en el contexto. En conclusión. Ni solamente lo alto ni solamente lo bajo ni solamente lo del medio. El punto es la mezcla.
L.
L.
sábado, 1 de noviembre de 2014
Lo principal III
Lo principal no puede decirse. No puede decirse ya sea por pudor, por miedo, por lealtad, por prejuicio, por respeto a los otros, por piedad o por un principio básico de autoprotección. Las palabras además son insuficientes para nombrar ciertas cosas y rosas. Lo principal está vedado y es indecible como la muerte y el amor. Entonces damos rodeos, usamos metáforas, hablamos de más o de menos, citamos a autores inspirados. Pero es inútil. Lo principal no puede decirse. Aprendamos a vivir con esa imposibilidad y con todas las demás.
L.
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