Miedo a ver policías frente mi casa. Miedo a quedarme dormido en la noche. Miedo a no poder dormir. Miedo a que el pasado regrese. Miedo a que el presente comience a volar. Miedo al teléfono que suena en el silencio de la noche muerta. Miedo a las tormentas eléctricas. Miedo a la empleada que tiene una cicatriz en la mejilla. Miedo a los perros aunque me digan que no muerden. ¡Miedo a la ansiedad! Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto. Miedo a quedarme sin plata. Miedo a tener mucho aunque sea difícil de creer. Miedo a los perfiles psicológicos. Miedo a llegar tarde y hacerlo antes que cualquiera. Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre. Miedo a verlos morir antes que yo y sentirme culpable. Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez y la mía. Miedo a la confusión. Miedo a que este día termine con una nota triste. Miedo a despertar y no encontrarte, Andrea. Miedo a no amar y miedo a amar demasiado. Miedo a que mi amor sea letal para aquellos que amo. Miedo a la muerte. Miedo a vivir mucho tiempo. Miedo a la muerte. Ya dije eso.
Poema del escritor estadounidense Raymond Carver (1939-1988)/ Solo una palabra no figura en la versión original.
lunes, 31 de agosto de 2009
Por qué escribo
Escribir es para mí un acto amoroso que me produce placer. Escribo para mi vicio. Para mi dulce condenación. No me importa que se publique o no lo que estoy escribiendo. Eso no depende de mí. Tampoco tendría interés en escribir si supiera de antemano lo que va a pasar en mis obras. Lo único que importa es hacer una cosa detrás de la otra, sin interés, sin sentido, como si algún otro me pagara para hacerlas y yo me limitara a cumplir despreocupado del resultado final. Una cosa y otra cosa, ajenas, sin que importe que salgan bien o mal o qué diablos quieren decir. Escribir es muhco mejor que tocar madera o hacerse bendecir. Cuando la desgracia sabe y se siente inútil empieza a secarse, se desprende y por fin cae.
Respuesta brindada por el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994) a una encuesta del diario francés Libération. La consulta, realizada en 1985, fue reproducida años después por la desaparecida revista Babel.
domingo, 30 de agosto de 2009
Domingo a domingo
Sólo nos queda mirar la luz de la luciérnaga,
ese último chispazo de la hoguera del verano
flotando en el silencio del bosque.
Miremos la luz de la luciérnaga:
A ella se ha reducido el mundo.
Domingo a domingo se sucedieron
rostros besados
junto a ramos de nomeolvides,
sueños secretos que se espían
entre un confuso murmullo de grillos y relojes.
Ahora no sabemos qué hacer.
El rocío de la mañana
se evapora en las manos.
No sabemos qué hacer entre los muros desolados.
Miremos la luz de la luciérnaga.
Sólo nos queda mirar la luz de la luciérnaga,
ese débil chispazo de la hoguera del verano
más débil que la memoria de una ola.
Miremos la luz de la luciérnaga.
A ella se ha reducido el mundo.
Jorge Teillier/ Poeta chileno/ El cielo cae con las hojas
ese último chispazo de la hoguera del verano
flotando en el silencio del bosque.
Miremos la luz de la luciérnaga:
A ella se ha reducido el mundo.
Domingo a domingo se sucedieron
rostros besados
junto a ramos de nomeolvides,
sueños secretos que se espían
entre un confuso murmullo de grillos y relojes.
Ahora no sabemos qué hacer.
El rocío de la mañana
se evapora en las manos.
No sabemos qué hacer entre los muros desolados.
Miremos la luz de la luciérnaga.
Sólo nos queda mirar la luz de la luciérnaga,
ese débil chispazo de la hoguera del verano
más débil que la memoria de una ola.
Miremos la luz de la luciérnaga.
A ella se ha reducido el mundo.
Jorge Teillier/ Poeta chileno/ El cielo cae con las hojas
Domingo
Dicen que la gente se mata los domingos porque es un día no atado a nada. El séptimo día dios descansó, dicen también. Lo hizo luego de crear todo lo existente. Lo hizo para contemplar en paz su obra de arte. No tenía idea de lo que después vendría. Deberíamos vivir y hacer con esa misma actitud. Sin preocuparnos por lo que ocurrirá. Pesimismo en la idea. Optimismo en la acción.
A. y L.
Pudor
Las palabras que callamos eran las que deberíamos haber pronunciado. Los gestos que guardamos por pudor eran los que deberíamos haber cumplido. Los actos que nos parecieron triviales eran los que se esperaba de nosotros. Otros los hicieron en nuestro lugar. Paguemos ahora las consecuencias.
Julio Ramón Ribeyro/ Prosas apátridas
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