sábado, 22 de mayo de 2010

Los miserables II


Hay poetas, escritores, músicos, artistas, intelectuales que vistos de cerca son una basura. Quieren fama a toda costa. Desean más que nada en el mundo figurar en los diarios, leen sus versos conmovedores en aburridos cafés literarios donde la masturbación lírica se mezcla a buenas dosis de alcohol, vómitos, sexo barato y mutuos halagos. Eso no es lo más grave. Lo peor es el egoísmo, la mezquindad, la crueldad, la indiferencia. Son capaces de matar a la madre (conozco un caso tristemente cercano), a los hijos, a los queridos hermanos. Escriben a veces buenos poemas y adoptan posturas progresistas. Firman solicitadas en solidaridad con lo que sea a cambio de celebridad o para cobrar algún subsidio. Se jactan de su sensibilidad que es total en las palabras y nula en los actos. Gente razonable me dice que una cosa es la obra y otra es la persona. Que debo aprender a diferenciar. No sirvo para eso. Más que buenos poetas prefiero vidas poéticas. De qué le sirve la inspiración y la eficacia artística a tantos resentidos que andan por ahí. Ante la pura mierda de los sensibles de plástico elijo la pura vida de los que ponen el cuerpo no sólo en general sino también en sus casas, entre sus amigos, en el prosaico y sucio vecindario.
L.

viernes, 21 de mayo de 2010

Un mundo de espectadores


El circo bicentenario, la proximidad del mundial, la reciente feria del libro o el festival de cine independiente muestran a un mundo conformado apenas por espectadores. Millones de personas siguen atentamente el movimiento errático de 22 jugadores. Millones piden firmas a los famosos, leen diarios, critican a los diarios (como la revista Barcelona que así se suma al show), miran televisión, la critican, escuchan radio todo el día, salen a mirar vidrieras o hablan mal de la pareja del cuarto C por los gritos que se oyen a la noche. Vivimos en un mundo formado esencialmente por espectadores. La vida parece estar a cargo de los otros. Ricos, famosos, mediáticos, elásticos. ¿Y nosotros? ¿Cuándo seremos protagonista de algo? ¿No habrá llegado la hora de cambiar la observación eterna por la producción de una obra personal por más torpe e incompleta que sea?
L.

Código del blog


Sin darnos cuenta fuimos armando un código de conducta para este blog. No citamos a nadie, escribimos sin ideas previas, desechamos lecciones y moralejas, eludimos las frases célebres y la reproducción de textos ajenos. Consideramos que es mejor vivir sabiendo aunque duela. Rechazamos la autoayuda en todas sus formas. Elegimos ilustraciones con especial dedicación. Nos atraen los cuerpos desnudos cuando sugieren algo situado más allá de la exhibición. Escribimos de manera constante y en lo posible con verdad. Lo hacemos (además) sin esperanza ni desesperación. Buscamos la provocación pero no a cualquier precio. Nos dejamos afectar y sobre eso hablamos y callamos. No nos asusta la palabra angustia. No censuramos comentarios salvo que sean ofensivos para una persona o una comunidad. No creemos en nada pero esperamos enormes cambios en el último minuto.
Andrea y Luis

Códigos de amor I


Amor, el simple gesto de una mano que baja por el pecho. Como esquiadora se desliza lenta y sin miedo a la pendiente, abajo y más abajo, la mano en la pendiente resbalando, cayendo suavemente entre las piernas, quedándose ahí la esquiadora, a la sombra del árbol, echando leña al fuego y como un juego, espuma de mar sobre la nieve, mano lavada y bendecida por la lluvia, dormida por fin entre las ramas desechas del árbol (amor) el simple gesto.
L.

Códigos de amor II


Lo más lindo de vivir en pareja es la creación mutua de un código secreto y común. Se inventan chistes que sólo hacen reír a sus creadores. En la cama se dicen y hacen cosas que generan sucios murmullos en el vecindario. Por teléfono o personalmente una sola palabra alcanza para entender todo. Cada relación amorosa da lugar a una tribu originaria. Con sus danzas, sus rituales, sus maneras de estar y de ser. Por eso cuando una pareja se rompe destruye no solo una historia sino también un idioma, una cultura, una obra cuya composición ha costado gran esfuerzo. Los códigos tan cuidadosamente creados son borrados por el viento. Y los trabajos de amor se pierden como caballos en la niebla. Y así será hasta que nuevos amantes retomen la tarea. Otros códigos -acaso más intensos que los anteriores- nacerán en la espesura.
L.

jueves, 20 de mayo de 2010

Elogio del baño


Acabo de leer que el cineasta argentino Manuel Antín pasó gran parte de su infancia en el baño. Los motivos son explicados por él mismo en una biografía. El célebre director cuenta que su casa familiar estaba llena de gente y que él necesitaba aislarse para pensar, leer, no leer, no pensar, y, quién sabe, para otro montón de cosas que no vienen al caso. Visto así el baño podría ser considerado como un templo de meditación, placer, higiene y creación artística. ¿Por qué no? Habrá que superar prejuicios y rendirse a la evidencia.
L.

Circo bicentenario


Borges solía decir que la nacionalidad de un hombre (o una mujer) se da por sí misma y jamás por intención. Lo decía en referencia a esos autores que quieren producir obras bien argentinas y por eso incluyen asados, tangos, gauchos y caballos en textos obvios y berretas. Borges no llegó a conocer a quienes ahora añaden a la lista una dosis de paco y otra de cumbia villera. Las actuales celebraciones del bicentenario de no se sabe qué recuerdan la advertencia borgeana. De pronto nos vemos inundados de empanadas, próceres, felipespignas y patrioterismo de cuarta en un país que se ha desnacionalizado casi por completo. No sólo no quedan gauchos. Tampoco hay industria y hasta los minerales de la patria son explotados a cielo abierto por extranjeros que envenenan la tierra para llevarse el oro y el uranio a sus países. Grandes desfiles, expectativa generalizada por los esperados goles de Messi y Palermo, locro nacional y popular hasta la muerte. Por suerte el circo bicentenario terminará dentro de poco.Y por suerte ya empieza el mundial. ¿Con qué se divertirán después los argentinos?
L.