
Hay poetas, escritores, músicos, artistas, intelectuales que vistos de cerca son una basura. Quieren fama a toda costa. Desean más que nada en el mundo figurar en los diarios, leen sus versos conmovedores en aburridos cafés literarios donde la masturbación lírica se mezcla a buenas dosis de alcohol, vómitos, sexo barato y mutuos halagos. Eso no es lo más grave. Lo peor es el egoísmo, la mezquindad, la crueldad, la indiferencia. Son capaces de matar a la madre (conozco un caso tristemente cercano), a los hijos, a los queridos hermanos. Escriben a veces buenos poemas y adoptan posturas progresistas. Firman solicitadas en solidaridad con lo que sea a cambio de celebridad o para cobrar algún subsidio. Se jactan de su sensibilidad que es total en las palabras y nula en los actos. Gente razonable me dice que una cosa es la obra y otra es la persona. Que debo aprender a diferenciar. No sirvo para eso. Más que buenos poetas prefiero vidas poéticas. De qué le sirve la inspiración y la eficacia artística a tantos resentidos que andan por ahí. Ante la pura mierda de los sensibles de plástico elijo la pura vida de los que ponen el cuerpo no sólo en general sino también en sus casas, entre sus amigos, en el prosaico y sucio vecindario.
L.
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