martes, 15 de junio de 2010

Un momento imperfecto


Nos habíamos citado en un bar próximo a su casa. El lugar nos gustaba porque era tranquilo y había un puesto de flores en la vereda. Hacía tres años que estábamos juntos y las nubes anticipaban tormenta. Mientras caminábamos ella se ofreció a llevar mi abrigo. Lo había hecho otras veces y el gesto me hizo pensar que todo estaba en orden. No había motivos de preocupación. Cualquier pareja se junta en un bar a tomar una coca-cola. Cuando anunció que me dejaba lo hizo con discreción. Ni una palabra de más. Te amé, creo que dijo. Te quise mucho hasta que se acabó el amor. Eso fue todo. A continuación busqué un billete de diez pesos y lo dejé en la mesa. Recuperé el saco abandonado en una silla y salí con rumbo incierto. Hace poco volví a pasar por esa esquina. Ya no hay un bar sino una lencería. El puesto de flores sigue ahí como si nada.
L.

lunes, 14 de junio de 2010

Un momento perfecto


La pregunté a Valentina, una alumna de periodismo, cómo imaginaba un momento perfecto. La consulta formaba parte de una clase sobre cuestionarios fijos en la entrevista periodística. Un momento perfecto. Nada especial. Valentina se puso tensa. Pensó un largo rato. No pudo responder. Cuando tocó el timbre se acercó y me dijo que le había arruinado el día. Un comentario así, para un maestro, es el mayor halago. Arruinarle el día a alguien es movilizarlo, es decir, salvar su día. Volví a repetir algo similar en otro curso. El alumno interrogado se hundió en un silencio más pesado aún que el de Valentina. Finalmente dijo que las situaciones en que había pensado le dolían especialmente. Dijo que prefería no compartirlos con sus compañeros de curso. Quizás no existan los momentos perfectos, pensé. Quizás la belleza esté llena de heridas, suciedad, amargura. Quizás la perfección consista en eso.
L.

Tema resuelto


La investigadora colombiana Victoria Arango acaba de descubrir las causas del suicidio. Hace veinticinco años que trabaja estudiando a fondo el cerebro de los que pusieron fin a su vida por mano propia. El esfuerzo no fue inútil. Arango descubrió en las cabezas de los suicidas una evidente reducción de serotonina, conocido neurotransmisor cerebral. Debemos salir a festejar. El paso siguiente consiste en fabricar una pastilla de serotonina (especie de viagra espiritual) y listo. Qué pena que la valiosa información no haya sido conocida a tiempo por Horacio Quiroga, Alfonsina Storni, Cesare Pavese, Andrés Caicedo, Jack London, Ernest Hemingway, Dylan Thomas, Alejandra Pizarnik, Reinaldo Arenas, Virginia Woolf o los japoneses Mishima y Akutagawa. Si se hubieran hecho una tomografía computada estarían ahora disfrutando del Mundial, del sexo y el cine en triple dimensión. No fueron felices debido a una dotación insuficiente de serotonina. Pero no importa. El tema ha sido resuelto. Se acabaron los suicidios para siempre.
L.

Elogio de la oscuridad


El 85 por ciento del universo está compuesto de materia oscura. El dato figura en La teoría de casi todo, libro del reconocido investigador estadounidense Robert Oerter. Poco se sabe de qué está hecho semejante abismo. Se ha comprobado que no emite ni refleja luz y que carece de carga eléctrica. Es posible detectar su presencia debido a los efectos gravitatorios. La materia oscura es invisible. Su tamaño es mayor al que tendrían todas las estrellas, planetas y galaxias si pudiéramos meter todo eso en una caja. Un astrónomo llegó a decir poéticamente que la materia luminosa es como la espuma que corona la cresta de un oleaje sombrío. Las olas del océano cósmico están colmadas de materia oscura. Nuestras almas también. Y ciertas habitaciones (ya sea con luz tenue o en oscuridad total) también. Debemos nuestra existencia y la de casi todo lo demás a la materia oscura. Es así aunque no sepamos de dónde viene, qué cosa es y aunque nadie la haya visto aún.
L.

Viajes


No existe un solo viaje que haya cambiado la vida de nadie. Ni un movimiento. Ni un divino escenario. El viajero (vaya donde vaya) cargará con todo lo que supuestamente va a encontrar en lejanías. Ya hemos visto ejemplos de parejas que viajan para solucionar conflictos. Vuelven igual o peor. Supimos de hombres y mujeres que apuestan al traslado como si en sí mismo contuviera una medicina de amplio espectro. Algunas familias imaginan que el acto de subir a un tren, a una lancha, un auto o un avión disolverá los factores que generan incompresiones y peleas hogareñas. No se conoce ninguna situación donde la endiosada medicina haya funcionado. En el equipaje va también el virus infeccioso. ¿No viajar entonces? Al contrario. Viajando se conoce gente y se ven lindos lugares. Hablo de no poner afuera lo que solo puede resolverse adentro.
L.

domingo, 13 de junio de 2010

Eso


Eso que nos averguenza. Lo que nos provoca inseguridad y miedo.
Hacia ahí debemos ir.
L.

Felicidad


La felicidad llega de manera inesperada. Cualquier rayo de sol habla de eso. Cualquier amor. Un caballo. Un beso en la boca. Despertar junto al mar habla de eso. La felicidad llega de manera inesperada.
L.