martes, 17 de enero de 2012

Amor inexpresable

Algunos mitos poderosos nos hicieron creer que el amor puede sublimarse y convertirse, con el tiempo, en creación artística. Todo empezó con Sócrates, siguió con el romanticismo y terminó con el psicoanálisis. La idea sería que ante la ausencia del ser amado un escritor puede componer una novela y hasta volverse famoso con el fruto del dolor. Lo mismo un cantante o un pintor. Yepeto, una obra de Roberto Cossa, cuenta la historia de un viejo profesor de literatura que quiere seducir a una alumna joven y hermosa. La chica tiene un novio joven y hermoso como ella. Al muchacho le falta algo que el profesor tiene (saber, cultura, sensibilidad, etcétera). Pero al maestro le falta otro algo que el chico posee en abundancia (no entraremos en detalles). El profesor pudo haber optado por sublimar su deseo y escribir poemas, novelas o lindos ensayos. Pero él quería acostarse con la alumna. Y en fin. Para qué seguir. El hombre, ya mayor, termina solo y ebrio en su casa pronunciando una frase elocuente. Me cago en la literatura. Y así es. Porque si bien el amor está ligado al lenguaje no puede alojarse en la escritura. Necesita del cuerpo y ahí está el problema...y la no tan fácil solución.
L.

La zona



Algo nos pasa a los hombres con las tetas. El interés es indudable y por más que trato de racionalizar no encuentro la vuelta. La idea que enseguida viene a la cabeza es el recuerdo infantil de alimentarse por esa doble vía. Y así debe ser. Igual la curiosidad es tan desmedida como asombrosa. Los hombres somos definitivamente limitados. Buscamos no se sabe qué bajo las remeras. Esos volúmenes. Esas puntas que desafían la tela. Algo nos conmueve en la región y nos rendimos desesperados ante un simple escote. Leo un poema que tiene que ver. Es del brasileño Murilo Mendes, poeta ya olvidado. El mundo empezaba en los senos de Jandira, dice. Los enamorados pasaban y olían los senos de Jandira...Y eran precipitados en las delicias del infierno. Y todo por las tetas. Enigma increíble pero cierto.
L.

Si el Che viviera...

Escucho una linda canción del cubano Frank Delgado. Si el Che viviera. Así se llama. No voy a decir de qué habla. Cualquiera puede escucharla en youtube. Advierto que no es un elogio rimbombante sino algo más serio. La idea, más allá de todo, es disparadora. ¿Qué diría el Che si despertara de pronto y viera a todos los combatientes diciendo tonterías en Facebook? ¿Qué diría si encontrara que el hombre nuevo está más viejo que nunca? Si el Che viviera, ¿qué diría al comprobar que el egoísmo que tanto rechazó se ha convertido en ideología dominante? No niego las luchas que siguen en todas partes. No niego a esa gente que sigue dando la vida -aquí, allá y en todos lados- por una vida más digna y justa. Pero aún así. ¿Qué diría Ernesto Guevara vivo y convertido en abuelito cuando se entere que su imagen ha sido utilizada para una publicidad lanzada por una conocida multinacional automovilística? Me pregunto qué podemos decir nosotros de esa querida presencia hundida para siempre en un mar de nieblas e ilusiones. Quizás hizo bien, el Che, en morir a tiempo. Nunca se sabe. Desaparecieron los héroes pero siguen abiertos los caminos. ¿Despreciaremos la divina invitación?
L.