martes, 8 de enero de 2013

El bien y el mal

En uno de los tomos de sus memorias (La fuerza de las cosas) Simone de Beauvoir cuenta el súbito pasaje de la exaltación al espanto experimentado por los soldados estadounidenses que, a poco de finalizar la Segunda Guerra Mundial, liberaron a sobrevivientes de los campos de concentración nazis. Orgullosos y heroicos, sintiéndose acaso semidioses, los soldados repartieron entre los hambrientos carne enlatada, bolsas de papas fritas, huevos en polvo, leche, fruta, caramelos. Cientos de prisioneros que venían de probar pan duro y agua sucia murieron como moscas. Los efectivos militares tenían buenas intenciones pero hicieron daño queriendo en teoría hacer lo mejor para los otros. Las conclusiones del relato exceden la brevedad propia de un espacio como éste. Pero queda claro en principio que las fronteras entre el bien y el mal se desdibujan. Y que las buenas intenciones, o la supuesta generosidad, no alcanzan. No demuestran nada. Hace falta, además, pensar un poco.   
L.

Si un árbol cae


Si un árbol cae en un bosque y nadie lo ve ni lo oye en ese instante...¿cae de verdad ese árbol? ¿se produce algún ruido en la distancia? ¿hay hormigas, mariposas y hojas secas aplastadas en el suelo castigado? A estas clásicas preguntas ligadas al principio de incertidumbre le caben casi infinitas respuestas. Un materialista extremo sería drástico y recordaría que la realidad física existe más allá de que sea vista u oída por un ser humano. Un solipsista, es decir, alguien según el cual sólo pueden experimentarse las sensaciones propias, diría que sin observador consciente no hay caída y, peor aún, ni siquiera hay árbol. ¿Y si todo fuera una ilusión y nada existiera verdaderamente? Hipótesis de este tipo no ayudan a vivir. ¿Pero qué pasó con el árbol en el bosque imaginado? ¿Y qué pasaría con cada uno de nosotros si nadie nos observara? En la respuesta a esta pregunta, quizás, esté el origen del amor.
L. 

lunes, 7 de enero de 2013


Odio o amor

El amor es la fuerza que más resiste a los podridos poderes del mundo. Amor es subversión. Distinto es el odio cuyo objetivo principal es destruir al otro por cualquier medio. El odio como pasión. La violencia, la envidia, la crueldad y todas las demás pasiones destructivas acompañaron desde siempre a la humanidad. También el amor estuvo presente. Pero las armas eróticas y compasivas, también revolucionarias, apuntan directo al corazón del mundo. Y no para destruirlo sino para salvarlo de sí mismo. Hambre y amor mueven al mundo. Egoísmo y odio lo paralizan. Habrá que elegir.
L.

Venezuela vive


domingo, 6 de enero de 2013

Todo llega


Todo llega (es verdad) pero cuando ya no hace falta. O cuando lo necesitamos menos o no tiene importancia. Lo que deseamos finalmente se nos da. Pero muy pocas veces en el momento oportuno o en el lugar imaginado. ¿Al pie del acantilado? Tal vez. O en un hotel de extramuros. Puede ser terrible pensar que uno se priva de cosas bellas y definitivas por una simple falta de concordancia entre situaciones diversas. Es conocido el desencuentro entre Romeo y Julieta por una simple demora del cartero. Un error sin importancia. Alguien mira para otro lado cuando debió estar mirando hacia acá, justamente hacia acá, al pie sin pie del oscuro acantilado.
L.