Acabo de pasar por una escuela privada y religiosa que anuncia en un gran cartel colgante que ahí se dedican a la formación de valores en niños de escuela primaria y jóvenes de la secundaria. Formación de valores. Estuve tentado de entrar y preguntar de qué valores se trata. Si por ejemplo enseñan a tener valor en momentos de peligro o si se trata en cambio de otra cosa del tipo hay que lavarse los dientes a la mañana, hay que ser buenos en vez de malos, hay que ayudar a los ancianos y a los ciegos a cruzar la calle, robar está mal, entrar a Suspendelviaje está mal, la corrupción no es lo ideal, tampoco robar y matar. ¿Será algo de eso? Quizás se trate en realidad de enseñar a las nuevas generaciones el valor de la institución familiar, el valor de las Fuerzas Armadas, el amor a la bandera y a la señorita maestra, el valor de la obediencia debida y el respeto sacramental por las grandes potencias que gobiernan el mundo. En fin. No tengo idea. No he visto grandes valores a mi alrededor. Y no creo que sea por falta de educación. Al contrario. Creo que todos los asesinos, todos los torturadores, todos los gobiernos que masacran a pueblos enteros, todos los especuladores y traidores han estudiado, cuando eran chicos, en la misma escuela privada por la que acabo de pasar.
L.
jueves, 16 de octubre de 2014
La vida secreta
Él la llama Cora por el cuento de Cortázar (La señorita Cora). Tanto el film -dirigido por Isabel Coixet- como el cuento son muy recomendables. Ambos tratan el erotismo y la seducción de maneras distintas. En el cuento es un adolescente el enfermo que se siente perturbado ante la presencia de una enfermera joven y hermosa. En la película es ella la que termina siendo salvada por el enfermo.
Perdido el hilo
Antes de conocer a Clara tenía otros planes. Un sentido diferente del placer. Hoy sigo fiel al cordero de dos cabezas. Renuncié a la autopista y tomé el camino de cintura. Ya no hay ruta sino senderos tortuosos, cubiertos de tosca y pozos negros. La amenaza es constante y el riesgo evidente. Algunos piensan que estoy loco y debo estarlo. Todavía pego fotos de Clara en las ciudades. En el extremo superior se lee la palabra BUSCADA. Y en el extremo inferior alguien anotó una frase incomprensible. Perdido el hilo todo es laberinto.
L.
L.
Advertencia de contenido
Hombrecitos grises revisaron los últimos posteos de este blog y confirmaron la oportuna advertencia acerca del contenido ofensivo de este espacio. Mencionan por ejemplo el texto dedicado a Chejov, un escritor ruso que bien pudo conocer a Lenin, cuyos cuentos son descorazonadores y que en ningún caso, como Coca-Cola, destapan la felicidad. Los relatos de Chejov son depresivos y para colmo se elogia en ellos, por ejemplo en La dama del perrito, la infidelidad en las parejas, algo que es obviamente ofensivo para los matrimonios legalmente constituidos. Más abajo (ya la expresión más abajo es sospechosa) se menciona el deseo como un motor fundamental de la existencia. El deseo, como se sabe, se relaciona también con la fornicación, el turismo aventura, el autoerotismo, el plátano y el pecado más en general. Hay también referencias a la muerte (ofensa clara para los que aman la vida) y un posteo enteramente dedicado al océano, espacio acuático que según la mitología griega acogió, con perdón de la palabra, el esperma de Zeus, figura tutelar del Olimpo, quien le fue infiel a su esposa Hera entre otras muchas diosas dignas del mayor respeto. Queda confirmado entonces el contenido ofensivo de Suspendelviaje. Quedan avisados los visitantes eventuales del grave peligro al que se exponen al ingresar a este muladar.
L.
L.
miércoles, 15 de octubre de 2014
Mundo Chejov
La mayoría de los amores que nacen en los relatos de Anton Chejov (1860-1904) no se realizan. Casi todas las pasiones transcurren en lentos veranos, en casas de campo y tardes de lluvia o bajo un sol aplastante. Los protagonistas son seres acosados por el tedio y la insatisfacción, soñadores tristes que sólo se alimentan de vagas aspiraciones. Con piedad el escritor mira a sus criaturas consumirse en fuegos fatuos y pasajeros. Los antihéroes de El tío Vania, La estela, La dama del perrito, El beso, La gaviota o El jardín de los cerezos apenas alcanzan a tocarse. Un beso, a veces un abrazo veloz, un poco más en algún caso, y después la culpa, el remordimiento, la incapacidad casi enfermiza de ir un poco más allá del más acá.
L.
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