martes, 10 de abril de 2012

Sexo oral y escrito


Hay una idea según la cual erotismo es lo sugerido y pornografía lo brutal. La catalogación es inexacta. Hay libros obscenos donde todo está velado pero desprovisto de calidad. Y hay obras consideradas pornográficas, las del marqués de Sade por caso, que difícilmente puedan objetarse como realizaciones artísticas o políticas. La literatura erótica convencional acostumbra limitarse a una escena de menage a trois, una dosis de sexo oral, un poco de sodomía, supuesta audacia en el lenguaje y la selección de orificios. Un texto literario, una pintura, una película, un paisaje o una foto no deberían agotarse en lo que describen, muestran o dicen. Esto es válido para la ficción en general y para el erotismo en particular. La actitud es la misma. Quien describe las cosas y las sensaciones del mundo, ¿por qué no procede igual al presentar los cuerpos húmedos y erotizados de mujeres y hombres? Los pelitos, las concavidades, los labios mayores, medianos y menores… En todos los casos debería actuarse de manera similar. Poco importa la distinción entre erotismo y pornografía. Lo que importa es el arte y, sobre todo, la verdad.
L.

No hay comentarios:

Publicar un comentario