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martes, 9 de noviembre de 2010

Mexicanas


Dice o decía Octavio Paz que la mujer mexicana es hermética. De inmediato pensé en Frida Kahlo, o en mi amiga Florisse de Tijuana, y al menos en ellas no parece aplicarse la ley. Pero nunca se sabe. También dice el poeta y ensayista que los mexicanos consideran a la mujer como un instrumento de los deseos masculinos o de los fines asignados para ella en la sociedad. Puta, diosa, gran señora, amante o lo que sea la mexicana transmite o conserva, pero no crea, los valores y energías que le confían la naturaleza o el mandato social. Ante el escarceo erótico la mujer de México debe ser “decente”. Ante la adversidad se muestra “sufrida”. Pero el cuerpo femenino duerme hasta que alguien por fin lo despierta. El principal centro de atracción es el sexo oculto e inmóvil como un sol secreto.
L.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Un buen tema de conversación I


Con mis amigos de la facultad solíamos decir que las mujeres constituyen más que nada un buen tema de conversación. ¿Las mujeres en qué sentido? En cualquiera. La forma o las formas, la ropa, la falta de ropa, la voz, la posibilidad lejana o cercana de conquistarlas, ese tipo charlas de vestuario que alegran la vida. Decíamos también que las mujeres suelen funcionar mejor como tema que en el trato cotidiano. Porque una vez armada la pareja y satisfecha la sed (al menos en parte) sentíamos que las cosas se complicaban gravemente. Aparecían las discusiones, las diferencias, las sospechas mutuas, los momentos muertos. Tarde o temprano, sin embargo, concluíamos que debíamos elegir entre una buena charla de vestuario y el encuentro real con una mujer real. La última opción es problemática, una desgracia a veces, pero sus alcances resultan infinitamente superiores a la mejor conversación.
L.

Un buen tema de conversación II


En algún momento los hombres necesitan establecer un cable a tierra. Primero hablan de la cuestión con un amigo. Y luego salen de cacería, cazan o se casan. Tarde o temprano la mujer se vuelve real y ocupa un lugar privilegiado. Cuando ella falta sobreviene el desamparo. Cuando no falta sobreviene el peligro. Como sea. Todo parece funcionar mejor en compañía. Cuando ella se va el hombre se siente despojado de su historia. La vida en pareja plantea problemas cuya solución, aunque parcial, no es imposible. Todo marcha mejor si la elegida tiene proyectos propios. Todo marcha mejor si los varones tienen proyectos propios. Y el "equipo" se potencia inmensamente si los dos son conscientes del desasosiego (la angustia) que para todos implica el simple hecho de vivir.
L.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Esa luz


Ella es como una ondulación que viene de lejos y se va más lejos aún. El hombre la ve como una aglomeración insensata y rara de materia, como una formación de sensaciones confusas y deliciosas. Pero cuando el hombre la toca, tras apagar la luz y hundirse como un ciego entre las sábanas, presiente que lo impalpable de adentro se le escapa. Sólo está pulsando una red de piel y nudos, una hermosa cápsula donde circulan nervios y sangre humeante. Ella permanece como una ondulación que viene de lejos y se va más lejos aún y llega, casi, hasta el cielo donde caen los autos.
L.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Oscuro objeto del deseo


Franz Kafka tenía con las mujeres, el amor y el deseo un problema que se torna evidente al leer sus diarios y sus relatos de ficción. Por un lado veía a la mujer como un peligroso factor de dispersión, algo que lo sacaba de su excluyente oficio literario. Pero esa vivencia era una máscara del visceral miedo al sexo, factor todavía más notorio. El propio escritor lo confiesa en sus cartas. Miedo a la unión. Miedo a dar el paso. El coito como castigo por la felicidad de estar juntos. Este presunto rechazo al cuerpo no le impidió incursionar en los burdeles de Praga. Era fácil para el autor de El castillo tener trato con las putas. Era difícil para él, en cambio, acostarse con las mujeres amadas. ¿Extraña ambiguedad? Puede ser. Pero nadie está completamente a salvo de experimentarla en carne propia.
L.

martes, 24 de agosto de 2010

El árbol de Ana


El viento, o no se sabe qué, derribó ayer el castaño que Ana Frank, autora del célebre diario y víctima del nazismo, contemplaba desde su escondite en Ámsterdam. Atacado por los hongos y las tormentas del tiempo, el árbol de 150 años cayó al piso y, apenas una hora después, ya se ofrecían a la venta por Internet pedazos del tronco y varias ramas. El 23 de febrero de 1944 aparece en el diario de Ana una primera referencia. Miro el cielo azul y el castaño desnudo en el que brillan gotas de agua. También las gaviotas y otros pájaros que parecen de plata. El 18 de abril del mismo año alaba un mes ni muy caluroso ni demasiado frío. Y reaparece nuevamente el castaño de los sueños. Nuestro árbol, con algunas castañas aquí y allá. La última cita corresponde al 13 de mayo de 1944. Unos días después Ana Frank y su familia fueron descubiertos por la Gestapo y llevados a campos de concentración para ser ultimados. Nuestro castaño está en flor, lleno de hojas y mucho más hermoso que el año pasado.
L.

viernes, 30 de julio de 2010

La gran devoradora


Y me veo caminando ebria, dirigiendo a los que he convocado e invocado. Avanzo como si hiciera el amor. Sin duda bebo mucho en esos días, hablo mucho, bailo, canto, cuento, beso, toco, me dejo, me la dejo, me dejo por todas partes, estoy receptiva, disponible, abierta como una herida, aceptando todo lo que venga (dedos, sal, semen, alcohol). Hacia la gran devoradora que no examina, no discierne, no identifica.
Alejandra Pizarnik

Lección del viento


El viento no se deja fotografiar. Eriza la piel. Es invisible. Se revela en hojas, cortinas, veletas o papeles sueltos. El viento es impúdico. Despeina a las mujeres. Se mete adentro de sus polleras. Besa y toca. El viento llega más lejos que nadie. Empuja los barcos. Pero también los hunde. El viento es aire en movimiento, zumbido nocturno, golpes de muerte en la ventana. No hay barrilete sin viento. No hay veleros ni semillas ni sueños ni banderas.
Y nada más lindo que el viento cuando juega con el mar.
L.

La foto es de Andrea.

miércoles, 28 de julio de 2010

Por costumbre


Aquí encierran a putas y locas, dice la mujer de blanco. De aquí no sale nadie, ordena y se pinta las uñas y quiere que trague esa porquería que con rima insoportable llaman leche con pan y tinieblas de azafrán. Vómito de perro. No hace muchas horas me ataron al molino del hospicio. Lo hacen por costumbre. Esto es un asco, le digo a la mujer de blanco. Esta mañana me ataron a un molino. Ella huele como los árboles después de la lluvia, decía M cuando el mundo no era inmundo y la vida no era eso en que se convirtió. Ahora huelo como los troncos mojados donde permanezco atada en las mañanas. Puta y loca, dice la mujer de blanco. El viento y el río se abrazan como dos borrachos que vuelven de la feria. Los árboles huelen a incienso. Los que aún viven morirán arrepentidos de no haber enloquecido al menos una vez, o creado una frase hermosa, una luz, un desafío y la canción de los ángeles caídos, puta y loca, remacha la mujer de blanco y me arroja a la cara esa porquería que, con rima insoportable, llaman leche con pan y tinieblas de azafrán.
L.

lunes, 26 de julio de 2010

Las tetas de Camila


Visité recién a Maximiliano (nuevo amigo en el barrio) y entre otras cosas me mostró fotos de Camila, su ex novia. Viendo el álbum pude comprobar que la chica es preciosa y además (le dije a Maxi) tiene tetas que es algo fundamental. En ese punto coincidimos. Pasado el momento de las risas llegamos a la conclusión de que una novia, pareja o como se llame tiene que gustarnos en todo sentido. Nos referíamos a la totalidad y no a las partes consideradas por separado. La inteligencia y la sensibilidad son puntos centrales. Pero también las tetas. Y algo más. La mujer que amamos debe ser encantadora hasta en la forma de hablar, de caminar o de reírse.
Si no hay encanto lo demás se cae. ¿O debí escribir se caen?
L.

miércoles, 21 de julio de 2010

Cuando una mujer se enamora


Cuando una mujer se enamora reviste al objeto amado con todas las cualidades propias. Siente la necesidad de transformar a su compañero en un ser muy importante. Lo idealiza, cree que es un genio y hasta consigue que también él lo crea. Más tarde lo cuida maternalmente. El varón (ahora convertido en hijo) pasa a ser tratado como una figura omnipotente. Después ella lo protege y estimula para evitar por cualquier medio que se derrumbe. El ciclo se extiende por un tiempo hasta que la mujer se cansa, pide el divorcio, o, para no perder tiempo, arma la valija y se va.
L.

jueves, 1 de julio de 2010

Vivir sin ver


Lo común es lo más raro. Un viaje en colectivo por ejemplo. En el extremo del asiento de atrás una chica no deja de comer galletitas. Con su mano de uñas recién pintadas extrae de la mochila una, dos, tres, casi diez. Mueve la boca sensualmente. Cada mordida parece una ceremonia sexual. Junto a ella otra joven pelea con el novio por celular. Pedazo de pelotudo, le dice. No quiero verte más. Todos escuchan sin ver. Todos ven sin escuchar. Un anciano trata de leer un libro escrito en letras diminutas. Yo me ahogo y ruego para que alguien abra una ventanilla. Lo hace (tarde) la chica de las galletitas. Pero se arrepiente y vuelve a clausurar la única entrada de oxígeno. La que peleó con el novio se arregla el pelo tan lacio. El resto de los pasajeros se concentra en pantallas, auriculares, cables, teclas sonoras. Yo miro las uñas recién pintadas de la chica sentada en el extremo del asiento de atrás. Me pregunto por qué habrá elegido un rojo tan furioso. Si una mujer se pinta busca guerra. En el 132 no hay batallas importantes por ahora. Pero algo se está gestando. Lo común es lo más raro. Un viaje en colectivo es buen ejemplo.
L.

domingo, 27 de junio de 2010

Las mujeres se liberan en el baño


Tras una minuciosa recorrida por baños de mujeres la investigadora uruguaya Andrea Blanqué concretó una sustanciosa muestra de graffitis que luego se concretó en un libro (Antología del retrete/Vinten Editores) de consecuencias escandalosas en el país vecino. La antropóloga recorrió escuelas secundarias, universidades, bares y bibliotecas de Montevideo. Comprobó entre otras cosas que ahí donde el baño está más sucio las paredes muestran mayor cantidad de inscripciones. De esa observación concluyó que un ambiente de intimidad y pestilencia favorece la catarsis emocional. Descubrió también que el graffiti sanitario es dialogado, promueve tachaduras y contestaciones múltiples, algunas con pretensiones aleccionadoras o moralistas. Lo que sigue es una breve colección de esas anotaciones entre existenciales y procaces.

Me siento sola.
Buscate un macho.

No hay mujeres frígidas sino hombres que no saben hacerlas gozar.
¡Callate loca!

Si sos virgen empezá con pijas chicas.
¡Dejen de pensar en porquerías, futuras docentes!


Estoy desesperanzada. ¿Cómo recobrar el optimismo?
Ya no tengo fe ni para estudiar.


Uno que conocí, allá en Cabo Polonio, me la metió despacito.


Busco verga gruesa y lechera.
Andá al baño de los chicos. Yo encontré.

Me quiero morir.
¿Por qué?

¡Erecciones generales ya!
Apoyada.

¿Más vale sola que mal acompañada?

La moral es más peligrosa que el sida.
¿Por qué en vez de escribir no hacés caca?

sábado, 29 de mayo de 2010

Emily


Resulta difícil evaluar en caliente la importancia de lo que hacemos. Algunos creen que pueden y lo hacen. Suponen (algunos) que tuvieron éxito en tal o cual empresa. Nunca se sabe. Y en todo caso el mal llamado triunfo empobrece. En la cima uno siente que puede deshacerse del material sobrante. Entonces va tirando todo para sentirse más y más ligero. No percibe el navegante que eso que arroja al mar puede ser quizás lo mejor de sí mismo. Conviene aceptar el vértigo del enigma. Conviene esperar. La poeta estadounidense Emily Dickinson (1830-1886) pasó la mayor parte de sus 56 años en una casa con jardín situada en Amherst, Massachusetts. Raramente se movió de ahí. Los vecinos sentían lástima por ella. Tan sola e inútil. Tras su muerte la hermana encontró casi dos mil poemas manuscritos en un baúl de la habitación. Excepto cinco poemas (tres de ellos publicados sin su firma y uno sin que la autora lo supiera) toda la obra de Emily permaneció inédita. Hoy nadie discute su grandeza y sus libros se agotan. Yo soy nadie -escribió-. ¿Quién eres tú? ¿Eres nadie también? Vestida siempre de blanco vivió sigilosa y murió olvidada. No evaluó en caliente la importancia de lo que hacía. No se tentó.
L.