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domingo, 4 de septiembre de 2011

Arte implícito


Arthur Rimbaud fundó la poesía moderna a los 17 años y dos años después abandonó la literatura para convertirse en traficante de armas. Antes había escrito Una temporada en el infierno, siguiendo los pasos de su admirado Baudelaire. Se había enamorado locamente de Paul Verlaine, escapó siendo casi un niño de su casa y pronunció una frase breve que anticipó a Freud. Yo es otro. Luego se convirtió en mercader de camellos y fusiles. Y todo así hasta que su pierna derecha desarrolló tempranamente un carcinoma y tuvo que regresar a Francia el 9 de mayo de 1891 donde, días después, se la amputaron. Finalmente murió en Marsella a los 37 años. Fracasó, dirían los felices y exitosos de hoy. Pero fracasó mejor que nadie.
L.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Feliz año viejo


Los cubanos celebran fin de año de una manera especial. Cuando dan las doce no hay fuegos artificiales sino baldes de agua. Pude comprobarlo en La Habana Vieja hace tiempo. La gente arroja baldazos de agua desde los pisos altos a la vereda como quien se deshace del peso, la herrumbre y la pesadumbre del año que se va. A la luz de esa tradición me gustaría hacer un rescate del agua del pasado ya que la del mañana está por verse. Pienso incluso que deberíamos invertir la ecuación. Más que brindar por futuros invisibles e improbables alzar la copa por aguas que siguen vivas en el recuerdo también vivo de este 2010. Por los momentos felices disfrutados y atesorados. Aguas de una caminata nocturna, de un beso, un libro, una caricia, un gesto, una canción inconclusa, una ventana abierta sobre el mar. Feliz año viejo para todos.
L.