sábado, 2 de julio de 2011
Quinta conclusión
Uno no puede pasarse el día pensando que va a morir, enfermar, perder amores y seres queridos. Tampoco recordando que el sol se apagará en unos cuantos millones de años y que todo, incluso Scarlett Johansson, desaparecerá para siempre. La verdad convocada a toda hora y en cualquier lugar puede resultar intolerable. Pero más intolerable es hacer como si nada pasara. Reír sin causa, ponerse una máscara, mirar siempre hacia otro lado y limitarse a drogarse con fuertes dosis de blackberry, familia o televisión. Porque si bien no existe algo llamado "la" verdad hay verdades parciales que conviene visitar de tanto en tanto. La mentira como sistema de vida no funciona. Vivir sabiendo, en cambio, es mejor opción. El principio del placer debería complementarse por el imbatible principio de realidad.
L.
viernes, 1 de julio de 2011
Cuarta conclusión
Un ejemplo ayudará a entender mejor la cuarta conclusión del día. Inicialmente el bebé alucina la teta, es decir, no llora, no reclama sino que alucina y con eso le basta. En la etapa siguiente, cuando el hambre aprieta, el bebé siente que debe hacer algo más que alucinar. Entonces grita, llora, patalea, muerde. La madre entiende claramente el mensaje y le da de mamar. En cualquier momento de nuestras vidas, ahora mismo, suele pasarnos algo parecido al ejemplo propuesto. Y por favor no me vengan con el chiste de que los hombres vivimos alucinando tetas. Me refiero a que idealizamos situaciones, nos contentamos con eso y con lo que podría denominarse autoerotismo. Posponemos la acción concreta a cambio del ensueño y los eternos proyectos. Postergamos siempre y no ponemos el cuerpo. No lloramos ni pataleamos. Vivir rumiando angustias no resuelve nada. Al contrario. Agrava todos los problemas. La acción, en cambio, por más que duela y cueste, alivia y cura. Por delicadeza perdí mi vida, advertía Rimbaud. Y así es.
L.
Tercera conclusión
Cada uno puede hacer con su vida lo que quiera. Puede y debe hacerlo ya que de ese modo se conectará con su deseo. Un hombre puede aprender chino, tocarle el culo a una pasajera en el subte, escribir un cuento, ser infiel o comprar una moto. Una mujer puede hacer pilates, desnudarse en público, estudiar la carrera de medicina forense o teñirse el pelo de rojo. Más allá de toda consideración moral o ideológica el campo libidinal es prácticamente infinito. Pero ese hombre y esa mujer deben saber que, hagan lo que hagan, tendrán que pagar por ello. Deben saber que nadie se salva del peaje en la autopista. Algunos se ilusionan con la posibilidad de avanzar sin consecuencias. Eso puede funcionar, y hasta cierto punto, en el corto plazo. Pero a la larga, sí o sí, pagan todos.
L.
Segunda conclusión
El amor es la invención más perfecta (a veces no tanto) de la raza humana. Eso no se discute por más que en ocasiones, o siempre, termine mal. En las reuniones sociales casi no se habla de otra cosa. La discografía completa de Maná gira sobre la cuestión. No hay novela, canción, película, poema o drama teatral donde no aparezcan besos, caricias y cosas aún más impactantes. Las pruebas son concluyentes. Platón habla de amor hasta cansarse en El banquete. Y Hesíodo, en su Teogonía, lo concibe como el primerísimo de todos los dioses. Lo dicho, sin embargo, no impide, como ya lo hemos subrayado, que el amor pueda ser visto a la manera de una invención tan prodigiosa como en su momento lo fueron la rueda y la brújula. Pero hay otro asunto a considerar. Por mejor que sea una relación amorosa no salva a sus integrantes en ningún sentido. Lo único que salva verdaderamente, si es que la salvación existe, es que cada hombre y cada mujer desarrolle un proyecto personal, algo propio, una producción, en fin, una balsa muy firme y personal que sobreviva a todos los tsunamis. Los que apuestan al amor como salvavidas excluyente se hunden sin remedio. ¿Ejemplo? Romeo y Julieta. Y no es el único.
L.
Primera conclusión
No hay progreso en el mundo. Basta leer cualquier diario, o un buen libro de historia que no sea de Felipe Pigna, para comprobarlo. No hay tampoco estancamiento si bien Nietszche hablaba del eterno retorno. Esto último puede entenderse. Muchas vidas y pueblos giran en círculo como flores capturadas por un remolino fluvial. En conclusión. No hay regreso ni progreso ni detención. ¿Qué hay entonces? Las cosas cambian. Es lo único que sabemos. Las cosas cambian. Las personas cambian. La vida, nuestra vida, cambia.
L.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)