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martes, 12 de abril de 2011

Modelo vivo


Cuando asistí por primera vez a un taller de arte, el maestro intuyó mis miedos de principiante y dijo que para un artista no existe nada más inexpresivo que la hoja en blanco. Tenés que calentar el papel, me explicó. Y fue así que empecé a hacer mi dibujo de la modelo. El papel estaba aún en completo estado de virginidad. La chica era rubia y silenciosa pero no era virgen. Había sido novia de Luca Prodan y un día me contó que en noches difíciles se juntaba con él a tomar ginebra. Ahora ella se sacaba toda la ropa delante nuestro con una mirada cercana a la ebriedad. En las primeras clases yo estaba perturbado por la situación. No es lo mismo dibujar una botella que una mujer sin ropa. Y eso es así por más profesional que uno sea. El deseo sopla donde quiere. Y la sexualidad, alentada por la prepotencia de la naturaleza viva, tampoco está ausente en el taller de arte. El maestro me decía que los trazos iniciales de carbonilla sobre el papel le dan textura y lo preparan para la acción. Por más torpes que sean esas inscripciones ya constituyen una base que sirve de fondo para empezar. Hace rato que el papel se había calentado con infinitos trazos. Y ahora, desde la hoja sujetada con chinches al tablero, me miraba una mujer desnuda, rara, desconocida.
L.

martes, 16 de noviembre de 2010

Lo que queda


La vida existe para vivirla (o beberla) y no para escribirla, danzarla, filmarla, leerla o pintarla. El mundo real, el amor, el odio, el sexo, las pasiones, el dolor, el placer... Todo eso debe ser experimentado a pleno con el cuerpo y luego, en todo caso, habrá que sublimarlo, reinventarlo, resignificarlo. Se hace ficción con lo que queda y con lo que falta. Jamás con lo que está. Contar los hechos como realmente ocurrieron no sólo es imposible sino que no tiene sentido para un artista. A veces este último, para no decir siempre, necesita mentir para que la obra resulte más verdadera que la vida misma.
L.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Pornografía y erotismo


Si pornografía es la verdad al desnudo (lo brutal) y erotismo la mentira edulcorada y decorada (lo fino) resulta mil veces preferible la pornografía. Pero no son así las cosas. La pornografía observable en videos, revistas, Internet o programas de Tinelli es santurrona, vulgar e intrascendente por donde se la vea. Un primer plano de culos, tetas y genitales no conmueve, ya, a nadie. Tampoco implica riesgo estético alguno. El abordaje a fondo de la vida sexual, algo de primer orden para todos, va por otro lado. La verdadera trasgresión no se limita a exhibir. Mostrar la pura anatomía hasta el máximo detalle no cambia el alma de nadie. No erotiza a nadie. Lo que verdaderamente nos excita es la entrega física y espiritual, la metáfora que ilumina, la humedad que también es rocío, lluvia, horno encendido para calentar los mares y los sueños.
L.

martes, 19 de octubre de 2010

Los perdedores


Heráclito murió envuelto en caca y devorado por los perros. Mozart fue enterrado a los 33 años en una fosa común. El artista Egon Schiele murió de gripe a los 28 años. Kafka sólo gozaba con putas en los hediondos prostíbulos de Praga. No podía tener sexo con las mujeres que amaba y murió tuberculoso a los 41 años. Jamás recibió premios. El escritor italiano Cesare Pavese sufría de eyaculación precoz y se mató en un hotel de Turín. El poeta portugués Fernando Pessoa salió segundo en el único concurso al que se presentó. Borges era ciego. Van Gogh no vendió un solo cuadro y se pegó un tiro en un campo lleno de cuervos. Los escritores estadounidenses Carver, Hemingway y Cheever fueron alcohólicos incurables. Virginia Woolf se metió en un lago con piedras en los bolsillos. Alfonsina Storni no usó piedras pero se hundió en el mar. Perelman, el matemático más brillante de este siglo, rechazó un premio de un millón de dólares y vive con su madre, humildemente, en un estrecho monoambiente de San Petersburgo. Pobres. Todos son y fueron tóxicos, enfermitos, impotentes, anticuados, locos, torpes, inútiles, idiotas, perdedores.
L.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Malos poetas


En tiempos lejanos llegué a creer ingenuamente que los artistas eran buenos. Divinos todos y en especial los poetas. ¿Cómo podía ser mal tipo un compositor de música clásica o de versos que tan bien le hacen al espíritu? Un poco tarde supe que no era así. Al contrario. La mayoría aplastante de los artistas reales que conozco son crueles y egoístas. Una poeta muy reconocida y premiada en este país (por dar un ejemplo cualquiera), abandonó a sus dos hijos, a sus hermanos y a su madre que hoy agoniza tristemente en un geriátrico. Mientras eso ocurre la sensible en cuestión llora por las hojas olvidadas del otoño y, de paso, cobra puntualmente los dos mil o tres mil pesos mensuales que le pagan de por vida por haber recibido un premio nacional. Muchos artistas y escritores excelentes se matan entre ellos para ganar concursos o figurar en los suplementos culturales. Se compromenten incluso con causas justas pero solo mediante solicitadas en los diarios o solidarias cadenas de mails. Se acuestan con editores, como las putas, para que les publiquen un libro o los inviten a dar una conferencia en el Malba. Algunos amigos me dicen que lo importante es la obra. Cuando escucho eso suelo citar a un poeta chileno y humanamente digno que murió de vino y no de tedio en 1996 y que se llama Jorge Teillier. Él se preguntaba de qué le sirve ser poeta a tanto resentido que anda por ahí. Lo que importa, advertía, es transformarse en poeta, superar la avería de lo cotidiano, luchar contra el universo que se deshace, no aceptar valores que no sean poéticos. Eso decía Teillier. Una poeta que abandona a sus hijos, a sus hermanos y a su madre no cumple con esa condición básica, o sea, no es poeta, o, mejor, es una mierda. Dicen que Hitler fue buen pintor de cuadros realistas.
Y hasta es posible que haya sido así.
L.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Todos mis muertos


Leo Rayuela, novela escrita por un tal Cortázar muerto en 1984. Escucho a Elis Regina, la mayor cantante de Brasil, quien cayó víctima de sobredosis el 19 de enero de 1982. Veo un cuadro de Egon Schiele, mi artista preferido, que murió de gripe con 28 años de edad. Mis poetas amados (Teillier, Pavese, Vallejo) murieron todos. Ellos y los demás me ayudan a pasar los días y están más vivos que muchos que creen estarlo por el solo hecho de respirar, ir al baño, mirar televisión, haber ganado algún premio, viajar, etcétera.
L.