miércoles, 2 de marzo de 2011

Playa Invierno


Demoré en descubrir que el viento nacía de su cuerpo. El verano había matado en mí toda esperanza. Ya me habían advertido que no hay brisa en Playa Invierno. Los recuerdos son un puente que se hunde cada vez que lo cruzamos. No hay brisa ni perfumes ni sueños. Lo que vimos al llegar confirmó los rumores. Calles de tierra, un surtidor de nafta abandonado y los infaltables barquitos en la arena: uno había sido bautizado así es mi destino. Mi destino viaja en botes de madera balsa. Atrás se veía un pescador con gorro de paja entretejida. Lo sujetaba con la mano como si se fuera a volar. ¿Acaso no sabía que el viento es un cuento más en la caleta? La mujer y yo caminamos sin hablar bajo un sol frío. Cuando llegamos a la casa debimos evitar el ataque de un perro mudo y violento. Dejamos el equipaje y abrimos al azar una canilla. Ni una gota. Playa Invierno es así. Nos recostamos sobre unas cuchetas que alguien había dispuesto en el cuarto de dormir. Le advertí a la mujer que yo era un solitario. A continuación traté de besarla pero me detuvo con firmeza. Tendrás que esperar, dictaminó. Salí a caminar aprovechando que el aire estaba quieto. Regresé horas más tarde y allí me esperaba la mujer con una jarra de agua que se volcaba en el polvo. No sé si fue impresión o qué pero un viento fuerte empezó a soplar desde algún lado. Creí que soñaba. Un olor a hembra sudorosa empezó a invadir el caserío. Demoré en descubrir que la ventolina emanaba del cuerpo ya desnudo y no de la costa brava. Permanecí tenso. No me sorprendió escuchar la voz de la mujer invitándome (ahora sí) a tomarla. Acepté y pensé: así es mi destino.
L.

Flaca

Una respuesta difícil


Leo en el diario que en Mar del Plata murió hoy un guardavidas (o bañero como se lo llama aquí) luego de salvar a una joven en grave peligro. El hombre, de 57 años, entró al mar y con gran esfuerzo logró salvar a la bañista que se había aventurado lejos de la costa. Ya en la playa el guardavidas se sintió mal (un dolor en el pecho), se desmayó y murió. No sé por qué después de leer la noticia me pregunté si yo estaría dispuesto a morir por un desconocido o incluso por mi mejor amigo en el mar o donde sea. Una vez le preguntaron eso al escritor Raymond Carver. Primero vaciló pero finalmente esbozó una poco heroica respuesta negativa. "No moriría por un amigo y menos por un desconocido -dijo-. Ellos tampoco lo harían por mí y yo no querría que lo hcieran. Mis amigos y yo nos queremos... pero nos queremos un poco más a nosotros mismos". 
L.  

Los otros


Los otros no son lo que esperábamos de ellos. ¡Nos habíamos hecho tantas ilusiones! Pero tarde o temprano nos defraudan. Son mucho menos que lo mínimo imaginado. Nunca están a la altura de nuestros sueños. Confrontar luego expectativa y realidad nos lleva a un estado de permanente desencanto. Malditos otros. Nos engañaron y, ahora, metidos en el baile, tenemos que bailar con ellos. Y lo más grave es descubrir -un día cualquiera- que los otros somos nosotros. 
L.

Escribir convencionalmente


En medio de una tensa calma, y bajo una lluvia pertinaz, una multitud abigarrada esperó varias horas la llegada del ministro. El aire se cortaba con un cuchillo. Finalmente, en una breve pero emotiva ceremonia, el monumento conmemorativo quedó inaugurado en el día de la fecha por las autoridades locales. El funcionario esperado, sin embargo, brilló por su ausencia.
L.

martes, 1 de marzo de 2011

Vivir convencionalmente


Se supone que la vida se organiza en etapas. Está el nacimiento, la infancia feliz, la adolescencia torpe e iniciática, la juventud divertida y alocada (sexo, droga y rock pesado), el estudio universitario "para tener un futuro y ser alguien", el casamiento (asociado a la cárcel, los insultos y la anorgasmia), la conquista de un/una amante para no aburrirse tanto en el matrimonio, una vida profesional triste, sin humor, hasta envejecer, jubilarse y morir. Eso sería todo. ¿Pero por qué no es posible ser niño a los noventa? ¿Por qué no puede descubrirse el amor a los diez? ¿Quién dijo que para ser alguien hay que postergar los deseos verdaderos? ¿Y desde cuándo la vida en pareja es o debe ser tediosa y chata? Clasificar no significa entender. Vivir convencionalmente no significa vivir. 
L.  

Sentir convencionalmente


Estamos tan domesticados en la expresión como en las costumbres. No solo mentimos en las acciones sino también en las palabras que usamos. Lloramos sin ganas, decimos buen finde en la oficina como si creyéramos en eso, saludamos a un deudo con mi más sentido (y falso) pésame, besamos, a veces, por compromiso y para quedar bien. Algunas mujeres fingen orgasmos y algunos hombres dicen discursos solemnes acerca del amor. Después, en el bar, se ríen con los amigos. Saluditos de cumpleaños en el facebook, promesas de siempre voy a estar ahí que jamás van a cumplirse, conmovedoras acusaciones que fueron sacadas de una película que incluye procesos judiciales. ¿Por qué tanto rechazo a decir por lo menos una verdad verdadera? ¿Por qué sentir de manera convencional y no con el alma y hasta con los genitales? Se lo pregunté a Andrea y respondió lo justo. Tenemos demasiado miedo a no ser aceptados por los otros.
L.