martes, 22 de octubre de 2013

La casa


La casa tan amorosamente construida, llenada y fecundada por sus habitantes, la casa como una mujer cubierta de libros y papeles y huellas de gatos desaparecidos, la casa, es decir, ese lugar o arrecife o promontorio que pronto será un amontonamiento de ruinas y escombros, la unidad fragmentada por siempre y para siempre donde ya nada podrá identificarse como se debe, la cama o la casa donde durmieron bellas durmientes ahora convertidas en dibujos primero animados y luego arrugados, quién sabe, la nueva casa en que se transformará la antigua luego de la mudanza hacia otro sitio destinado a volverse, también, ruinas y escombros, sábanas manchadas de amor y deseo sin nombre, puertas que ya no abren ni con siete llaves de oro, la casa descasada, convertida una vez más en madre soltera y sus nueve puertas, las que conducen al fondo de toda esperanza, cerradas ventanas de viento y apenas marcadas, las finas paredes, por huellas de gatos, de gatas, corpiños y perras.
L.

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