lunes, 31 de mayo de 2010

Etapa superada


Todos me dicen o escriben que tal o cual cosa que vivieron ya fue superada. Esa etapa (dicen) fue resuelta por completo. No importa lo que sea. Un amor, un dolor, una muerte, una tristeza, una situación de cualquier tipo. Por suerte (dicen) quedó atrás. Me quedo con lo más lindo y ahora (por suerte) soy feliz. Ya todo aquello pasó. Fue hermoso mientras duró. Pero lo superé. Me curé (dicen también). Lo superé totalmente. Ahora estoy en la etapa siguiente que también será salteada. Y todo así. O sea que la vida se compone de etapas (escalones de mármol o madera) que se superan cual bases de béisbol. Vamos saltando de una a otra. Somos bailarines excepcionales. Pienso. Qué tontería. No hay etapas en la vida. Ninguna. No hay escalones ni escaleras. Hay un continuo indescifrable. Y ninguna etapa (si existe algo así) se supera jamás.
L.

El amor es promiscuo


Cuando se ama a una persona se aman también sus olores, sus fallos, sus torpezas, sus angustias, su soledad, su miedo, sus pequeñas traiciones. El amor es promiscuo. Es un baño con la puerta abierta. Sucio y bendito a la vez. Si es puro no es amor. Cuando se ama a una persona se aman también sus fantasías sexuales con otro u otra. Amamos esas fantasías aunque duelan porque también son parte del conjunto. O porque el ser amado incluye la humana tentación de desviarse e incluso abandonarnos. Amamos también esa tentación. El amor (cuando es amor) es incierto y efímero como una flor de alta montaña. Una flor rara, puta, deslumbrante.
L.

No todo vale en Colombia


Leí recién las primeras declaraciones del hobbit Antanas Mockus, segundo candidato más votado después de Juan Manuel Santos, el asesino y mafioso increíblemente ganador en las elecciones presidenciales de ayer en Colombia. Mockus consideró un milagro haber llegado a la segunda vuelta. Pero dijo algo aún más importante. Dijo que en la política y en la vida no todo vale lo mismo. No todo vale si damos por tierra con principios mínimos de ética, legalidad y comportamiento. Mockus es un pedagogo magistral. Ha tomado la campaña electoral a la manera de un gran foro donde enseñar algunas cosas. No llegó a todo el alumnado sino a una pequeña parte. Es célebre el episodio donde el líder del Partido Verde tuvo que bajarse los pantalones y mostrar el culo para que lo escucharan. Así logró el silencio necesario para dictar la clase. Al menos algunos estudiantes (pocos pero buenos) lo oyeron con atención. Por eso Mockus ya ganó. Santos (coronado por siete millones de votos ciegos y suicidas) es un perdedor neto. Hará mucho daño. Hundirá a Colombia en una renovada ciénaga de muerte, violencia y corrupción. Pero en el alma de los colombianos más puros y lúcidos el profesor Antanas Mockus es el verdadero ganador. Es (será) el compañero presidente del futuro.
L.

¿Y a nosotros quién nos lee?


Si cada uno de nosotros fuera un libro, ¿qué leeríamos al mirar páginas y páginas en blanco o llenas de manchas y borrrones? Poco y nada. La letra no se entiende, las frases son confusas, no hay ideas ni notas al pie. No hay solapas biográficas ni contratapas aclaratorias. Se ve apenas el nombre del autor pero no el título de la novela invisible. Si miramos hacia adentro de nosotros lo que veríamos es una pura y simple oscuridad. O (diría Sartre) un montón de queso derretido. De esto se deduce la necesidad imperiosa de encontrar lectores curiosos y capaces de leernos hasta donde sea posible. Gente dispuesta a entender algo en la neblina que somos. Puede ser un amigo, una novia, un analista, incluso un extraño que conocimos en el subte. Pero debe ser otro. A los periodistas inexpertos les gusta preguntar a su entrevistado cómo se definiría. Lo ponen en problemas dado que no hay respuesta posible para semejante duda. El elegido responderá cualquier cosa para salir del paso. Nadie puede definirse ni por aproximación. Nadie puede leer su propio libro. Habrá que salir entonces a la caza de buenos lectores. Pero antes debemos aprender a elegirlos con intuición, sagacidad, amor e inteligencia. Así como no sabemos nada de los otros menos (mucho menos) sabemos algo de nosotros mismos.
L.

domingo, 30 de mayo de 2010

Elogio de la vida en pareja


Trabajando hace años para un diario me pidieron que escribiera una nota sobre solos y solas. Cuando la entregué la editora me dijo que si no cambiaba el final los lectores iban a suicidarse en masa. Me pidió que pusiera que un solo o una sola pueden tener plantitas en la casa, comer con mantel, cocinar rico, etcétera. Debía concluir que así la persona está mejor preparada para una futura convivencia. Obedecí punto por punto. Quería cobrar la nota aún sabiendo que la conclusión era estúpida. Cuando estoy solo como atún directamente de la lata, jamás pongo mantel en la mesa, vivo rodeado de papeles y libros y no tengo ganas ni de lavar un vaso. El gato y yo nos miramos sin entender. No me engaño. Al menos para dormir y comer la vida en pareja contribuye enormemente. Dejemos de lado lo demás. Dormir y comer, reírse un poco, ver una película, compartir una lectura. Todo va mejor con cocacola y entre dos. Que me disculpen la editora y los fabricantes de mentiras en general.
L.

Una esperanza menos


Siete millones de colombianos acaban de votar por un padre golpeador y pendenciero. Juan Manuel Santos -aliado de las mafias de la droga y los paramilitares- se impuso con siete millones de votos sobre la esperanza Mockus. El hobbit de los girasoles que esta mañana hizo una suelta de mariposas como señal de libertad y sueños, obtuvo algo más de tres millones de votos. Junto con el Polo Democrático (izquierda) redondean cuatro millones de sufragios conscientes de la necesidad de un cambio para ese país signado por la tragedia colectiva. Están ahí y se hicieron escuchar. Pero no alcanzarán si hay segunda vuelta. Eso lo adelantó con pena este blog el sábado último (Colombia en el corazón). En la vida no pasa como en las películas o las novelas del corazón. En la vida ganan los malos. Y si por accidente los buenos acceden al poder (Salvador Allende es un ejemplo) los podridos poderes se ocupan de ahogar en sangre el accidente. El tiempo no ha dicho aún su última palabra. Y quizás no la diga nunca. Pero ningún esfuerzo será inútil. Cuatro millones de colombianos despertaron para siempre. Lo hicieron como debe ser. Con pesimismo en la idea y optimismo en la acción.
L.

Elogio de la razón impura


El acto de desear a alguien incluye la noción de cuerpo y apetito. Frases como te como toda encierran una verdad profunda más allá de la brutalidad. No hay altruismo ni armonía en el deseo. No hay pureza. Un simple beso implica un poderoso intercambio de bacterias. ¿Dejaríamos de besar por eso? Hay belleza hasta en la fealdad. Nada más repugnante que pretender maquillar la vida como esas fragancias que se usan en los baños de oficina. En nombre de la sinceridad habría que declarar la guerra al buen gusto y a los pensamientos puros. Lo hizo Girondo (1891-1967) con su poesía prosaica. El hecho de poseer un hígado, dos riñones y hasta genitales -ejemplificó- ¿no justificaría que pasáramos los días aplaudiendo la vida y a nosotros mismos? ¿Acaso no es un milagro?
L.

Crítica de la razón pura


Aislarse y pensar mucho puede llevar al desastre. Bastaría recordar lo que pasó con Martin Heidegger (1889-1976) el filósofo más influyente del siglo XX. Su pregunta por el ser lo llevó al mito platónico de la caverna y a continuación creyó ver una revolución metafísica en el nazismo. El pensador sensible, el enemigo de la técnica, el amante secreto de Hanna Arendt, el hombre que leía a los presocráticos y rechazó el ideario cartesiano, elevó el brazo derecho para saludar la cruz gamada mientras en Auschwitz morían millones de hombres, mujeres y niños en cámaras de gas. Después se hundió en un profundo silencio que aún hoy es motivo de discusión. A la luz de esta experiencia quizás convenga ensuciar el pensamiento. Pensar junto a otros. Analizar socialmente las consecuencias de una idea. Las palabras (dijo Santa Teresa hace 350 años) llevan a las acciones y conducen el alma hacia la ternura. Al hacer de Hitler su ídolo mayor Heidegger no quiso o no supo ensuciar con afecto las ideas. Los teólogos abominan del pensamiento impuro. Lo asocian al pecado de la carne y predican la higiene como forma del amor a dios. Eso no impide a altos prelados de la iglesia abusar sexualmente de monaguillos y seminaristas. La abstinencia es peligrosa. Heidegger debió pensar con la cabeza en el cielo y los pies en la tierra. La razón pura (llevada al extremo) engendra monstruos.
L.

Blog de autoayuda


A veces releo lo que escribo y me río de mí mismo. Por momentos parezco Paulo Coelho aconsejando cómo hay que ser y cómo hay que vivir. No hay que dispersarse, debe hacerse esto y lo otro, el amor es tal cosa, el enamoramiento es aquello, lo principal son los proyectos personales, etcétera. Sólo me faltaría decir que la felicidad son momentos y el manual del imbécil estaría completo. Muy lindo todo. Lástima que soy disperso y me cuesta concentrarme. Lástima que no tengo idea de qué cosa es el amor. Vivo al día y sin proyecto alguno. Veo llover por la ventana y a veces ni eso. Digo que hay que actuar de tal o cual manera pero después no sé qué hacer con el sermón. Es gracioso. Creo ser consciente del problema. Una cosa es querer diferenciarse y muy otra es ser diferente realmente y sin intencion de serlo. El pez por la boca muere. El pez debería desconfiar de su instinto y no morder tantos malditos anzuelos.
L.

Cumpleaños I


No sólo no hay edad para el amor. Tampoco hay pruebas o razones. El amor es un camino que no lleva a ningún lado. Lo recorren solamente los que viven por vivir. De ellos será el reino de los cielos. De ellos y nadie más. Los de afuera no entienden y murmuran por lo bajo. Señalan con el dedo mientras algo brilla afuera. El cumpleaños del amor no tiene fecha. La fiesta es permanente y solo hay dos invitados. Soplan juntos en la cama y no apagan las velitas.
Las dejan encendidas por si acaso y para siempre.
L.

Cumpleaños II


Sólo podemos dar lo que hemos dado. Lo que ya es del otro. Lo ha dicho el poeta y lo dicen a su modo las aves migratorias. Lo escriben cada mañana con sus alas mientras dibujan nubes en el aire. De muchos días se hace un día. De muchas flores una flor. El regalo se compone de horas pasadas junto al río de los sueños. De un gato que observa y duerme. De largas caminatas sin rumbo. Bosques de tinta en la pizarra. Hojas escondidas en un libro. Jugos y juegos se repiten como olas de un mar inconcebible. Dar lo que ya hemos dado. Lo que pertenece al otro por siempre y para siempre.
L.

sábado, 29 de mayo de 2010

Emily


Resulta difícil evaluar en caliente la importancia de lo que hacemos. Algunos creen que pueden y lo hacen. Suponen (algunos) que tuvieron éxito en tal o cual empresa. Nunca se sabe. Y en todo caso el mal llamado triunfo empobrece. En la cima uno siente que puede deshacerse del material sobrante. Entonces va tirando todo para sentirse más y más ligero. No percibe el navegante que eso que arroja al mar puede ser quizás lo mejor de sí mismo. Conviene aceptar el vértigo del enigma. Conviene esperar. La poeta estadounidense Emily Dickinson (1830-1886) pasó la mayor parte de sus 56 años en una casa con jardín situada en Amherst, Massachusetts. Raramente se movió de ahí. Los vecinos sentían lástima por ella. Tan sola e inútil. Tras su muerte la hermana encontró casi dos mil poemas manuscritos en un baúl de la habitación. Excepto cinco poemas (tres de ellos publicados sin su firma y uno sin que la autora lo supiera) toda la obra de Emily permaneció inédita. Hoy nadie discute su grandeza y sus libros se agotan. Yo soy nadie -escribió-. ¿Quién eres tú? ¿Eres nadie también? Vestida siempre de blanco vivió sigilosa y murió olvidada. No evaluó en caliente la importancia de lo que hacía. No se tentó.
L.

Invento en mí a un soñador

Colombia en el corazón


No suelo hablar de actualidad en este blog. Voy a hacer una ligera excepción con las elecciones presidenciales de hoy en Colombia. Quizás me ocupo del tema por razones más emocionales que políticas. Pero eso importa poco. Sea por lo que sea mi corazón está vibrando junto al candidato Antanas Mockus, un matemático y filósofo parecido a un hobbit que va acompañado por Sergio Fajardo, otro pensador excepcional. Ambos científicos (reunidos en el Partido Verde) son dos raros accidentes en ese país marcado por la tragedia colectiva. Ambos demostraron ya en Medellín y Bogotá que son brillantes gestores de gobierno. Pero, qué pena, por lo que pude saber el candidato triunfante en la probable segunda vuelta no será el hobbit sino el señor oscuro de Mordor, un asesino confeso llamado Juan Manuel Santos. Los principales aliados de este último son los paramilitares y los mafiosos de la droga. Será muy triste que el futuro de ese país oceánico, montañoso y musical caiga en manos de los santos diabólicos. Por eso mi corazón late hoy junto a los duendes que andan en bici y enarbolan girasoles y lápices en una tierra fecundada por la muerte, el silencio y la mentira.
L.

Sin riesgo no hay blog


Releyendo los últimos posteos y mirando el blog en general observé que hay abundancia de cuerpos desnudos, palabras obscenas, temas vinculados al sexo. Si avanzamos en esa línea van a acusarnos con razón de pornógrafos. Debo advertir (sin embargo) que esta suerte de realismo sucio esconde la aviesa intención de provocar a nuestros pocos pero fieles seguidores. Pero no a cualquier precio. La idea es hacerlo con altura y permitir que la supuesta perversión visual promueva de paso la lectura de relatos o pensamientos que consideramos valiosos por tal o cual motivo. Hay un interés decididamente artístico y existencial en los que hacemos Suspendelviaje. Un poco de tristeza también. Quien se sienta ofendido por la exhibición de cuerpos y palabras asociadas debería entender ese trasfondo o (como dice un clásico poema) la inocencia de no ser inocentes. Tratamos con mayor o menor éxito de empujar los límites. Sin riesgo (además) no hay blog ni nada en esta vida.
L.

Sin culo no hay sentimientos


La frase apareció anoche en el contexto de un taller literario. Sin culo no hay sentimientos. Surgió por asociación libre tras la evocación de una telenovela colombiana llamada Sin tetas no hay paraíso. Una alumna y yo discutimos en broma sobre la paternidad del enunciado y su posible utilidad para titular una novela. De regreso a casa (y más allá del chiste) pensé un poco la cuestión. Las nalgas son o serían la contracara del mundo espiritual. Bastaría mencionarlas en un ámbito académico para producir un justificado revuelo. El discurrir filosófico no podría jamás ser asociado con semejante zona del cuerpo y el lenguaje. Creo sin embargo que la frase resume una verdad fundamental. La existencia precede a la esencia. Ni siquiera el pensamiento más elevado puede ignorar la anatomía por menos elegante que resulte. Eso incluye también las partes más abyectas e indecentes. La verdadera poesía es impura por definición. Conviene mezclar y retomar entonces los postulados iniciales. Sin culo no hay paraíso. Sin tetas no hay sentimientos.
L.

viernes, 28 de mayo de 2010

Elogio del sentido práctico


Raymond Carver se hizo escritor para poder pagar las deudas. Su mujer de entonces estaba embarazada con sólo 17 años y trabajaba de camarera. El consiguió un puesto en un hospital y a la vez descubrió que una revista publicaba cuentos cortos a tres dólares la línea. Su admirado Antón Chéjov era médico rural. Galopaba en el campo ruso varias horas para atender pacientes en desgracia. La miseria lo acosaba. También supo un día que un diario pagaba por sus cuentos. Así nacieron dos maestros del relato breve. Ninguno escribió novelas. Se guiaron apenas con sentido práctico. Jamás se preguntaron qué les gustaría estudiar o en qué desearían trabajar. Se limitaron a hacer del obstáculo un camino. Primera conclusión. No hay vocación ni destino. Segunda. Hambre y amor mueven al mundo.
L.

Amor o enamoramiento I


El riesgo de sobrevalorar a alguien es degradarlo a continuación. El enamoramiento idealiza (alucina) al otro hasta límites insospechados. Es así por necesidad y no por error o inmadurez. Necesitamos inventar un dios para encender velas a su nombre. La fase alucinatoria del amor es como la primera versión de un texto en literatura. Sin ella no habrá segunda ni tercera. No tendríamos ninguna base para trabajar sin esas frases torpes del comienzo. El primer beso bajo las ramas de un árbol es de cualquier modo inolvidable. Pero la luz que asoma entre las ramas deberá ser luego confirmada. Si el fulgor sobrevive al hastío, a los platos sucios, al mail descubierto al azar con trampa manifiesta, al acto rutinario de sacar la basura después de las 9, entonces sí, la historia se pondrá mejor que nunca. No está de más (igual) permanecer atentos. El riesgo de sobrevalorar a alguien es degradarlo a continuación.
L.

Enamoramiento o amor II


En cierta noche de otoño una mujer se pregunta (mientras un remolino de hojas se agita gravemente en la calle) si está realmente enamorada. La pregunta es fatal. Se la hizo alguna vez Emma Bovary y terminó arrojándose a las vías de un tren. Es una duda constante que se nutre de la mala prosa, la mala prensa y la canción romántica. Pero no lleva a nada. Mejor concebir el enamoramiento como una fase alucinatoria (aunque necesaria) de cualquier vínculo amoroso. Lo que importa viene después. Todo es hermoso en el desierto ilimitado. Pero la prueba entre las pruebas de los caminantes está en saber que un espejismo no apaga la sed. La idea jamás remplaza al acto. El amor se construye con agua de verdad.
L.

jueves, 27 de mayo de 2010

Consecuencias


Cada cosa que hacemos tiene consecuencias. Llamar a alguien. Pronunciar una palabra. Escribir un mensaje y no responder a otro que recibimos. No existen los actos gratuitos. Si tendemos un puente alguien querrá cruzarlo. Si lo destruímos habrá una persona que tal vez no pueda pasar. Si golpeamos una puerta es posible que alguien abra. Y después (maldición) habrá que hacerse cargo. Atención. Hacerse cargo de algo no es bien visto. Cuidado con lo que hagas. Tarde o temprano tendrás que pagar las consecuencias.
L.

Contra la dispersión


Todo hombre casado o en pareja fantasea con otras mujeres. Algunos trabajan duro en la cuestión, ponen el cuerpo, mienten en casa, organizan encuentros fugaces en hoteles, histeriquean por mail o por chat que son ideales para eso. También las mujeres practican el deporte. Total la vida es corta y acaso un amante lejano supere largamente al oficial. Fui parte de ese club hace varios años. Pero un día decidí no pagar más la cuota y privarme de la servidumbre. La dispersión no es buena para escribir, para dormir, para estudiar y menos para el amor. Prefiero la concentración extrema siempre que surja de un deseo genuino. No creo que existan la mujer o el hombre de la vida para nadie. Pero debemos ser mínimamente responsables en casi todo lo que hacemos. Entregarnos a una única persona (además) nos conecta en vivo y en directo con el dínamo de las estrellas. ¿Qué más puede pedirse?
L.

Jueves


Estoy escribiendo demasiado para este blog, sí, mucho y demasiado. Debo poner mi energía en otras cosas. En las tareas de este jueves por ejemplo. Vivir el presente como dicen los felices. Y por si acaso añaden la palabra intensamente. Sería así. Vivir en el presente intensamente. Rima y todo. Cuando en realidad el tan bonito presente ni siquiera existe. La frase que inicia este post ya es vieja. Estoy escribiendo demasiado para este blog. Eso es pasado. Entonces (dado que el ayer no está en ninguna parte) nos quedaría apenas el futuro para pensar qué maldita cosa haremos con él.
L.

Teoría del poema


Inés (compañera de trabajo) es buena lectora pero me dice que no le gusta la poesía. A mis alumnos de periodismo tampoco salvo raras excepciones. Y en general , salvo el círculo cerrado de siempre, lo poético parece haber pasado a mejor vida. Desde siempre soy lector y escritor de poesía. En eso no creo que haya cambios. Pero entiendo el rechazo visceral por lo poético. Los versos que se ven por ahí suelen ser abstractos, retorcidos, alejados de la vida. Muchos poemas están cruzados por el prejuicio (ridículo) de lo sublime. Aburren de tan elevados y pretenciosos. La buena poesía rehuye esos vicios. Los buenos autores hacen versos con un gato, un horno viejo, una bombacha sucia o la cabeza cortada de un halcón. Los que no me crean lean a Carver, a John Donne, Pound, Girondo, Teillier, Vallejo. Comprenderán que la poesía bien entendida es impura por definición. Y es (como todo lo que vale) un conocimiento menos convencional y revelador de lo que pasa y nos pasa.
L.

Teoría del estilo


Todos tenemos un estilo singular de ser y estar. Y si no lo tenemos deberíamos preguntarnos por qué. Si por estilo entendemos una forma y si admitimos que la forma arrastra contenidos, podemos concebir la vida de cada cual como una pequeña obra de arte. Su mayor o menor calidad dependerá de nosotros. De no aceptar palabras de otros, consejos de otros, comportamientos llamados habituales que en realidad son copias de fotocopias y sombras de otras sombras. Cuando un discurso, un movimiento impensado o una conducta se apartan del más directo, útil e insensible modo de estar en el mundo, podemos decir que alcanzamos (por fin) un estilo, una manera autónoma y ejemplar al mismo tiempo. Será algo que va a distinguirse del conjunto. La búsqueda esencial empieza por ahí.
L.

Teoría del arte


El origen del mundo -famoso cuadro de Courbet que se expone en uno de los más respetados museos de París- ha sido cuestionado por la Iglesia como obra de arte. La evidencia de las formas lleva a suponer que se trata de una exhibición pornográfica. Pero la pintura que ilustra este post carece de un contenido determinado. No pretende decir nada sobre algo. Es algo y ahí está la diferencia mayor. Difícilmente excite a alguien la observación atenta de la figura expuesta. El arte no calienta por ese lado. Y si lo hace la excitación se apacigua por obra de la experiencia estética. Genet ha dicho que si sus libros despiertan fantasías prohibidas en los lectores es porque fueron mal escritos. Una obra artística no debería carecer de elegancia. Pero El origen del mundo, pese al fuerte impacto de la imagen, mantiene la elegancia de líneas. No excita. Perturba.
L.

Teoría del blog


Los blogs componen una extraordinaria afirmación de vida. Son un grito desesperado del espíritu y también del cuerpo. Es el viejo miedo a desaparecer sin huellas convertido en su reverso. Es como si cada uno de nosotros dijera aquí estoy, existo, pienso, sueño, amo, no amo, rechazo, adhiero, respiro, soy, leo, voy al cine, tengo amigos, no tengo, quiero cambiar esto o aquello de mi vida y el mundo, sufro en bicicleta y en la cama. Tengo ganas de ser feliz, sí, muchas ganas. Pulsión de amor y sed, aullido en la manada, los blogs serán buenos o malos, bien o mal escritos, eróticos o escatológicos, absurdos y desvariados como éste. Pero quienes los hacemos aspiramos a dejar un registro vibrante de nuestro existir sin causa ni por qué. Mi teoría del blog sostiene que estos espacios son un desafío inconsciente a la soledad y la muerte. ¿Qué no debemos quedarnos pegados a la computadora? ¿Qué conviene cuidar más la forma visual? ¿Qué sería bueno evitar que los posteos se conviertan en confesionarios patéticos y sin interés para nadie? De acuerdo. Pero quien arma una red tan grande y polifónica (porque somos un coro universal) secretamente espera enormes cambios en el último minuto. Sin exagerar. Pequeños cambios también alcanzarían.
L.

miércoles, 26 de mayo de 2010

El deseo


El deseo es erótico aunque no haya sexo en juego. Es el acto de darse a algo o a alguien sin poner condiciones. Si de amor se trata resulta doblemente imbatible. Y si es recíproco se convierte en una conspiración de dos contra el mundo. El deseo ofrece al otro un alivio. No una solución. Un respiro. No un salvavidas. Un vacío. No el consumo o el entretenimiento. Un espacio donde desplegar y a la vez recibir. No una compañía. El deseo insiste, abre, libera, empuja hacia adelante y lejos. Mientras estés en mis brazos nadie podrá hacerte daño. Pero cuidado. No hay paz en la noche de los lobos.
L.

Robé la foto a Ailin Daniela Gomez, lectora reciente de este blog.

Contra las explicaciones I


Y después están los que interpretan todo, saben todo, explican hasta el último pelito que cae y de inmediato dicen por qué. Los sobrecargados de psicoanálisis dicen que el sol es el padre, es decir, la imagen misma de la castración. Uno sueña con un paraguas y seguro es un pene. ¿El del sol? ¿El del padre? Ya no hay hechos. Sólo interpretaciones. En base a la idea correcta de que todo es una construcción desaparecen los acontecimientos (la cosa en sí), se borra el amor (convertido también en una máscara engañosa) y hasta el deseo. Leen un cuento y saben qué le pasaba a la protagonista cuando esa tarde bajó a la playa. Ven un pescado podrido en una película y no es un pescado. Es el derrumbe del capitalismo. Y así con todo. Parece que ya no es posible recuperar la inocencia previa a toda teoría, la experiencia como tal, la mirada limpia de impurezas, el gesto que se gesta, de pronto, en un día de lluvia no previsto por los insufribles meteorólogos del alma y el culo.
L.

Contra las explicaciones II


Tomaba cerveza con Mariana (amiga y ex alumna) y me contó el caso de un hombre que la asedia. Se vio con él dos o tres veces pero a la cuarta renunció. Desde entonces recibe una andanada de mails y mensajitos preguntando por las causas de la cancelación. En el último le propone que se encuentren a tomar algo para "aclarar" lo ocurrido. Mariana duda. Al final me dijo que no tiene ganas de ver a ese hombre. Y eso pese a que es alto como ella, no es feo, baila tango y hasta le gusta el cine independiente. Pensé que en situaciones como esa no hay nada que aclarar. Con decidir alcanza.
L.

Amor y llanto


Lloré seis años por una mujer que me dejó. No es metáfora. No es una canción de Maná. Literalmente viví esa cantidad de tiempo llorando a una mujer. Recuerdo que en aquellos tiempos mi analista dijo que algún día pensaría en esa persona como en una buena chica. Sólo eso. Una buena piba, para decirlo en porteño. Me enojé ante el sacrilegio y estuve a punto de abandonar la terapia. No se le podía decir eso a un creyente que andaba por el mundo con velas encendidas. Debo admitir ahora que mi analista tuvo razón. Ese día llegó. La mujer por la que lloré seis años es (ha sido) una buena chica. Aunque debería meditar la pertinencia del adjetivo utilizado.
L.

Sexo y letras


Leer una novela de amor que omita la experiencia sexual es irritante. Es algo tan molesto como leer una novela que reduzca la vida a la experiencia erótica. Pero si se trata de elegir es preferible lo real a lo irreal. La existencia precede a la esencia, decía Marx. Un lector despierto quiere saber si al héroe lo excita la heroína (y a la inversa). Es cierto que el tratamiento de lo sexual en literatura se vuelve una materia extremadamente sensible. Hay tantas ideas previas, tantas convenciones, tantas frases hechas y vulgaridad que al final los autores tienden a demostrar hipótesis más que a mostrar lo que de verdad sucede. Así como por la bragueta se suelen ir los hombres al infierno (según la visión de los teólogos), muchas novelas de amor se precipitan al absurdo por el mismo sitio. La bragueta es misteriosa y no se deja nombrar tan fácilmente.
L.

Bosques y diarios


En 2009 el mundo perdió diez millones de hectáreas de bosques. En lo que va de este año la cifra se aproxima a los cinco millones. Esa masa boscosa y selvática contribuye directamente a la fabricación del papel que utilizan los 200 mil diarios que se publican en el mundo. Se trata de los mismos diarios que advierten a sus lectores sobre el peligro que representa el desmonte de árboles y selvas.
L.

Las cifras anotadas en el texto no son arbitrarias. Los interesados pueden verificar su exactitud en http://www.worldometers.info/, reconocida web de estadísticas en tiempo real.

martes, 25 de mayo de 2010

La vida está en otra parte


A veces sí. A veces lo que importa ocurre en otro lado. En otro país. En otra dimensión de la existencia posible. Saberlo no es malo ni bueno. Y el encierro de todos modos no es total. Podemos aproximarnos como los chicos de la foto. Podemos espiar el mundo y tragar un poco de aire puro. Lo que se ve es limitado y borroso. Por momentos da miedo. Pero es hacia ahí donde debemos mirar de manera obsesiva. En la dirección prohibida y hasta quedar ciegos.
L.

Jóvenes + solos que nunca


Acabo de leer una encuesta elaborada por la Fundación Inglesa de Salud Mental donde se revela que casi el 60 por ciento de los entrevistados entre 18 y 34 años dijeron sentirse solos por momentos, casi siempre o siempre. El estudio subraya -a diferencia de lo que suele pensarse- que las redes sociales no hicieron más que agravar el problema. Un 35 por ciento de los encuestados admitieron que pasan más tiempo comunicándose con amigos y familiares por Internet que personalmente. La tendencia se observa sobre todo en las grandes ciudades y no en el campo. La moraleja de la encuesta resulta obvia. Habrá que olvidarse un rato de las computadoras, dejar incluso de leer blogs como éste o cualquier otro, salir a dar una vuelta por ahí, compartir un mate, darle un beso a alguien, etcétera.
L.

Imposible amoroso


En algún momento de la instancia amorosa la felicidad parece evidente. Pero tarde o temprano ese proyecto común se inclina hacia la crisis o el desastre. A la vez polígamo y apegado a una conyugalidad que le es necesaria el hombre es tan incapaz de abandonar a su mujer como de serle fiel. Y esto que antes era patrimonio masculino está rotando modernamente al espacio femenino. Siendo así las cosas la pregunta es qué hacer. No hay respuesta. Hombres y mujeres mantenemos en alto el imposible amoroso pagando a veces el precio de la desesperación.
L.

¿Patria sí?


Se usa y abusa de la idea de patria en estos días bicentenarios. Alguna gente luce escarapelas. Los vecinos sacan banderas al balcón. Si bien no simpatizo con las citas voy a recurrir a dos que ayudan a esclarecer el asunto. Una fue tomada de una canción de la resistencia española en tiempos de la guerra civil. Dicen que la patria es un fusil y una bandera/La patria son mis hermanos que están labrando la tierra. La otra pertenece al escritor y pensador paraguayo Rafael Barret (1876-1910). Conversen con un trabajador cualquiera. Se ocupará de sus cosas y su oficio. Nada hará suponer que piensa en la patria. [...] No hablan a cada momento de la patria los que la engendran sino quienes la explotan. Es todo por hoy.
L.

Internet en la cama


Acabo de leer en un diario que cuatro de diez mujeres argentinas revisan los mails de sus novios y esposos a la búsqueda de infidelidades. Soy enemigo del espionaje sexual. Me parece que su ejecución no lleva a nada importante. Y que descubrir algún desvío en la bandeja de entradas no ayuda ni al conocimiento de las personas ni al vínculo establecido. Pero hablando ayer con una amiga (protagonista de una de las tres historias que cuento abajo) pude ver otro aspecto de la cuestión. Ella me dijo que siempre es mejor vivir sabiendo con quién estamos. Y que fingir un todo bien constante no ayuda a la causa amorosa. En eso (creo) tiene razón. Pero considerando la cuestión en su conjunto supongo que debe primar la lealtad y no la desconfianza en las parejas. Otro punto interesante se relaciona con las endiosadas nuevas tecnologías. Si vinieron para también meterse en nuestra cama pienso que será mejor volver a la máquina de escribir o a las señales de humo.
L.

Mujeres solas I


Cuando nos mudamos a la costa Mayra y yo pasábamos por el mejor momento de nuestras vidas. Como encargados de un hotel nos considerábamos tocados por la varita del destino. Mayra se ocupaba de recibir pasajeros y yo del mantenimiento y la cocina. Por la noche salíamos a caminar por la orilla del mar. Hasta hicimos el amor en la arena un par de veces. Nos parecía romántico y por eso lo hacíamos. Un día yo estaba arreglando el inodoro de uno de los cuartos cuando entró a limpiar una empleada que habíamos tomado al hacernos cargo del hotel. Se llamaba Itatí pero no era paraguaya. Usaba polleras cortas y escotes que armonizaban bien con el clima de playa y relax. Algunos hombres casados la miraban sedientos. Cuando Itatí entró en el cuarto la saludé desde el baño y, al salir, la encontré viendo televisión en la cama y con las piernas entreabiertas. Lo que pasó después no viene al caso. Lo cierto es que empezamos a hacerlo de manera organizada tres o cuatro veces por semana. Mayra, que no era tonta, acabó enterándose. Dijo una tarde que quería hablar conmigo. Recuerdo que esa noche fuimos juntos a la playa como lo hacíamos cuando todo parecía marchar de maravillas. Terminé admitiendo lo de Itatí pero aclaré con firmeza que se trataba de una aventura sin importancia y que estaba dispuesto a parar con eso. Intenté abrazar a Mayra por atrás y voltearla en la arena como en los buenos tiempos. Pero fue inútil. La vi alejarse por la playa rumbo al muelle de los pescadores. Iba llorando bajito pero con paso resuelto. Cuando volví al hotel encontré una nota breve de Itatí escrita con faltas de ortografía y una letra desarticulada. Me dijo que se iba del hotel. Me dijo gracias por los servicios prestados.
L.

Mujeres solas II


Ana es más alta que un jugador de basket. Trabaja para el gobierno de la ciudad, cumplió treinta el mes pasado, vive sola y usa unas camisetas de hombre que no pasan desapercibidas para el observador atento. Eran las cinco o seis de la mañana del sábado (ella dormía) cuando sonó el celular. Del otro lado hablaba su novio con vos entrecortada. Siempre arruino todo, decía. El chico estaba borracho. Ana le dijo que tomara un taxi y que lo esperaría en la puerta. Se vistió rápido y caminó varias cuadras guiándose por los llamados donde solo escuchaba una única frase. Siempre arruino todo. Finalmente lo encontró en pleno extravío y lo llevó a su cuarto después de dejarlo vomitar a gusto en el baño. Le quitó la ropa y hasta le bajó el slip negro por las piernas bien torneadas. Era algo que la excitaba en otros tiempos. Aún en el estado de desastre en que se hallaba el joven le guiñaba un ojo y la convidaba a hacer algo que, a la vista del sexo amortiguado por el alcohol, no estaba en condiciones de sostener. Al rato el chico se quedó totalmente dormido. Casi sin querer Ana miró el celular del novio y leyó el nombre de una tal Cynthia al pie de una llamada. Unió el dato a la frase escuchada (siempre arruino todo) y sospechó. A la mañana siguiente se levantó y puso música a todo volumen. Sonaba tan fuerte que una vecina protestó. El joven también se molestó y no pudo volver a dormir. Ella duplicó la apuesta. Enchufó el secador de pelo cuya vibración parecía la de un motor de cien caballos. Hice todo el ruido posible, cuenta Ana. El chico se levantó enojado, se vistió y se fue. En la alfombra quedó el slip negro como un recuerdo de esos que Ana quisiera borrar de su cabeza. Hasta me tragaría un litro de lavandina, dijo un poco antes de viajar al centro.
L.

Mujeres solas III


Paula es maestra en un preescolar y practica danza aérea dos veces por semana. Casada y con pechos duros de adolescente (aún después de amamantar a su única hija) empezó un día a desconfiar de Fernando, su marido de entonces. Fue una intuición que luego se hizo certeza. El hombre fabrica bombachas y corpiños en un taller clandestino. Era un esposo y padre ejemplar con firmes ideas de izquierda. Paula terminó convertida en experta del espionaje cibernético. Pronto supo que en un foro virtual el hombre era conocido como Basualdo. Le extrañó el nombre aunque recordó que una vez leyeron juntos un cuento donde aparece un personaje llamado así. Fernando demoraba cada vez más en volver a casa. Tengo mucho trabajo, decía. Paula se dedicaba a su bebé y empujaba el proyecto familiar sin descanso. Finalmente descubrió en el foro que Basualdo contaba experiencias de alcoba con cierto tipo de mujeres. Los relatos aludían a posturas singulares y detalles que lindaban con lo escatológico. Paula se quiso morir. Increpó a Fernando quien para ella se había transformado en una versión de Doctor Jekyll y Mister Hyde. Un hombre de dos caras y al parecer muy generoso con su esperma. El colmo sucedió una noche en que una mujer de esas apareció en la casa de Paula. Estaba borracha y (como loca) preguntaba por Fernando temblando de rabia y vergüenza. Las dos acabaron sentadas en el umbral llorando juntas y abrazadas. Ahora Paula desconfía y no quiere volver a formar pareja ni en broma. Rechaza a los hombres y piensa que está pagando un karma por algún daño del pasado. Se haría lesbiana si pudiera. Pero (lo subrayó entre resignada y segura) no le gustan las mujeres.
L.

lunes, 24 de mayo de 2010

Elogio de la fealdad


Los hombres y mujeres comunes, es decir, los que raramente aparecen en las tapas de revistas o en la tele son, somos, feos. Calvas brillantes, tetas caídas, arrugas con historia, canas delatoras, culos excesivos, panzas y piernas indecorosas abundan por las calles del mundo. La omnipotencia del cuerpo en bruto desespera a muchos. El camino habitual pasa por la cirugía estética (con resultados fatales en más de una ocasión), las dietas siniestras, el ocultamiento con ropa oscura y demás artilugios de la angustia. El pánico mayor es no gustar al otro y perderse la presunta fiesta sexual de los hermosos. Pero la belleza poco tiene que ver con el amor. Las estatuas de divina proporción no copulan. La fealdad se disuelve en manos del amante y en la cama (dice Nietzsche) el alma cubre al cuerpo mejor que las sábanas. Los espejos se apagan como velas opacas y, ya sin lámparas, obra solamente lo divino.
L.

Desaparecidos del bicentenario


Las fastuosas celebraciones del bicentenario argentino opacan en parte la ausencia de 30 mil personas. No quiero ser aguafiestas (me gustó el recital latinoamericano en la 9 de Julio) pero hay demasiadas sillas vacías a la hora de servir el locro y las empanadas. Un posible candidato a presidente de este país prometió sacar las fuerzas armadas a la calle. Otros políticos dicen que la tragedia setentista ya fue. Hay que mirar hacia adelante. Nunca se comprobó si Mariano Moreno fue envenenado en el mar. Pero sí está confirmado el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas y la desaparición hace dos años del testigo Jorge Julio López. La democracia de Cristina no consigue ocultar a sus propios desaparecidos que languidecen en villas, escuelas, descampados y hospitales miserables. Muy lindas las escarapelas. Muy rico el chocolate con churros. Heroico el gesto de los revolucionarios de Mayo. ¿Pero donde están los desaparecidos del bicentenario? Ni olvido ni perdón para los que mataron ayer, para los que siguen matando hoy, para los que pretenden imponer la indiferencia (el yo no fui/yo no lo voté) como bandera nacional y popular.
L.

Amores desaparecidos


Por momentos parece que la vida consistiera en despedirse. Los amores desaparecidos lo prueban. Y cuando digo amor no me refiero únicamente a la pareja. Hablo de sentimientos que alguna vez despertaron en nosotros personas que ya no están. O porque murieron o porque nos dejaron o porque las abandonamos o por lo que sea. La pérdida es sin embargo relativa. Algo decanta en la experiencia. Algo se instala como sustrato de todo lo vivido. Algo queda y no es recuerdo. Sea lo que sea calienta el alma sobre todo en días destemplados. Ni siquiera sabemos de dónde viene ese raro fulgor. Ni quién o quiénes alimentan el fuego que pensamos abolido para siempre. Tanta agua echamos al fogón que nos creímos a salvo. Pobres ilusos. No existe en la memoria ningún lugar tranquilo.
L.

Blogs desaparecidos


Anoche tuve curiosidad por ver en qué andaban algunos blogs de nuestra lista de recomendados. Para mi sorpresa vi que tres de ellos fueron eliminados por sus autores. Creo entender lo que pudo haber pasado. Salvo el hecho de no ser remunerado el acto de sostener un espacio como éste es un trabajo como cualquier otro. Y es un trabajo duro. Si pasa el tiempo y no aparecen seguidores ni comentarios al pie de los textos el autor empieza a sentirse muy solo. Se enoja con el blog y con la gente. Se cansa de masturbarse en soledad y quiere pareja para seguir haciéndolo en compañía. Los blogs desaparecen cuando se apuesta a ellos como zona de amor, amistad, exhibicionismo o lo que fuere. Eso a la larga no funciona del mismo modo que (con el tiempo) fracasan el facebook, el twitter y hasta el endiosado chat. Las supuestas redes sociales son en realidad montones de pescadores angustiados que arrojan la red a un mar vacío. Se mandan saluditos, manitos con el dedo alzado, emoticones con mates, buena onda y sonrisas. Pero faltan el cuerpo, el beso, el abrazo, la presencia real. Para tranquilidad de nuestros pocos pero fieles seguidores debo decir que este blog no se inscribe en esa línea, o sea, no va a cerrar. Y no va a hacerlo porque al menos yo (Andrea está en pleno combate contra su miedo a escribir) lo considero un cuaderno de notas. Aquí me entreno en la escritura y el pensamiento a la manera de una pista de pruebas. Si hay comentarios mejor y si no hay también. En las 700 entradas de Suspendelviaje hay textos buenos, regulares y malos. Últimamente escribí tres relatos breves (Ella, Intimidad y Ropa interior) que a mi juicio están en el grupo de los buenos. Son, paradójicamente, los que menos comentarios tuvieron. El silencio puede deberse en este caso a que se trata de textos literarios. Sólo importan a quienes como yo aprecian la escritura como un fin en sí mismo y no como expresión de ideas o situaciones. Hablo de Miguel, de Enrique, de Graciela, de Coni, de María Rosa y unos pocos más. En resumen. Este blog no suspende el viaje. Es tarde para volver al puerto.
L.

domingo, 23 de mayo de 2010

Límite


No conviene pedir mucho de la gente. Si una mujer es hermosa no podemos exigirle que además sea inteligente. Si un hombre juega bien al fútbol sería absurdo esperar que también sea simpático, limpio, leal o coherente. Tomemos de cada uno lo que pueda darnos. Si alguien tiene algún talento especial cabría aceptar que sea un completo inútil en los demás aspectos de la vida. Hay un único derecho que sí tenemos (un límite) y es elegir a la persona con quién desearíamos acostarnos, convivir, almorzar, bañarnos, ver el mar o tomar un café. En eso no hay amplitud ni democracia posible.
L.

Elogio del desnudo


Renoir creía que sería admirado por sus pinturas de mujeres y muy especialmente por sus desnudos. Curiosamente quien se detenga a ver los cuadros del artista observará que sus chicas jamás están desvestidas por completo. Lo que las rodea está cubierto por el acto mismo de pintar. El artista ilumina la carne de las damas, su piel, la luz que juega con ellas. Por momentos los desnudos de Renoir parecen castos. Es una rara paradoja. Vemos hombros, pechos, muslos, pies, montículos y hoyuelos. Nos maravillamos con la suavidad y la tibieza. Pero todo (por íntimo que parezca) está velado debido a que la figura humana se oculta eternamente en la acción artística. ¿Por qué atraen tanto los desnudos? Quizás en medio de la soledad colectiva e individual que vivimos se haga necesaria la presencia de cuerpos para consolarnos, fortalecernos, alentarnos o inspirarnos. Ya se sabe que lo visual (además) desempeña un papel importante en la vida sexual de muchos animales. La pornografía explota el hecho para imponerla en los humanos que aún no superaron la etapa animal. Pero entre nosotros la visión de pechos, genitales, ombligos o piernas sin ropa adquiere una categoría inexplicable. La atracción del desnudo es poderosa al comienzo. Pero decae tras unos minutos de contemplación. La sexualidad humana no se basta a sí misma con la exposición de piel. Ni siquiera el alma desnuda (un imposible total) garantiza nada en tal sentido.
L.

Elogio de los perdedores


Hay gente que siempre tiene éxito. Eso si dejamos de lado el sentido polémico de la palabra éxito que es un tema largo y aburrido de tratar. Sobre todo un domingo. Hablo de hombres y mujeres que consiguen lo que quieren. Tienen autos con aire acondicionado, van de vacaciones a lindos lugares, son jefes en sus trabajos, ganan sueldos altos, sus hijos son unos genios y hasta sus amantes son inigualables. En otras vidas las personas raramente consiguen lo que se proponen. Para colmo entienden que las cosas que antes pensaban y por las que valía la pena morir ya no valen nada. Son seres que se sienten incómodos y a la larga se derrumban o sienten que se derrumban. Les gustaría corregir algunas cosas, cambiar actos y palabras, pero por alguna razón no pueden o no quieren o no sé. Finalmente viven al día y lo hacen sin esperanza ni desesperación. Se mueven por la vida como barcos ebrios que perdieron el rumbo. No sabría explicar por qué pero ellos y no otros son los que me importan. Y no creo equivocarme si digo que soy uno más en ese grupo. Y encima feliz de pertenecer a tan ruinoso club.
L.
La foto pertenece a mi amiga Leila Muñiz. Ella nació en Río de Janeiro pero desde hace años vive en Brasilia con sus hijos.

Ella


A la mañana dio la vuelta y se alejó llorando. Nos dirigíamos a mi casa cuando tomó la imprevista decisión. Cruzó anchas y desiertas avenidas bajo un cielo especialmente oscuro. Corrí tras ella siguiendo sus pasos resueltos y la convencí de que frenara. Lo hizo pero sin dejar de llorar y reprocharme por algo que le había dicho. Caminamos en silencio unas veinte o treinta cuadras. Ya en casa vimos televisión, leímos un poco, y, a eso de las siete, le recordé la salida que habíamos programado. Mientras viajábamos pensé que nada funcionaría, que una vez en el lugar iba a pedirme que la lleve de regreso, que volvería a llorar y a quejarse de tal y cual cosa. Lo que pasó luego fue por lo menos extraño. Abrazada a mí o tomando distancia ella saltó, bailó al ritmo de los tambores, se rió de una mujer de pechos enormes que arrastraba a un borracho y hasta acompañó con voz débil pero entusiasta una canción que escuchamos al final. El tema fue un clásico hace años y se llama o se llamaba Sobreviviendo. Consideré que ese día los dos habíamos sobrevivido a algo que nos agobiaba. Y que si aún estábamos juntos se debía a la misma causa. Ojalá nuestro amor resista a la oscuridad del cielo y de los días. Esto último lo pensé minutos antes de dormir.
L.

sábado, 22 de mayo de 2010

Bicentenario bisexual


Por razones que no vienen al caso me dejé arrastrar hasta la 9 de Julio. Lo curioso es que yo -que me la paso despotricando contra el circo bicentenario- me sentí muy feliz en ese lugar. Había miles o quizás millones de personas de diversa condición social caminando libremente por la calle, escuchando música de la mejor, discutiendo política, reclamando con carteles por distintos temas, comiendo empanadas de carne cortada a cuchillo. Caminar por ahí fue un suplicio pero hubo premio al final. En el escenario mayor pude escuchar como si nada hubiera pasado al legendario grupo Vox Dei, a los inmortales Jaivas chilenos y a la increíble Totó la Momposina, una cantante negra de Colombia que trajo a Buenos Aires la música más pura y alegre que escuché jamás. El lugar donde pude apostarme estaba plagado de colombianas preciosas que, por fin, se veían libres como nunca podrían sentirse en su país de santos demonios y falsos positivos. Una de ellas se quitó el corpiño delante mío y dos de sus amigas lucían en sus tetas respectivas un distintivo grande donde se leía la palabra bisexual. Pensé que la nación festejaba entonces el bicentenario de la diversidad sexual. Esto último justifica el denodado esfuerzo de los padres de la patria.
L.

El beso es lo primero


Roberto -ex compañero de militancia y adolescencia- me dio un día una lección clave para conocer chicas. Es fácil entender que en tercer año de la secundaria eso es lo único que importa. Lo primero es besarlas -dijo el maestro-. Después del beso viene todo lo demás. En el momento no supe escuchar el sabio consejo. Después pude confirmar la tesis con amplitud. Algo hay en el contacto bucal y profundo que resulta definitivo a la hora de aproximarse a una mujer. Para bien o para mal en la boca se juega el destino final de un encuentro amoroso. Desde ahí hasta la cama el trayecto es asombrosamente corto. Después aprendí que ni siquiera el sexo es la meta. Que lo que se busca no está ni en los labios ni en los genitales sino mucho más allá. Acaso en el cielo donde caen los autos.
L.

Los miserables I


Todas las semanas recibo novelas, cuentos, poemas, textos sin forma desde Buenos Aires y otras ciudades. Me piden que los lea "de onda" a ver qué tal. Un tal Brian (ex alumno de periodismo) me escribió desde Costa Rica pidiéndome que lea sus crónicas de viaje. Le dije lo que suelo decir en esos casos. Leer y eventualmente corregir es un trabajo como pasar el trapo en la cocina, fabricar mesas o ravioles de ricota. Le dije que por eso debe pagar. La respuesta de Brian fue brutal y despectiva. Mi analista lacaniana (una mujer excepcional) me cobra 120 pesos por media hora de leer y reescribir semanalmente el torpe discurso de mi alma. Lo hace en el aire (no en el papel o la pantalla) pero es igual. De ella aprendí a no leer ni mejorar textos a cambio de nada. A la gente le cuesta pagar, me dijo una vez. Con pagar se refería a algo más que dinero. Cada vez que me dispongo a realizar mi tarea de maestro pongo en juego la vida entera. Mi intuición, mis lecturas, mi trabajada y cambiante visión del mundo. Voy a hablar más vulgarmente. Para quitar una coma o agregar una preposición entrego y sacrifico hasta la sal de mis testículos. No sé si hay sal en esa zona pero la impostura es clara. No leo gratis una sola línea más en mi vida. Salvo si fue escrita por María -amiga de siempre y para siempre- o por una bogotana que a estas horas debe andar caminando, como sonámbula, por las calles de La candelaria o Quinta Paredes.
L.