lunes, 31 de mayo de 2010

¿Y a nosotros quién nos lee?


Si cada uno de nosotros fuera un libro, ¿qué leeríamos al mirar páginas y páginas en blanco o llenas de manchas y borrrones? Poco y nada. La letra no se entiende, las frases son confusas, no hay ideas ni notas al pie. No hay solapas biográficas ni contratapas aclaratorias. Se ve apenas el nombre del autor pero no el título de la novela invisible. Si miramos hacia adentro de nosotros lo que veríamos es una pura y simple oscuridad. O (diría Sartre) un montón de queso derretido. De esto se deduce la necesidad imperiosa de encontrar lectores curiosos y capaces de leernos hasta donde sea posible. Gente dispuesta a entender algo en la neblina que somos. Puede ser un amigo, una novia, un analista, incluso un extraño que conocimos en el subte. Pero debe ser otro. A los periodistas inexpertos les gusta preguntar a su entrevistado cómo se definiría. Lo ponen en problemas dado que no hay respuesta posible para semejante duda. El elegido responderá cualquier cosa para salir del paso. Nadie puede definirse ni por aproximación. Nadie puede leer su propio libro. Habrá que salir entonces a la caza de buenos lectores. Pero antes debemos aprender a elegirlos con intuición, sagacidad, amor e inteligencia. Así como no sabemos nada de los otros menos (mucho menos) sabemos algo de nosotros mismos.
L.

2 comentarios:

  1. conocer a otros para conocerse uno mismo. me pregunto como me leerian si fuera un libro.

    O.

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