domingo, 31 de enero de 2010

Periodismo rima con cinismo


Estoy esperando al próximo muerto para escribir sobre él. Mi trabajo diario depende de las tragedias que otros padecen. Un asaltado el martes, un narco el miércoles, una violada el jueves, dos calcinados el sábado. De las víctimas del domingo y el lunes se ocupan otros. Los viernes hay paz. De mis coberturas cotidianas he podido deducir algunas reglas. La principal: los ricos prefieren no involucrarse. Aún así, lo que les pase a ellos siempre estará por encima de lo que les ocurra a los demás. Ryszard Kapuscinski dijo que los cínicos no sirven para este oficio. Creo que se equivocó. Hace falta un alto grado de cinismo para ajustarse a la ley de una sala de redacción.

Andrea

Contra las profesiones


Me dijo un montañista que su única pasión consistía en tomar la montaña. En la jerga alpinista eso significa dominar al monstruo, alcanzar la cima, llegar más alto y más lejos que nadie. Me dijo también que escalar era para él una adicción inexplicable. Una especie de fascinación comparable a la locura del artista. Algo más fuerte que un título universitario, una pareja, comprar un auto o una casa, salir de vacaciones o invertir en un proyecto de familia. Me contó que él sabía hacer muchas cosas. Pero que no tenía oficios determinados. Se las arreglaba como podía en el llano para alistarse, siempre, con vistas a una nueva y riesgosa aventura. Por último dijo que no le interesan las profesiones de cualquier tipo, académicas o técnicas. Las profesiones –dijo- son el fin de la creación en todas sus formas. En vez de ser un punto fijo él prefiere ser un punto disponible. Al blanco fijo lo alcanzan todas las flechas, concluyó el montañista antes de partir. No es tan fácil con el blanco móvil.
L.

sábado, 30 de enero de 2010

Un barco en una botella


Un barco en una botella no se hunde. No acumula polvo. Es lindo de ver. Flota sobre el vidrio. Nadie es tan pequeño como para subir a bordo. No sabe adónde va. El viento no infla sus velas. No tiene velas. Su boca, envuelta en agua, está reseca. Nada podrá verse cuando muera. El barco no reventará contra las rocas. Permanecerá altivo. Desafiante. Y abajo, muy abajo, están la medusas.

Poema tomado de Medusas, una muy recomendable película franco-israelí de Etgar Keret y Shira Geffen. Es un estreno reciente.

Katia


Katia hace pis con asombrosa frecuencia. La conozco y por eso lo digo. Mientras descargo el morral en el sillón de cuero imagino la escena que ocurre cerca del cuarto. No deja de nevar en la ciudad maldita. Inventar el presente es una forma de negarlo. Preferiría ver las cosas como son. No sea que me pase como al hombre que soñó tanto con una flor ideal que, al toparse un día con una rosa de verdad, la acusó de mentirosa, vulgar, traidora, maldita y puta flor. Ahora Katia está sentada en el retrete. Al propósito o al descuido ha dejado la puerta semiabierta: lo que veo desde lejos es apenas un rectángulo de luz. Unas rodillas. Busco, mientras tanto, leña de abedules salvados de la nieve y enciendo un fuego. El frío supera largamente al esfuerzo de las llamas. La casa (luces tenues) parece un burdel. Sigo viendo el perfil que asoma en la rendija que deja entrever la delgadez del baño. Hasta siento el desfachatado olor de la hembra que está (ahí) muy concentrada. De pronto escucho el leve sonido de algo tibio y suave cayendo en lo oscuro finamente. Se confunde con los golpes de nieve que fatigan las tejas de afuera. Imagino, porque no puedo ver detalles, los muslos duros, el pelo en declive, la maraña ligeramente húmeda por el acto de indudable alivio. Por fin Katia sale y se sorprende al verme así, como suspendido en una idea abstracta (concreta) abstracta.
L.

viernes, 29 de enero de 2010

Sexo sentido


En la única entrevista periodística que le hicieron (1930) Sigmund Freud fue consultado sobre la supuesta obsesión que tenía con el sexo. Su respuesta fue rotunda. No tengo la culpa de que así sean las cosas -le dijo al periodista-. No hay error en ese punto. La supuesta fijación freudiana sigue molestando a las almas sensibles. Ya a comienzos del siglo XX Freud observó que algunas perturbaciones de la vista se deben a la represión del acto de disfrutar (ver) el placer erótico. La boca sirve tanto para besar como para comer. Pero también es agente y depósito de la energía sexual en variadas formas. Hambre y amor mueven al mundo, resumió Schiller. Pulsiones de amor y muerte nos impulsan a vivir. Fuente de toda perversión y justicia la sexualidad sopla donde quiere y cuando quiere. Pero desde el nacimiento del lenguaje la pureza del instinto se quebró. Se acabó el sexo puro. Ahora (también) hay que hablar.
L.

jueves, 28 de enero de 2010

Piropos


¿A quién se dirige un hombre que en la calle le dice a una mujer te chupo toda? ¿Cuál puede ser su goce al expresarse así con una completa desconocida? El malentendido es la esencia de la comunicación humana. No hay destinataria del mensaje varonil. Hay quizás masturbación linguística. El macho se dirige a un grupo demasiado amplio y difuso de hembras. Qué tetas. Qué culo. Nada personal. El piropo sigue de largo. No pide respuesta y marca un límite perfecto entre el decir y el hacer. El piropeador quiere discurso pero no acto. Si una mujer se detuviera, si se bajara la bombacha y dijera aquí estoy, hacé conmigo lo que quieras, el hombre saldría corriendo. Porque el macho que dijo te chupo toda está enamorado de su osadía y no del objeto que la detonó. La dueña del culo y las tetas es evidentemente una ficción gigantesca. Es todas las mujeres en una, o sea, ninguna. Los piropos descansan en la desintegración del cuerpo femenino. No se dirigen a personas sino al valor fetichista de las partes vistas como prótesis. El amor une los fragmentos. Es inclusivo, inespecífico, abarcador. El piropo callejero (en cambio) separa el conjunto de manera irremediable.
L.

Un día perfecto para Salinger


No voy a sumarme al periodismo imbécil que sólo se acuerda de alguien cuando se muere o gracias a un aniversario redondo. Puedo decir a mi favor que cuando pude hablar de un escritor superior (acaso el mejor de todos) nombré siempre a Salinger. El hombre acaba de morir a los 91 años en New Hampshire, Estados Unidos. La noticia no es la muerte. No voy a perder el tiempo con semejante tontería. Autor en 1951 de la novela El cazador oculto y de un excepcional libro de relatos titulado Nueve Cuentos, Salinger eligió el silencio para expresarse. Se autoexilió junto a una mujer treinta años menor en una fortaleza inexpugnable. No concedió entrevistas. No se dejó fotografiar. Se dedicó a batallar contra los que se atrevieran a quebrar su invisibilidad. Padecía de fiebre bananera como todos los personajes de sus historias. Alguna vez definió ese mal como cierta incapacidad de amar. Pero ni eso le impidió vivir a su modo. No tomaba café en el Malba. No escribía para ADN o la revista Ñ. No le importaba nada que no fuera su escritura mística. Salinger puso el acento en el abandono del ego, el desapego espiritual y la creación pura. Cuando aún daba entrevistas solía salir del paso con dos o tres lemas básicos: sólo te inmiscuirás en asuntos del arte si piensas dedicarte a él monásticamente/ usarás siempre la palabra más sencilla/ irás adelante sin que se note/ te moverás lo más silenciosamente posible. Su cuento emblemático se titula Un día perfecto para el pez banana. Hoy es un día perfecto para Salinger. Continuará vivo en sus libros para todos los que seguiremos leyendo y admirando su obra con unción.
L.

Aprender a mirar


Cuando Colón llegó a estas tierras y vio gente desnuda (así lo escribe en su diario de octubre de 1492) creyó ver en las mujeres aborígenes dríadas o ninfas salidas de las fuentes de que hablan las antiguas fábulas. El navegante miraba desde la compleja asociación que su mente hacía con antiguos relatos oídos en su infancia. Le costaba observar el esplendor singular de los cuerpos adánicos. Así como pensamos convencionalmente solemos mirar también desde el prejuicio o las ideas instituidas. Esto suele ocurrir en los talleres de arte frente a la modelo desnuda. Pasado el primer impacto generado por la prepotencia de formas no exentas de perturbación, el principiante se calma, toma distancia y pinta o dibuja. Inicialmente no ve lo que ve sino una serie confusa de figuraciones previas y adheridas a su ojo programado: la idea mano, la idea piernas, la idea nalgas. La observación atenta queda en suspensión y el resultado será seguramente pobre. Pero si persiste en el intento aprenderá con el tiempo a mirar solamente lo que ve. Milagrosamente verá surgir en la tela un cuerpo que hasta parecerá sudar y respirar. Así deberíamos actuar todos ante el mundo que nos rodea. Vaciar la mirada y observar sin ideas previas. Descubrir que un cuerpo, desnudo o vestido, es siempre nuevo y excepcional.
L.

Detrás de la cortina


Siempre soñé con ser monje, vidente, psicólogo, mago, hacedor de milagros. Estudié y leo mucho a Freud y Lacan. Acabo de comprar un libro con instrucciones precisas para ejercer el psicoanálisis. Más que hablar lo central es aprender a escuchar. Y hacerlo de manera activa. La tarea es descubrir lo reprimido en el discurso. Quisiera no distraerme con palabras encubridoras. Me interesa la verdad alojada en el gran e insondable agujero. Descubrir el continente sumergido en el fondo del mar helado. Entrever el amor ignorado y prohibido tras la gastada cortina de los días. Quisiera ver lo invisible detrás de lo visible. Pero qué fácil alumbrar lo que el otro no descubre de sí mismo. Y qué difícil mirarse al espejo y entender algo de esa mancha borrosa, muda, insufriblemente enigmática que soy/somos.
L.

miércoles, 27 de enero de 2010

Nieve en Buenos Aires


El 9 de julio del pasado 2007 vi nevar desde la cocina de mi casa. Sentí que estaba de pronto en San Petersburgo. La nieve casi invisible y silenciosa cubrió los techos, los árboles, los recuerdos, los autos y las veletas. Para Buenos Aires fue un acontecimiento único e irrepetible. El antecedente más inmediato se había registrado en junio de 1918. Quisiera volver a ese día por un instante de soñada irrealidad. Nada bueno puede hacerse bajo el imperio del calor. Tanto esperamos el verano que olvidamos el infierno vivido en estos días recalentados. Mejor evocar aquella tarde blanca del 9 de julio de 2007. Y volver a ese instante de soñada y real irrealidad.
L.

La muerte de Emma


Luego del suicidio el mundo de Emma no cambia. La mayoría de los invitados al velorio se duerme, alguno bosteza o eructa. Todo sigue siendo vulgar y falso. El único que sufre de verdad es Charles (el marido engañado) que amó a esa mujer hasta el último instante. Deja por escrito su voluntad de que Emma sea enterrada con su traje de novia, con zapatos blancos y una corona. El pelo debe estar suelto sobre los hombros. Al final Charles no puede con su genio y dispone (desde una ampulosidad irremediable) que se hagan tres ataúdes para su esposa: uno de roble, otro de caoba y el último de plomo. El triple cajón será cubierto con un gran paño de terciopelo verde. También la torta de bodas (en los inicios de la novela) tenía varias capas. Una más cursi que la otra. También los vestidos que usó la heroína. Y las infinitas mentiras de que se valió para dormir con sus amantes de turno. Si no queremos terminar como Emma deberíamos aliviar el peso al máximo, liberarnos de dobleces y capas, vivir siempre como si fuera la primera vez.
L.

Lecturas de Emma


Alonso Quijano se convirtió en Don Quijote por culpa de las malas novelas de caballería que leyó hasta enfermar. Emma Bovary se fue antes de tiempo debido a sus lecturas dispersas de novelones y poemas románticos. Encima era una pésima lectora. Leía emocionalmente, de manera superficial, identificándose con tal o cual heroína en peligro. Sus personajes preferidos eran siempre amantes y amadas, damas perseguidas que desfallecían en pabellones solitarios y bosques umbríos. O derramando lágrimas y robando besos. Luego se interesó por la historia divulgada al estilo Pigna. Como fruto de la ensalada se dedicó a esperar un caballero de blanco penacho galopando sobre un caballo negro en campos lejanos. Si Emma viviera hoy en la Argentina leería El dueño -de Majul- o alguna basura de la serie Gente tóxica. Con suerte se animaría con los relatos de Isabel Allende. Debió leer a Onetti o a Juan Rulfo, a Carver o a Flaubert (su inventor) o al poeta chileno Jorge Teillier. Debió escuchar a los Beatles. Y si leía El mito de Sísifo (de Albert Camus) no se mataba. Pero nadie se lo dijo a tiempo.
L.

¿Blog nudista?


Me escribe Vera desde Tijuana (México) para advertirme que este blog exhibe demasiados cuerpos desnudos. Comprobé que es cierto y borré casi todos. Algo parecido me había dicho Mariana (otra lectora fiel) unos meses atrás. Ella agregó algo aún más hiriente: son todas chicas lindas, jóvenes y de carnes duras. Me preguntó de paso por qué no había hombres desnudos (y de frente) o damas viejas, gordas y arrugadas. No supe qué responder. Tal vez soy víctima del clásico estereotipo publicitario. Le propuse a Andrea (mi coequiper) que eligiera desnudos masculinos para ilustrar algún post. Pero se negó. No sé qué hacer entonces. ¿Por qué será que los cuerpos sin ropa ejercen tanta atracción en el observador? ¿Acaso no estamos todos en bolas debajo de calzones, pantalones, vestidos, corpiños y camisas? Pensé que la verdad es obscena. Y que quizás por eso queremos verla alguna vez. Pero la verdad totalmente desnuda no existe. Y la decepción consiguiente es, por ello, inevitable.
L.

martes, 26 de enero de 2010

Haití ya fue



Diarios y revistas ya no hablan de Haití. Ni siquiera los que hasta ayer decían algo. No basta que se haya confirmado la cifra de 150 mil muertos (si bien el conteo es dudoso). No basta que el desgobierno local haya notificado que una década no será suficiente para reconstruir ese país devastado. No alcanza a convertirse en noticia la violencia sexual que se comete contra las mujeres haitianas en estos días. O el robo de chicos para venderlos en el primer mundo. A nadie le importa que haya cemento pero no arena como fruto de la caótica ayuda internacional. Hubo apenas un suelto informando que el actor John Travolta llegó a Puerto Príncipe piloteando su propio avión para llevar autopromoción disfrazada de mano solidaria. No hay continuidad noticiosa en los medios periodísticos. Ya hablamos del tema en este blog. La pobreza no vende en las tapas de los diarios. Haití fue y será la tierra del olvido.

Fantasías de Emma


Emma Bovary conoció el sexo postmatrimonial. De la agradable tarea se ocupó su primer amante (Rodolphe) quien la recibía primero en su casa y luego en un lugar de citas previamente convenido. Mientras tanto Charles (el marido) se ponía el pijama recién planchado, como el aburrido farmacéutico de Doña Flor, y giraba contra la pared. Tanto dormía que no escuchaba las piedritas de Rodolphe en la contraventana. Si al menos una noche hubiese despertado habría encontrado vacía la mejor mitad de su cama. Emma asociaba el sexo con voluptuosidad, lujos, dinero, adulterio, puestas de sol, lecturas tipo Coelho y demás variantes entre cursis y patéticas de la ascendente burguesía. El sexo (aún así) le sentó muy bien. Se volvió cínica, paseaba por la calle con un cigarrillo en la boca y, cuando corría en la madrugada a encontrarse con su amante, contenía el aliento. Se mostraba risueña, palpitante y paseaba casi desnuda ante todo el mundo. Apenas se cubría con una bata escotada que dejaba al descubierto los dobleces del corpiño. Demasiado pronto entendió que el sexo puro no existe. Y ahí donde quiso encontrar los ojos tornasolados de un alado semental se topó con un sapo, una bestia pop y vulgar que sólo deseaba eyacular palabras en su oído, entre otras zonas apetecibles de su cuerpo joven y esbelto.

L.

Emma sueña con viajar


Otra obsesión de Emma Bovary es la tentación de lo lejano. Supone que su felicidad la espera en París (ciudad que no llega a conocer) o en una Italia idealizada. Alucina con parajes remotos y glamorosos que su imaginación convierte en orgasmos infinitos. Emma supone que ciertos sitios del planeta fomentarían su placer así como una planta prospera en determinados ambientes y no en otros. Viajar, alejarse, conocer lindas playas, distraerse con lo eterno nuevo. Supongo que a todos nos pasa (al menos por momentos) algo parecido. Depositamos en la distancia un camino posible de liberación personal. Pero sospecho que tampoco por ahí va la cosa. Por muy hermosos que sean los viajes de pronto se terminan como las mejores vacaciones. Y luego hay que soportar la permanencia y (desafío mayor) aprender a movernos sin cambiar de lugar.
L.

lunes, 25 de enero de 2010

La suerte de Emma


Leyendo Madame Bovary (la clásica novela de Flaubert) me puse a pensar en esa mujer de provincias (Emma), mal cogida y mal casada, que luego de fracasar en un doble o triple adulterio se decepciona y se mata. Emma había sido tan mediocre como el ambiente que la rodeaba. Padecía una eterna carencia, esperaba imposibles, no pudo aguantar y eligió el peor camino. Cerré el libro y pensé que el problema de Emma se hubiera resuelto con algo que le gustara. No digo que olvide el amor y sus encantos. Hablo de un trabajo productivo, de hacer alguna actividad que la salvara del tedio y de tantas horas dedicadas a pensar en la entrepierna de sus amantes o en la cara de torta del marido. Una tarea. Un trabajo. Algo lindo para hacer. Me parece buen punto de partida para Emma y para todos. El mundo es y será más o menos como es. Lo que faltan son proyectos personales. A partir de ahí todo o casi todo es posible.
L.

domingo, 24 de enero de 2010

El marrano Bocín


La primera imagen que tengo de Bocín es la de una pequeña bola rosada y tibia atrapada en la jaula de un pájaro. Mucho tiempo después supe que era un cerdo. Cada vez que iba a la finca –lo cual ocurría una vez al mes- lo veía más grande y menos rosado. Vivía en un pequeño potrero que daba al río, protegido por la sombra de las acacias y alimentado fervorosamente por Giovanni, el hijo menor del cuidador de la hacienda. La relación entre Giovanni y Bocín era casi de hermandad. Él lo lavaba, lo curaba, le hablaba y lo sacaba a pasear con una cuerdita. La escena resultaba un tanto ridícula ya que Bocín era más grande que Giovanni. Él lo abrigaba en las noches con una cobija gris. Una tarde de visita encontré a Giovanni llorando. Le pregunté qué le pasaba y él no respondió. Lo dejé solo. Pensé que era una de las tantas pataletas de niño a la que ya estaba acostumbrada. Un rato después encontré a Bocín en la cocina con los ojos cerrados, la boca entreabierta, la piel blanca y un tenue hilo de sangre rodeando el cuello. Esa noche, pese a que tenía nombre e historia, todos se alimentaron de él. Excepto Giovanni y yo.

Andrea

sábado, 23 de enero de 2010

Morir de amor


Una periodista moderna entrevistó a mi amiga Soledad Villamil (foto). La actriz y cantante está de gira con un espectáculo de tango llamado Morir de amor. ¿No es exagerado?, se asombró la redactora. ¿Quién muere de amor ahora? Soledad la cortó en seco. El amor se manifiesta y se siente de muchas maneras -contraatacó-. La pasión más extrema lleva a la muerte. Puede ser que eso esté oculto actualmente. Pero se mantiene desde el comienzo de la historia. La periodista moderna se enojó. Soledad Villamil le resultó una chica fuera de moda. Una dama antigua. Hace poco volvió a ser entrevistada por un diario español. Ahí aclaró que morir de amor no es vivir con un puñal clavado en el pecho. Es, dijo, el éxtasis de un sentimiento llevado al máximo. Eso nos acerca a la tragedia y nos aleja del tiempo. Al despedirse subrayó que el amor no consiste en dejar que otra persona se haga cargo de nuestra felicidad.
L.

Escribir sin planes


Preguntarse para qué escribir es como preguntarse para qué soñar, escuchar música, comer cerezas o estudiar chino mandarín. Son cosas que se hacen y listo. En lugar de interrogarnos por la utilidad de lo que hacemos deberíamos insistir más en lo que hacemos. Una vez le preguntaron al novelista Saúl Below qué sintió al recibir el Premio Nobel. No lo sé –dijo-. Todavía no escribí nada sobre eso. De esa respuesta se desprende que escribir es pensar algo. ¿Sobre qué? Sobre cualquier cosa. Si no escribo sobre lo que pasa no sé lo que pasa. Por eso se dice que quien escribe (así sea un blog, un diario íntimo, graffitis en un baño de Constitución) ya tiene una doble vida, habita un mundo propio, viaja a otros ámbitos con su imaginación y no le pide permiso a nadie para hacerlo. Escribir es conocerse. Es confirmar o dudar de los rumbos elegidos. No es poco para justificar el dolor de espalda, cierto retiro del mundo real, el caño que gotea en la cocina pidiendo a gritos que lo arreglen.
L.

viernes, 22 de enero de 2010

Lugares comunes


Mis compañeros de oficina se despiden los viernes diciendo buenfinde. Leo en el diario que una actriz se bañó en la piscina como dios la trajo al mundo. La gente suele tener sonrisas de oreja a oreja. Una vedette cuenta en la tele que para conquistar a su novio tuvo que remarla. Un alumno me dice que conoció a una chica en Gesell y que, después de la playa, pasó lo que tenía que pasar. Una nueva lectora de este blog escribe que la felicidad son momentos. Ya fue, dice una amiga. Más vale tarde que nunca, dice otra. Y más vale (también) pájaro en mano. No quiero convertirme en defensor de un lenguaje puro, liberado para siempre de lugares comunes. No soy quién para meterme con el discurso dominante y aprobado. Recuerdo a Neruda cuando advirtió que quien huye del mal gusto cae en el hielo. Es así. Pero qué bueno sería ponerle uno o dos cubitos a la conversación programada, a lo que dice todo el mundo, a la palabra convencional. Un poco de hielo. Encima con este calor...
L.

jueves, 21 de enero de 2010

Haití no vende


Hace tiempo escuché la frase de un editor de Clarín. La pobreza no vende, me dijo con voz de sabio. Luego volví a oírla en la revista Tres Puntos, en TXT y prácticamente en todos los medios periodísticos que frecuenté. Por eso mensuarios como Hombre, Maxim y Playboy ponen fotos de culos bien grandes en la tapa y venden. Cuando escribo de sexo y amor en este blog hay comentarios al pie de los posteos. En uno de ellos hubo casi veinte. Acabo de colgar un informe de primera mano obtenido luego de hablar con una compañera (experta en catástrofes que trabaja para la ONU) recién llegada de Haití. Y nada. Antes hubo dos o tres posteos más sobre el mismo tema. Y nada. ¿Tendremos que mostrar culos -también nosotros- para despertar la sensibilidad de los escasos pero fieles lectores de Suspendelviaje?

L.

Haití desde Haití


Cecilia –compañera de trabajo- acaba de regresar de una misión en Haití. Ella es experta en catástrofes y trabaja para la ONU. Lo que cuenta poco tiene que ver con lo que se lee en los diarios. El famoso hospital argentino que funciona en Leogane –a 45 kilómetros de Puerto Príncipe- no atiende a haitianos. Sólo a personal de las Naciones Unidas. Apenas aceptó a dos chiquitos porque se metieron de prepo, ensangrentados, en el hospital. Cagándose en las indicaciones recibidas los médicos admitieron a esos heridos con los brazos abiertos e hicieron (hacen aún) lo imposible para curarlos. Estados Unidos se adueñó de Haití. Los marines llegaron con armas (algo que está vedado por la ley internacional), tomaron el aeropuerto, decidieron qué aviones bajan y cuáles no (prohibieron los vuelos no autorizados por ellos) y se limitaron a arrojar comida en paquetes desde el aire como si los habitantes locales fueran animales. Esto último nada tiene que ver con las recomendaciones de los organismos de la ONU. En la calles de Haití hay olor a muerte (como dicen los supuestos corresponsales) pero resulta más potente el olor a caca. No hay baños, no hay agua, no hay luz, no hay oxígeno en los hospitales, la gente hace sus necesidades donde y como puede. Los hombres juegan al dominó, las mujeres lavan ropa o atienden a heridos mientras que los chicos hacen cola para conseguir comida. La ayuda mundial está llegando pero no hay coordinación ni del gobierno (ausente sin aviso) ni de nadie más. Cada uno trabaja por su lado. Israel montó un hospital pero echó a un grupo de médicos colombianos que se aproximó con la intención de ayudar. Los pocos periodistas argentinos que llegaron a Puerto Príncipe (cuyas aguas están contaminadas) regresaron en el mismo avión que los llevó. Es decir: no hicieron su trabajo y luego enviaron sus despachos desde Buenos Aires o alguna ciudad intermedia. Uno solo se quedó y su jefe demoró cuatro días en contactarlo. Cecilia debió atender dos partos sin experiencia para ello. Pudo volver por azar (un chofer la llevó por trescientos dólares a Santo Domingo) y dice que de las decenas de catástrofes en las que trabajó hasta hoy ésta supera por su dramatismo, extensión y falta de perspectivas a todas las demás. Incluyó en la lista al tsunami de Indonesia. En medio del desastre ocurrió un milagro: un bebé sobrevivió solito siete días bajo los escombros y fue rescatado con vida. Es poco pero es algo.
L.

Nadie está feliz con su trabajo


¿Qué sentido tiene lo que hago? ¿Qué me retiene? ¿Qué perdería si dejara este lugar? ¿Qué haría si no tuviera miedo? ¿Y si me animara a buscar algo mejor? Son preguntas habituales entre nosotros. Nadie está feliz con su trabajo. Hasta los que dicen lo contrario. Fruto del capitalismo salvaje, de la crisis o lo que sea, los empleados se sienten tratados como máquinas. Sufren su jornada como un castigo de cuerpo presente y mente ausente. Casi todos piensan que la vida está en otra parte. Al desconectarse de sí mismos durante tantas horas, días, meses y años, muchos corren el riesgo de convertirse en autómatas que exigen, producen y consumen por inercia. La precariedad laboral aporta lo suyo al sombrío panorama. Si hoy fuese el último día de mi vida (escuché decir a un amigo) ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? El tiempo de vida, sí, es limitado. Pero la solución no pasa únicamente por cambiar de trabajo. La vida no tiene solución. Sea como sea debemos tratar de hacer lo que amamos. Y de ser posible, también, amar lo que hacemos.
L.

miércoles, 20 de enero de 2010

Tocar el cielo con las manos


El enamorado subraya demasiado los valores de una persona en relación con las demás. No se lo puede criticar por eso. Casi todos lo experimentamos. Y quizás volvamos a sentir muchas veces la sensación de tocar el cielo con las manos. Es algo maravilloso. Pero como todo ascenso la euforia pasional va acompañada de un descenso. Conviene aprender a caer y a saber que no es posible vivir en estado de enamoramiento. Un amor basado en la fusión total es mortífero. Una llama trágica y abismal lo atraviesa. ¿Puede convivir con lo cotidiano una pasión tan extrema y deslumbrante? No parece factible. El resplandor se resuelve en estallido. Su luz fulminante no admitiría jamás el desgaste diario y menos aún el nocturno. El amor, cuando es amor, se resiste a los pactos y a cualquier idea de cristalización o estabilidad. Nunca se sabe. Quizás lo mejor sea entregarse al fuego y soportar después las quemaduras.
L.

martes, 19 de enero de 2010

Duración del amor


Es difícil medir los tiempos del amor. Freud se animó a calcular entre dieciocho meses y tres años. Dado que la atracción se basa en la sorpresa -fundamentó- mal puede esperarse que la novedad se estire demasiado. Nada es para siempre. Y por la razón que sea la misma persona que nos generó fuertes emociones en un momento deja de hacerlo en otro. Surge entonces una nueva sensación (el apego) basada en la seguridad, el afecto y el confort que se observa en parejas duraderas. Los enamorados del amor desesperan ante lo efímero y buscan una doble salida: cambiar de pareja asiduamente (lo que es un lío) o mantener la estabilidad hogareña depositando la pasión en cama ajena. Otro lío. Pero tampoco el adulterio resuelve la cuestión. Suele decirse que los únicos amores que perduran son los que terminan en su mejor momento. Puede ser. Ningún camino es perfecto. En este mundo (decía Wilde) hay solo dos tragedias: una es no obtener lo que se quiere. La otra es obtenerlo.
L.

domingo, 17 de enero de 2010

Haití ya no existe


El lugar conocido como Haití ya no existe. Los muertos pueden ser 10 mil o un millón. Nadie cuenta los cuerpos quemados o abandonados. Y nadie cuenta porque no hay gobierno en el país de nunca jamás. Está llegando ayuda (mucha) pero fallan las redes para distribuirla. El terremoto se llevó hasta el último resquicio de vida cotidiana en ese rincón del planeta. La CNN sonríe por un niño salvado por los bomberos. Hillary Clinton sonríe acompañada por 10 mil soldados. Francia promete condonar la deuda que Haití mantenía con el país de Carla Bruni y Nicolás Sarkozy. Lástima que se acordaron tarde. Todos están conmovidos. Pero nadie habla de los millones de seres que deambulan silenciosos por una ciudad que, mal o bien, les pertenecía. En menos de un minuto el terremoto fue más rotundo que el más perfecto bombardeo. Haití ya no existe. Su capital (Puerto Príncipe) es un cementerio en ruinas, un país que ya no es, un muerto que no tiene quien le escriba. Haití es la verdad.
L.

La partida


Ordené que trajeran mi caballo. El sirviente no entendió. Entonces fui yo mismo, puse la montura y subí. A la distancia escuché una trompeta. Pregunté al sirviente qué significaba. Dijo que no había oído nada. En la tranquera me detuvo. ¿Adónde va? No sé -le dije-. Simplemente fuera de aquí. Es la única manera de alcanzar mi meta. ¿Así que usted conoce su meta?, preguntó el sirviente. Sí -repliqué-. Se lo acabo de decir. Fuera de aquí. Esa es mi meta.

Franz Kafka

sábado, 16 de enero de 2010

Violeta de los Alpes


Empecé a soñar con la guitarra a los 10 años. Una canción popular (El camino de la vida) fue el detonante de esa primera alucinación. Mi madre apoyó el deseo y me inscribió en una academia. Pasaron los meses y fui perdiendo interés. Pero seguí yendo debido a esa mezcla de resignación y obediencia que me caracteriza. Vino una larga sucesión de profesores, canciones y tiempo. Aprendí a tocar con buena técnica pero sin alma. Cualquier tema era monótono. Al final pude abandonar las lecciones y dejé morir la guitarra lentamente, así como murió mi Violeta de los Alpes este verano.

Andrea

viernes, 15 de enero de 2010

Sobrevivientes


Todos somos sobrevivientes. Pero los haitianos lo son más. Una persona puede sobrevivir bajo los escombros hasta tres días sin agua ni alimentos. Ya pasó ese tiempo desde el terremoto. No hay que ser genios para sacar conclusiones. Lo peor es estar bajo la tierra o el barro. Los entramados de hormigón, en cambio, dejan ventanas posibles. ¿Cuánto tiempo les queda a los haitianos aún no rescatados? Si no están atrapados, si no tienen hemorragias y si disponen de oxígeno, pueden aguantar entre 48 y 72 horas como máximo. Más allá de ese plazo existen pocas o ninguna posibilidad de sobrevivencia. Algunos pueden calmar la sed con su propia orina. Otros, si tienen suerte y celulares, pueden enviar mensajes de texto. La tragedia de Haití debe ayudar a recordarnos que somos demasiado frágiles. Apenas soportamos tres días sin agua ni alimentos. Pero estos datos, con toda seguridad, no afectarán a los indiferentes que -encima- se creen santos, profetas o poderosos.
L.

La llamada

Amor desnudo


Un cuerpo desnudo se viste por amor. La mujer que amo deja de ser una diosa del sexo para transformarse en un mapa que dibujo con las manos y la boca, quiero decir, no es algo externo sino interno, quiero decir, es un conglomerado de música y protuberancias, pelos y palabras, canciones y jugos. Una mujer solo está desnuda para una tapa de revista y para los extraños en general. Vemos un culo enorme que invita a pasar, unos pechos imposibles, una mirada viciosa. Pero eso no es real. Cuando hay amor el cuerpo es tan íntimo, secreto e invisible que muy pronto se desvanece. Cuando hay amor hasta la rutina sexual se convierte en acto sagrado.
L.

Días planos


En vacaciones los días van despacio y en puntas de pie. Cada pequeña cosa –comer, ir a la playa, observar el vuelo de una gaviota- puede convertirse en un hecho extraordinario. Sentimos la hermosa sensación de estar vivos y hasta pensamos que el mundo entero debiera ser así. Cuando regresamos el tiempo se aplana. Los días tienden a parecerse unos a otros. De pronto decimos el año pasó volando, llegaron las fiestas, no sé cómo pudo haber pasado. ¿Qué hice yo en esos meses parecidos a las moscas y los camellos? Deberíamos pensar más en la cuestión. Todavía es posible intentar algo. Deberíamos vivir como en vacaciones todos los días de la vida. Y hasta aprender a ver gaviotas en un cielo sin gaviotas.
L.

jueves, 14 de enero de 2010

Taxi nocturno


No sé de qué le hablé al taxista (un semáforo, la ciudad vacía, el lindo culo de una rubia) la cosa es que su conclusión fue totalmente bizarra. Así no se puede vivir, me dijo. ¿Así cómo?, repliqué. Así. Era de noche pero el calor no aflojaba. Enseguida vino la bonita lista de radio 10: gobierno montonero, delincuentes sin castigo, la edad de imputabilidad (¿acaso un niño es menos asesino que un adulto?), piqueteros, pena de muerte ya. En el pasado hubo cosas peores, susurré mirando impaciente hacia la calle. ¿Cuándo?, quiso saber el hombre. Con los militares -detallé sin ganas-. O con Menem y De La Rúa. Lo que siguió fue de rutina. Hasta supe que los desaparecidos o subversivos o terroristas andaban en algo raro. Bajé del auto con una mezcla de rabia, pena y resignación. Estamos perdidos, pensé. Pero enseguida soñé un sueño de rubias desnudas y olvidé, al menos por un rato, la infaltable cuota de fascismo cotidiano.
L.

miércoles, 13 de enero de 2010

Haití ahora y aquí

Las siete plagas de Haití


Nicolás Guillén -poeta negro y cubano- imaginó a Haití como un país de cobre ensangrentado. El gran narrador haitiano Jacques Roumain (autor de una inolvidable novela llamada Los gobernantes del rocío, fundador del Partido Comunista de ese país, intelectual y finísimo escritor), rechazó el despojo que ha padecido una media isla tantas veces humillada, saqueada y deliberadamente empobrecida. Ambos (Guillén y Roumain) defendieron la dignidad de la negritud en Haití y soñaron un futuro justo y mejor para esa tierra triste y sola. Pero el sueño no se concretó. Las escandalosas noticias de estos días no lo dicen todo. Antes del terremoto solo la mitad de los haitianos contaba con agua potable. Menos del 20 por ciento accedía a servicios sanitarios. Luego del sismo el agua desapareció de las redes. Tampoco había (hasta donde se pudo saber) ni electricidad ni teléfonos ni trasporte público ni alimentos. Qué facil registrar cifras y datos. Qué anestesiados vivimos ante la tragedia humana. Entre 50 mil y 200 mil muertos (la cantidad es estimativa ya que no se ha realizado un conteo exacto de víctimas), más de tres millones de afectados, barrios enteros destruidos, la humanidad doliente que no está como está sólo por culpa de un terremoto. El movimiento sísmico que permanece oculto en el trasfondo de la historia haitiana se llama indiferencia, crueldad, capitalismo salvaje.
L.

La pareja tiene explicación


La indudable practicidad de la pareja no se discute. Entre otras cosas sirve para no ir solos de vacaciones, para comentar el estado del tiempo, las contingencias laborales, la situación política y social. Novios o esposos pueden alquilar una película y verla juntos. O tener un hijo y festejar su cumpleaños en un salón alquilado. La pareja es un gran invento contra las ganas de matarse o ir de putas. Mejor casarse que arder, se resigna Pablo de Tarso en el Nuevo Testamento. Hay un solo problema. Con el tiempo la pareja se vuelve una sociedad anónima, una empresa de auxilios, una perfecta mierda. Si hay amor o algo parecido (en cambio) el lazo que se arma es imbatible. La magia sobrevive a las angustias y -si todo va bien- la barca de los sueños no se estrella contra la vida cotidiana.


L.

El amor no tiene explicación


Las cosas hermosas -por ser hermosas- no tienen sentido. Una mujer que nos atrae (o el hombre que atrae a una mujer), la orilla del mar, el viento, la luz amortiguada. ¿Qué decir sobre eso? ¿Cómo explicarlo? Hay algo banal e intraducible en la felicidad. Hasta que no agoniza el fuego del hogar –dice un poema clásico- no buscamos la amistad de las estrellas. La idea de que sólo interesan lejanías cuando se apaga el deseo carnal (el fuego del hogar) es falsa. El deseo no se apaga. Los versos citados no fueron escritos para decir algo importante. Son hermosos porque sí. El amor –por ser amor- no tiene sentido. La poesía, como el amor, no debe significar sino ser.
L.

martes, 12 de enero de 2010

La única moral de un texto


Sofía -alumna de un curso virtual- se pregunta si escribir algo personal puede interesar a alguien. En las escuelas de periodismo (dice) enseñan lo contrario. Ahí predican que no se debe mezclar lo íntimo con la realidad. Le dije a Sofía que si escribimos desde el deseo el resultado va despertar interés en los demás. No en todos pero en algunos. Si en cambio lo hacemos para cumplir o trasmitir mensajes políticos, sociales o éticos probablemente seremos leídos por muchas personas. El público estará conforme. Los editores también. Pero el mensaje altruísta será olvidado de inmediato. Hay que poner el cuerpo, el alma y hasta el sexo al escribir. Pero debemos hacerlo sin ánimo de dar lecciones. Hay que ir al punto. Escribir sin rodeos. Decir una verdad personal aunque duela o moleste. Y aunque sea necesario mentir para decirla. Oscar Wilde resumió la cuestión mejor que nadie al recordar que los libros no son buenos o malos en un sentido moral. Están bien o mal escritos.
L.

domingo, 10 de enero de 2010

No debemos amargar a nadie


No debemos amargar a nadie. Lo dijo una vez la escritora argentina Hebe Uhart y en el momento me pareció una idea relativamente feliz. Después lo pensé mejor. Hace poco me contó una alumna que estando en un bar con tres amigas se le ocurrió comentar algo que había leído en el diario. No importa qué. Las amigas casi la matan. Una le dijo que estaban hablando de cosas divertidas y que el comentario arruinó la velada. Mi alumna, lógicamente, se levantó y se fue. La habían tratado de amargada. La habían censurado. Acabo de leer una entrevista a una chica prepago –así llaman en Colombia a las putas finas que cobran por adelantado- quien además escribe un blog muy leído por antiguos o futuros clientes. Le preguntaron si los hombres que leen sus posteos se interesaban por ella al margen de su cuerpo. A modo de respuesta ella contó que una vez tuvo la mala idea de escribir en el blog que los domingos eran días duros para ella. El post no tuvo comentarios. No interesó a los calentones. Parece que si queremos ser aceptados socialmente no debemos malograr ninguna fiesta. Estamos obligados a ser divertidos y a reír sin parar. Coincido en general con la idea de Hebe Uhart. No podemos hablar de todo con todos. Pero si el precio de decir tal o cual cosa (los domingos a veces son días difíciles) es la expulsión, el rechazo o el silencio, conviene, a mi juicio, cambiar de ambiente.
L.

sábado, 9 de enero de 2010

Bicicletas


Si chocan los planetas y el mundo se termina sólo podremos escapar en bicicleta. Y si los planetas no chocan y el mundo no se acaba quedará siempre una forma de evadirse pedaleando. Nadie lo va a notar porque la bici no hace ruido y sabe esconderse a tiempo como las hadas y los gatos. Es ideal para eludir la pesadez de los días y llegar a cualquier punto del planeta. Rápidamente deja atrás los autos empantanados, los aviones que estallan como globos en el aire y las naves espaciales. Por algo las automotrices la odian tanto. La bicicleta está afuera del orden mundial. No pesa nada y muy pronto va a volar. Como anarquistas de alma los ciclistas negamos las leyes del sistema y nadie se anima a cuestionarnos. Los podridos poderes sueñan con nuestra desaparición. La circulación sobre dos ruedas no está legislada y eso nos vuelve impunes, malditos, burlones e intratables. Por caminos de tierra o sobre arenas lunares las bicicletas superan todos los esquemas conocidos. De vez en cuando hay entre nosotros alguna víctima. Pero ninguna vanguardia puede imponer sus postulados sin bajas o derrotas parciales. Con todo y contra todos tenemos que seguir pedaleando hasta la victoria final. La tarea no es fácil. Los hombres se han aburguesado. Ahora se encapsulan en automóviles, micros, departamentos y ascensores. Lejos del viento y las estrellas -de espaldas a la libertad de vivir- fueron ganados para una existencia triste y sin encanto. Los circunstanciales vencedores lograron por ahora implantar el transporte de mercado. Pero no será por mucho tiempo. Tarde o temprano las bicicletas vencerán y llenarán el mundo.
L.

viernes, 8 de enero de 2010

La lista


Voy a hacer una lista. A la protagonista de La vida sin mí (película de Isabel Coixet) le anunciaron que le quedaban dos meses antes de morir. Salió del hospital, se sentó en un McDonald's y elaboró un primer punteo. Pensó en todo lo que quería hacer. Me gusta la idea. Una lista. No hace falta morirse. Sólo proyectar un poco. Voy a pensar. Nada extraordinario. Quiero ver el mar, andar en bicicleta, leer las cartas paulinas y avanzar con Madame Bobary. Quiero estudiar a Heidegger y leer poemas de George Trakl. Publicar mi nuevo ensayo. Dar clases de lo que no sé. Y seguir escribiendo en este blog y afuera de él. No olvidar La caminata y amar con amor verdadero. Una lista. Nada del otro mundo. Eso voy a hacer.


L.

Amores de verano


Es casi un lugar común suponer que el sol activa las hormonas y que la playa en vacaciones aviva la pasión. Lo dicen las revistas dominicales de los diarios y así debe ser. En verano aparece la piel que guardábamos bajo la ropa, la gente se muestra mejor dispuesta, chicos y chicas se entregan a aventuras que -si bien duran poco- se disfrutan mucho. Todo puede ser. Aún así prefiero la idea de amor loco y encendido en cualquier tiempo y lugar. Sin maravilla no hay vida. Y tampoco hay maravilla sin sorpresa. La fusión entre amor sublime y erotismo es una rebelión contra la chatura de la condición humana. Deberíamos (por eso) animarnos a empujar los límites, llegar enamorados al invierno y, por qué no, aún más lejos.
L.

jueves, 7 de enero de 2010

Gozar en soledad


El placer de alcoba es siempre solitario. El cuerpo del otro (o parte de él) es utilizado por cada integrante de la pareja a los fines de llegar a cierta zona de goce particular. No hay orgasmo compartido. No hay relación sexual si se la entiende como viaje simultáneo. Hombre y mujer hacen su trabajo de manera autónoma y las mentes vuelan -cada una por su lado- en direcciones opuestas. Mientras dice te amo, y se muestra apasionado, el hombre evoca el escote de una joven que conoció ayer en la oficina. Y la mujer, a su vez, invita al fantasma de un señor que vio en el tren, camino a la facultad, y que sin querer la rozó poco antes de llegar a la estación.
L.

miércoles, 6 de enero de 2010

Aunque no haya peces en el agua


Muchas personas dicen que no creen en el psicoanálisis. Prefieren en cambio las terapias breves, los cereales, la autoayuda o la oreja de un buen amigo. Pero el dispositivo psicoanalítico no es una religión. No hay Dios en el diván. Y si hay uno se llama inconsciente. El analista no da consejos. No alivia casi nada. Autoriza al paciente a mantener viva la llama del deseo. No le prohíbe el goce pero lo autoriza a prescindir de él. Trabaja para que pueda liberarse de la servidumbre de los placeres inmediatos y el consumo. Todo esto resulta antipático para los chicos new age. Ellos suponen que en algún lugar se está haciendo una fiesta donde todo el mundo la pasa genial. Se sienten unos imbéciles que han sido expulsados del baile. ¿El psicoanálisis sería entonces la cura de los boludos? Puede ser. Solo que el analista no ofrece jamás la dirección de esa fiesta espectacular. Es más. Ni siquiera sabe dónde y cuándo se hace. Pero advierte que la fiesta no está prohibida ni restringida sino que, simplemente, es irrealizable. El paciente deberá descubrirlo solo. Mientras tanto resuelve lentamente sus conflictos, sale del sufrimiento reiterado y descifra el síntoma con paciencia. Aunque no haya peces en el agua, una buena terapia enseña a pescar.

L.

lunes, 4 de enero de 2010

El Tao y las mujeres




La mujer tiene en la cama el poder de lo débil. Para el taoísmo lo débil (el agua blanda) termina venciendo a lo fuerte (la piedra dura). En la tradición popular china las mujeres se nutrían de la energía vital del hombre para convertirse en zorras o vampiros diabólicos. Esa visión demoníaca, luego superada, es de origen medieval. Según los manuales del Arte de la Alcoba el objetivo de la unión sexual es la obtención del máximo placer y que éste dure la mayor cantidad posible de tiempo. Uno de los primeros libros canónicos dice que el Emperador Amarillo (figura mítica de Oriente) tuvo 1.200 mujeres y se convirtió en inmortal. Pengzi -otro gran maestro del arte amatorio- vivió más de 800 años, tuvo diecinueve esposas y novecientas concubinas. Los taoístas consideraban la cópula como un excelente ejercicio gimnástico que vivifica los humores del cuerpo y ahuyenta las enfermedades. Y aunque el placer se gesta en pareja en ningún momento del coito se debe pensar en el otro. Para mejorar la circulación y evitar la frigidez la mujer debe tenderse de lado y doblar y levantar su pierna izquierda. El hombre se aproxima por detrás, apoyado en sus dos manos, y realiza seis series de nueve penetraciones, hecho lo cual debe detenerse. La mujer evitará el consumo de cereales y tendrá que alimentarse mucho de la energía vital del varón. Siguiendo esa dieta podrá ayunar durante diez días o más sin adelgazar. El matrimonio místico (interno) pretende elevar el sexo hasta más allá del nivel del cuerpo. El objetivo es realizar la perfecta unión entre materia y espíritu. Eso garantiza (siguiendo la visión del Tao) la libertad a través del amor. El hombre no puede vivir sin la mujer así como el cielo no puede separarse de la tierra.

El posteo precedente se basa en algunos conceptos del budismo zen elaborados por Ge Hong, patriarca y filósofo taoísta del siglo IV.

sábado, 2 de enero de 2010

Sexo que no acaba


Las técnicas sexuales taoístas se basan en el autocontrol. La alcoba del Tao tiene como objetivo nutrir el Yang en detrimento del Yin (para aumentar la vitalidad masculina) y atesorar el esperma a fin de transmitirlo mediante la química interna. La transformación se llama retorno del semen y demanda el ejercicio de una fe poderosa. El taoísta Liu Jing dice que el hombre debe unirse a la mujer sin eyacular. Debe penetrar cuando su miembro esté débil y salir cuando se agrande. Debe también descansar unos instantes entre cada embestida. Cuando de ese modo consigue copular durante varias veces al día su vida se ve espontáneamente prolongada. Pengzi -otro ideólogo de Tao- va todavía más allá. “Cuando el esperma es emitido el cuerpo se agota. El placer ha sido intenso pero pronto deja de serlo. Si por el contrario el hombre se une a la mujer sin eyacular aumenta su fuerza y todos los sentidos permanecen despiertos”. Restaría saber qué piensan las mujeres al respecto (y los hombres cristianos y occidentales) y si tan difícil conquista de la eternidad justifica semejante acto de contención y disciplina.

viernes, 1 de enero de 2010

Lo habitual


Solemos pensar que algo -por ser habitual- es conveniente y sano. Pero nada es habitual. Hasta lo común, lo de todos los días, resulta raro y excepcional. Ni siquiera los encuentros familiares o incluso las vacaciones responden siempre a lo habitualmente esperado. Y no solo eso. Situaciones pasadas o presentes como el asesinato de miles y millones de personas (también la pobreza) han sido aceptadas y consideradas normales por una humanidad narcotizada. Bertolt Brecht, que algo sabía de este curioso mecanismo, llamó la atención sobre el problema. "Examinen sobre todo lo habitual -advirtió-. No acepten sin discusión las costumbres heredadas. Ante lo cotidiano, por favor, no digan que es natural. En una época de confusión organizada, de desorden decretado, de arbitrariedad planificada y de humanidad deshumanizada, nunca digan - si desean que alguna vez la vida cambie- es natural, es común, es habitual".
L.