sábado, 15 de mayo de 2010

Ropa interior


Fui a la cocina con la vaga intención de escribir algo sobre los salmones de Alaska. No tenía sueño y había en el ambiente un silencio acogedor. Al rato apareció mi mujer. Volvía de una fiesta. Había bebido y tambaleaba al caminar. Me quedé observándola. Decía cosas incoherentes y empezó a reprocharme situaciones pasadas. Luego, de manera inesperada, se quitó la ropa. Lo hizo como si quisiera arrancársela del cuerpo y el alma. Hasta el corpiño y la bombacha terminaron en el suelo. Se sentó en la mesa y empezó a reír descontrolada. Más tarde fue a la habitación (tuve que ayudarla) y se durmió con las piernas abiertas y el pelo llamativamente pegoteado. Sólo entonces recuperé la armonía y escribí lo que me había propuesto. Lo hice en estado de tensión. Mi mano temblaba. Ni siquiera sujeté correctamente el marcador. Los salmones de Alaska se mueven en la oscuridad. Salen del río y se estrellan contra las rocas. Es todo lo que pude hacer en esa noche.
L.

Dedico este relato a Raymond Carver.

3 comentarios:

  1. precioso texto,Luis.tan o más que los de Carver.un placer.No soy Raymond pero te lo agradezco mucho.
    saludos

    Maria Rosa

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