lunes, 15 de abril de 2013

Experiencia inevitable


Que una novela o una película o una obra de teatro omitan por completo la experiencia sexual no deja de llamar la atención. Es o sería tan sorprendente como que esa novela o esa película o esa obra de teatro reduzcan la vida, exclusivamente, al contacto entre los cuerpos. El tratamiento artístico del tema es tan o más delicado que el abordaje de la política en las obras de arte. Un caso ejemplar en este asunto es el de Flaubert y su abordaje de lo erótico en la clásica novela Madame Bovary. El sexo está ahí en la base de la historia. Claro que la época resultaba complicada para semejante audacia. Por tal motivo lo sexual aparece en el relato de manera emboscada, inundando los episodios desde una sombra de sensualidad y malicia. El autor no necesita para nada del exceso pornográfico. Le basta, por ejemplo, la inolvidable escena de Emma desanudándose los cabellos como una consumada cortesana ante su amante. El sexo, en resumen, ocupa en esa novela un lugar central como lo ocupa en la vida por más intentos que se hagan por negarlo, disfrazarlo o eludirlo.
L.

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