miércoles, 3 de julio de 2013

Cartas de amor encubierto


Todo lo que se escribe es una carta de amor encubierta. ¿Dirigida a quién? A nadie o a todos. Se trata de un amor difuso como lo son todos los amores que se jactan de tener un objeto claro y excluyente. Pienso en las cartas que Franz Kafka le escribía a sus novias en tiempos donde el mail no existía. Más que cartas de amor eran textos provisionales que ayudaban al escritor a hacer soportables la distancia y la ausencia femenina. A Felice Bauer, una de sus mujeres de turno, llegó a escribirle tres cartas al día. Otros escritores como Rilke, Thomas Mann o Hesse dedicaron una parte considerable de sus vidas a componer desbordantes correspondencias. Kafka, que mientras se alejaba buscó siempre la cercanía, prefería el medio lento y exigente del género epistolar. Le costaba hablar por teléfono, y más con mujeres. Cartas. Sólo cartas. Una fantasía casi del autor que sueña que la mujer no es sólo objeto sino también sujeto del amor supuesto. Amor. Palabra inútil.
L.

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