miércoles, 3 de julio de 2013

Kafka y las chicas


Hubo y hay un gran malentendido en torno a la vida y la obra de Franz Kafka (1883-1924). Al autor de El proceso y América se lo supuso amargado, oscuro, lunático, una especie de monstruoso insecto como el de La metamorfosis. No fue así. Quien se tome el trabajo de acercarse a Kafka sin anteojeras descubrirá a un hombre activo, buen nadador, fino conversador, nudista por convicción, vegetariano, y, por sobre todo, incurable mujeriego. En este punto, la relación con las mujeres, se presenta un aspecto nada fácil de interpretar. Kafka padecía la dificultad de no poder disfrutar del sexo con las mujeres que verdaderamente amaba. Podía sí gozar con las putas de ocasión. El paseo preferido del escritor consistía en salir de ronda por los prostíbulos de Praga. En carta escrita a Milena, una de sus chicas, K. deslizó que sólo iría a la cama con una mujer amada como el precio a pagar por la alegría de estar juntos. Es una historia encerrada -diría Silvio-. Es sobre un ser de la nada. La sonrisa de Kafka es tan amplia y profunda como su obra. Esa luz se apagó apenas con su muerte precoz, por tuberculosis, cuando el mundo afilaba con esmero y lentitud las armas infinitas del nazismo y la desgracia.
L.

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