domingo, 29 de septiembre de 2013

Junto al mar I

Tan hermoso era el mar cuando era mar y no el basurero en que lo hemos convertido. Tan hermosas las playas, las muchachas semidormidas y semidesnudas bajo el sol, el viento del sur, las aguas vivas y en estado de alerta, las olas gigantes que nos envolvían en espuma, sí, el mar, nada más hermoso aún cuando no conociéramos su nombre y el destino de su incansable movimiento. El océano era cuando era lo más divino entre lo divino, lo misterioso inmenso y tenso, el lugar elegido donde todo parecía ser el sueño eterno de los más despiertos. Si uso el tiempo pasado acá no es casualidad. Acabo de saber que los siete mares están hoy envenenados. El mayor ecosistema del mundo, es decir, el conjunto de los océanos, se está degradando de manera notoria e irreversible. No es exageración o catastrofismo barato. Es así. La cantidad de peces sobreexplotados por la pesca indiscriminada aumentó en un diez por ciento durante la década del setenta. En 2002 el porcentaje ya alcanzaba el 24 por ciento mientras que hoy supera el 52 por ciento. Y el dato no ha sido actualizado. En cada kilómetro cuadrado de océano flotan 18 mil trozos de plástico. Se calcula que en el centro del Pacífico hay tres kilos de basura por cada quinientos gramos de plancton. La masa oceánica, deteriorada acaso para siempre, cubre el 71 por ciento de la superficie terrestre. Y eran tan hermosas las playas, las muchachas semidormidas y semidesnudas bajo el sol, apenas molestadas de tanto en tanto por el viento incansable y hermoso, sí, el mar.
L.

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