lunes, 22 de agosto de 2011

Agua sexual


Opuesta a la piedra dura el agua es fuerte por debilidad. Moverse y ocultarse como ella. Permanecer en estado de deriva y fluidez. El agua se adapta a cualquier recipiente que la contenga. No confronta pero avanza y vence. El agua tiende siempre a buscar los sitios inferiores y escondidos. Evita las alturas. Rodea lo que se le opone y sigue el viaje. El agua no tiene forma. En ocasiones se amolda al deseo ajeno. Su disponibilidad la convierte en un espejo de luces declinantes. A su paso produce rumores nocturnos, silencios que duelen, sexos que asoman entre las hojas muertas. Y así, contra lo seco y lo tan frío, compone el agua la perfecta silueta del amor.
L.

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