miércoles, 3 de noviembre de 2010

Contra la repetición


Cuando no se recuerda algo especialmente doloroso (una muerte, un abandono, una derrota), cuando se lo ignora, la tendencia natural es volver a repetir la escena muchas veces. Esta regla psicoanalítica fundamental explica diversos comportamientos habituales y patológicos en nosotros. Alimentamos vínculos enfermizos, permitimos alegremente los ataques del entorno, nos entregamos a un goce inmediato (sexual, alcohólico, fumado, televisivo) que a la larga se tornará en desgracia. ¿Cómo salir del atascamiento? No hay otro camino que el recuerdo, elaborar a fondo ese pasado, simbolizarlo y llevarlo al terreno del discurso. Es cierto que algunas palabras matan o casi. Pero muchas otras, las que nacen como flores inesperadas entre las piedras, pueden liberarnos para siempre.
L.

martes, 2 de noviembre de 2010

Elogio de la repetición


Releyendo este blog descubrí en entradas recientes y antiguas todo tipo de repeticiones. Ideas que vuelven una y otra vez, fotos reiteradas, obsesiones enfermizas que se exponen de mil maneras diferentes. Mi primera reacción fue de arrepentimiento y ganas de borrar todo de un plumazo. Después lo pensé mejor. Si uno tiene una obsesión, pensé, no debe eludirla sino insistir con ella hasta el fin. Si se elige una foto atractiva hay que reproducirla de manera consecuente. Y si la vida nos besa en la boca habrá que devolver el beso tantas veces como sea necesario. La repetición absoluta y literal, además, no existe. Cada acto ejecutado, como cada post de Suspendelviaje, es siempre nuevo y, de algún modo, irrepetible.
L.

La verdad


Para evaluar la honestidad de una promesa, una declaración de amor o una nota periodística hay que saber, previamente, dos o tres cosas fundamentales. Quién habla, desde dónde lo hace y en qué circunstancias compone su discurso. En psicoanálisis todo eso se resume en algo llamado condiciones de enunciación. Se menciona el caso de un amante que escribe una encendida carta de amor a una mujer. La escena forma parte de Relaciones peligrosas, clásica novela erótica del siglo XIX. El detalle es que la “mesa” utilizada por el hombre para redactar el arrebato romántico es la espalda de una joven desnuda con quien el supuesto enamorado comparte la cama. Las condiciones de enunciación desmienten la verdad enunciada. Hay un periodista argentino, ex vocero de la dictadura militar, que en estos días se muestra “preocupado” por los jóvenes “jacobinos” que tomaron las calles luego de la muerte de un ex presidente. El periodista en cuestión llegó a decir en otros tiempos que estaba más alarmado por la flotación del dólar que por la flotación de los cadáveres en el río. Las condiciones de enunciación desmienten sus dichos actuales. La lista podría seguir al infinito pero para qué abundar. Observemos con atención sobre qué mesas se redacta algo y sabremos -en el acto- qué se está diciendo realmente.
L.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Palabra inútil


Si alguien que por h o por b nos interesa (o nos importó algún día) no responde a la lluvia de mensajes que le enviamos durante años, ¿para qué insistir? Si el mail que más esperamos nunca llega, ¿qué nos hace creer que llegará mañana? Ese mensaje nunca vendrá. Y no vendrá porque nunca fue ni será escrito. ¿No habrá llegado la hora de aceptar por fin esa verdad tan simple, clara y definitiva?
L.

Un buen tema de conversación I


Con mis amigos de la facultad solíamos decir que las mujeres constituyen más que nada un buen tema de conversación. ¿Las mujeres en qué sentido? En cualquiera. La forma o las formas, la ropa, la falta de ropa, la voz, la posibilidad lejana o cercana de conquistarlas, ese tipo charlas de vestuario que alegran la vida. Decíamos también que las mujeres suelen funcionar mejor como tema que en el trato cotidiano. Porque una vez armada la pareja y satisfecha la sed (al menos en parte) sentíamos que las cosas se complicaban gravemente. Aparecían las discusiones, las diferencias, las sospechas mutuas, los momentos muertos. Tarde o temprano, sin embargo, concluíamos que debíamos elegir entre una buena charla de vestuario y el encuentro real con una mujer real. La última opción es problemática, una desgracia a veces, pero sus alcances resultan infinitamente superiores a la mejor conversación.
L.

Un buen tema de conversación II


En algún momento los hombres necesitan establecer un cable a tierra. Primero hablan de la cuestión con un amigo. Y luego salen de cacería, cazan o se casan. Tarde o temprano la mujer se vuelve real y ocupa un lugar privilegiado. Cuando ella falta sobreviene el desamparo. Cuando no falta sobreviene el peligro. Como sea. Todo parece funcionar mejor en compañía. Cuando ella se va el hombre se siente despojado de su historia. La vida en pareja plantea problemas cuya solución, aunque parcial, no es imposible. Todo marcha mejor si la elegida tiene proyectos propios. Todo marcha mejor si los varones tienen proyectos propios. Y el "equipo" se potencia inmensamente si los dos son conscientes del desasosiego (la angustia) que para todos implica el simple hecho de vivir.
L.

Vivir sin fe


Es difícil recuperar la fe cuando han caído todas las religiones. ¿Fe en qué? En cualquier cosa. En el amor, la vida, un futuro mejor para el país y el mundo. Pero no es fácil creer en algo cuando todos los dioses han muerto. Y cuando lo único que queda es un hombre, una mujer, una manzana, un árbol y una serpiente de intenciones equívocas. ¿Habremos vuelto al principio de todos los principios?
L.