viernes, 15 de octubre de 2010

Selección natural


La ostentación de amor entre los animales (también entre los humanos) puede ser riesgosa. Cuando un sapo se dirige a su hembra con el canto seductor suele ser escuchado por un murciélago que ataca mortalmente al sapo enamorado. La apariencia llamativa de los faisanes atrae por partida doble a la hembra portadora de placer y al predador que le trae la muerte. Algunos animales encuentran formas de eludir las trampas de la selección natural. Los machos de un tipo de pez llamado guppie logran ocultar sus estridentes colores adoptando en zonas muy vigiladas por predadores una tonalidad pálida, neutra, como para no llamar la atención. Las hembras guppies no se sienten disminuidas por el obligado cambio. Al igual que las mujeres sabias, o acaso resignadas, los prefieren feos, sucios, malos y hasta descoloridos…pero vivos.
L.

jueves, 14 de octubre de 2010

Periodismo y obediencia


Llevé a clase un tema que enojó anoche a varios alumnos de Tea. Les dije que si el precio de trabajar en periodismo es vender el alma al diablo (mentir, distorsionar, enceguecer) mejor sería dedicarse a cualquier otra cosa como lavar platos en un bar o prostituirse más dignamente. Hubo silencios y protestas. El argumento de los realistas, enemigos de mi virtual y radicalizado purismo, fue que si debo trabajar para que coman mis hijos tengo que obedecer a los podridos poderes del mundo mediático. Les dije que eso dura poco. Les dije que el precio a pagar por esa opción moral es alto. Les dije que el desajuste entre lo que se escribe y lo que se piensa deviene (a la larga) en graves dolencias físicas y familiares. El tema quedó flotando en el aula sin resolver. Las preguntas siguen abiertas. ¿Obediencia debida o deseo? ¿Liberación o dependencia?
L.

El rescate pendiente


¿Por qué la asombrosa historia de los mineros chilenos despertó tanta ansiedad en una opinión pública por lo general desinteresada de socavones, minerales, cascos, inseguridad laboral, muertes evitables de trabajadores y asuntos afines? Puesto a pensar en la cuestión llegué a una hipótesis provisoria. Hay mucha gente que también quisiera ser rescatada. Hombres y mujeres de todos los países sueñan con una jaula que llegue hasta el fondo del agujero y los libere de algo sin nombre que los oprime. Las mujeres esperan a un divino rescatista. Los hombres fantasean con una socorrista excepcional. Todos, al igual que los 33 mineros hasta el día de ayer, desean liberarse pronto con la invalorable ayuda de una jaula.
L.

Las cosas lindas de la vida


Cuando digo lo que digo en este blog sobre los mineros chilenos y otros temas suelo ser tildado de amargado, depresivo, triste, negativo, un bajón irremediable. Cuando digo lo que digo en este blog sobre el amor, la política, el calentamiento global, la muerte y otras cuestiones igualmente banales me acusan de no ver las cosas lindas de la vida. Parece que me fijo solamente en las cosas feas. No voy a dar explicaciones al respecto. Entiendo que a la mayoría de la gente le gusta hablar solamente de lo positivo (por ejemplo del helado de sambayón) y me parece bien. De alguna manera soy eso que ahora llaman gente tóxica. Asumo ese lugar con cierto secreto orgullo. Andrea y yo, los que sostenemos este espacio, no vamos a convertirlo jamás en un libro de autoayuda. Lo hemos dicho mil veces y en varios idiomas. Nuestra mayor felicidad se relaciona con la verdad y jamás con la hipocresía. Y si eso es amargura, bueno, así será. ¿Elogio de las sombras? También. Hasta la luna tiene una cara oscura detrás de su lado radiante y luminoso. De no ser así no existiría. Pero también elogio del viento en el bosque a cierta hora de la tarde casi convertida en noche. Y de la orilla del mar en una playa desierta como la vi, creo, dos o tres días atrás.
L.

Lo demás


El amor se nutre de lo alto y de lo bajo. De respeto y falta de respeto. De buenos y no tan buenos sentimientos. El amor es una rara mezcla de pureza, encantamiento y obscenidad. Los primeros y castos besos adolescentes ya están cargados de deseo. Y después del primer beso lo demás viene solo. Y sin lo demás, claro, no hay nada.
L.

¿Milagro en Atacama?


Hace alrededor de quince años dos chicos de Jujuy se perdieron en la puna del norte argentino. Luego de una larga caminata comiendo raíces y bebiendo agua de los ríos los niños lograron mantenerse vivos y fueron encontrados. La prensa jujeña y mundial destacada en la zona calificó al episodio como el milagro de Molulo, por la localidad donde ocurrió el hallazgo. Hasta se escribió un libro con ese nombre. El milagro de Molulo. Muy pronto se montó un santuario en el lugar y la familia coya fue trasladada espectacularmente a la capital de la provincia. A nadie le interesó saber, como lo supe yo un año más tarde, que los niños de Molulo habían vuelto a perderse, esta vez en San Salvador, convertidos en mendigos, abandonados por sus padres, por los periodistas y la sociedad. Recuerdo el caso ahora en relación con el feliz rescate de los mineros de Atacama. Nuevamente estaríamos ante un milagro de origen divino (eso dicen varias cadenas de mails recibidos entre ayer y hoy) y no frente a una tragedia con suerte y gran acompañamiento mediático. ¿Por qué hay milagro para los 33 de Copiapó y no lo hubo para otros 35 mineros chilenos muertos en accidentes en lo que va de 2010? Aclaro que no me opongo ni a los creyentes ni a sus objetos de adoración. Me opongo, sí, a la estupidez convertida en ideología dominante.
L.

miércoles, 13 de octubre de 2010

La sed


Se dice del río que es turbulento. ¿Nadie se pregunta por el lecho que lo oprime? De un hombre se comenta que es mujeriego, loco, brutal. ¿Alguien se interrogó por la vida que lleva? Dicen de aquella mujer que es guarra, puta y mala madre. ¿No estará desesperada? Se habla demasiado del bebedor. Dicen que es un borracho incurable.
¿No habrá alguien dispuesto a pensar en su sed?
L.