martes, 22 de mayo de 2012

Amor y anarquía

Algo sabemos de Eros, hermoso hijo de Afrodita y de padre incierto, el dios que ayudado por alas doradas volaba y disparaba flechas a los corazones solitarios. Se supone que siempre fue un poco irresponsable como para formar parte de la familia olímpica de Grecia. Sería difícil, también, imaginar una hipotética unión entre Eros y anarquía. Esta última palabra, an-arché, implica el rechazo de todo principio inicial o causa primera. La causa primera, dijo Bakunin, es a lo sumo fuente de ella misma. Y punto. No hay origen. Difícil entonces concebir una cópula imaginaria entre lo indeterminado, la anarquía, y el dios de las alas doradas y brillantes. Más duro aún resultaría aceptar al hijo legítimo de ambos: el amor libre. ¿Existe tal cosa? ¿Se es verdaderamente libre cuando se ama? Algunos dicen que no hay esclavo mayor que un enamorado. Planteadas así las cosas la unión libre entre amor y anarquía sólo sería posible a través de una reinvención completa del amor en sus distintas versiones. Y sabiendo, de paso, que todo no se puede.
L.

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