lunes, 21 de mayo de 2012

Hambre, literatura y erotismo



Hambre y amor mueven al mundo, decía Freud citando a Schiller. Leyendo el prólogo de Anaïs Nin a Pájaros de fuego, un libro de relatos eróticos, se observa que el hambre y el amor también mueven o impulsan la literatura. Anaïs nació en París, fue pareja de Henry Miller y discípula del famoso psicólogo Otto Rank. Se dedicó también a la danza. Escribió textos eróticos a pedido de un señor enmascarado que le daba dinero a cambio de calentarse, acaso masturbarse leyendo los relatos de Delta de Venus o Little birds. Gran parte de esos cuentos, dice ella misma, fueron escritos con el estómago vacío. El hambre, a veces, estimula otros sentidos, como le ocurre a veces a los presos, obsesionados y ansiosos en la celda. Así, con hambre y amor, cultivó Anaïs Nin la flor del erotismo. Tuvo que luchar contra las exigencias de su patrón ("menos poesía", le ordenaba el caballero) admitiendo que de alguna manera debió convertirse en una puta literaria, es decir, cobrar por dar placer a un desconocido. La salvó la calidad y cierto grado de dignidad que ayudó a que los textos eróticos no se limitaran al acto, sobre el que hay muy poco para decir, sino a la puesta en escena. Sus auténticos escritos debieron ser abandonados. De ella quedaron el diario íntimo y los relatos sexuales donde la búsqueda del erotismo va unida a cierto respeto sacramental por el oficio literario.
L.

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