jueves, 6 de septiembre de 2012

¿Es usted religioso?


La pregunta me la hizo esta mañana mi analista cuando volví a la carga con mis quejas acerca del mundo y sus fracasos. ¿Es usted religioso? Le dije que no y ella deslizó que, de ser así, no debería pensar que hay un más allá, una especie de paraíso del que efectivamente fuimos expulsados y que yo, sin embargo, no dejo de extrañar como si realmente creyera en él. Es como si me moviera por la vida, dijo también, como un cruzado de un mundo inexistente que anuncia una buena nueva que nadie escucha. Es como si quisiera convencer a los demás acerca de la verdadera existencia del reino de los cielos. No es extraño, le dije. A veces me gustaría confiar en ese reino y habitarlo como corresponde. La tensión del intercambio no bajaba. Traté de desviar la atención de mi analista hablándole de la patria socialista, del sueño colectivo de toda una generación, de las desilusiones inevitables que siguieron a ese sueño y demás cuestiones que ya la tienen harta. ¿Es usted religioso?, volvió a preguntar. Señaló con sus ojos los grandes ventanales del consultorio. Eso es la vida, dijo. Y dio por terminada la sesión.
L.

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