miércoles, 30 de enero de 2013

¿Salvarse por la escritura o el amor?


La pregunta surge naturalmente luego de leer cualquier biografía de la escritora estadounidense Carson McCullers (1917-1967). El tema central de su vida y su obra fue el amor. Pero como suele suceder no fue el amor su salvación sino más bien su desgracia. Amó, eso sí, como ninfómana. Necesitó poseer a todos los que la desearon, incluyendo en la lista a su torturado esposo Reeves McCullers. Media vida la pasó postrada. Se enfermaba, se reponía y volvía a caer. La lectura de alguno de sus cuentos, por ejemplo Correspondencia, o alguna de sus novelas, por ejemplo Reflejos en un ojo dorado, alcanza para enamorarse de McCullers para siempre. Su devoción por el acto de narrar fue total y superó largamente a las demás y sombrías facetas de su existencia. En eso fue drástica. Casi anormal. Cuando era chica se negaba a salir a jugar porque siempre estaba ocupada tomando apuntes en su libreta de notas. Casi se hunde por amor. Pero si algo la salvó fue, sí, la escritura.
L.

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