sábado, 12 de enero de 2013

Te conozco


¿Por qué nos enamoramos de una persona y no de otra? Poca gente se hace esta pregunta clave. ¿Pero por qué? Atribuir el fenómeno a características del otro, no sé, inteligencia, belleza, simpatía, posición política o gustos de helado parecidos ampliaría al infinito la cifra de posibles objetos dignos de merecer nuestro amor. Si todo se redujera a una suma aritmética de beneficios -similares por ejemplo a los de un horno microondas- el problema amoroso, porque es un problema, se resolvería fácilmente. ¿Pero por qué alguien nos atrae más que otro? ¿Por qué incluso vamos hacia esa persona como quien avanza hacia la frontera decisiva de su existencia? Freud ensayó una respuesta al enigma con su famosa teoría del rasgo similar. Se supone que el sujeto de quien nos enamoramos posee algún rasgo de alguien que la memoria extravió en la más remota infancia. Por eso se dice que conocer es reconocer. Y por eso una divina canción de Silvio Rodríguez (Te conozco) expone las cosas del siguiente modo. De niño te conocí /entre mis años queridos/ por eso cuando te vi/ reconocí mi destino. Y algo me dice que por ahí va la cosa.
L.

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