jueves, 19 de mayo de 2011

La playa idealizada


Qué lindo sería, pensamos, estar ahora en Cayo Largo, en Cuba, o en las playas deslumbrantes del Tayrona, en Colombia, o acaso en la bonita Máncora, en el Pacífico peruano. Lo pensamos como quien imagina el lugar perfecto, sin límites, con el agua clara y tibia, la arena blanca, unos barcos que titilan como estrellas a lo lejos, sí, qué hermoso, decimos, estar allá y no acá, rodeados de gritos y edificios y horribles noticias, por qué no sumergirnos de una vez en una playa paradisíaca, pensamos, utilizando un adjetivo propio de los folletos turísticos. No reparamos en que nadie sabe bien cómo era el paraíso del que fuimos expulsados. Al parecer no había playa cuando Adán mordió la manzana del pecado. Ni siquiera conocía el significado de esa palabra. Los antiguos vivían la belleza sin saberlo. Hay un consuelo sin embargo. Cualquiera sabe que podemos estar en Yucatán o Acapulco y pasarla mal, no estar bien acompañados, mirar el océano con fría indiferencia. Pero aún así continuamos soñando con la burbuja de silencio en el desierto de los ruidos, el fuego en la nieve, lejanías imposibles. El más hermoso de los mares, dice el poeta Nazim Hikmet, es aquel que no hemos visto. Y la más hermosa de las playas...¿quién sabe dónde está?
L.  

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