jueves, 20 de diciembre de 2012

Fin del mundo

Los mayas tenían razón. El fin del mundo es inminente. Las motos van a mil, los autos corren como locos, los conductores atropellan perros, flores y personas, el ambiente de las fiestas parece más un duelo que una celebración. Debe ser eso el fin del mundo. Pero no solamente. Los evangélicos anticipan la tragedia en la Plaza Once. Suenan los tambores finales. Se quiebran los amores que parecían amores y nacen vínculos que no lo son. Las cárceles están superpobladas pero la gente pide más condenas, más castigo, más tortura. ¿Qué otra cosa puede ser el derrumbe si no es eso? Los supermercados están llenos de gente desesperada, las bocinas inundan el aire, las alarmas están que vuelan. Las mujeres se desnudan por monedas y los hombres exhiben en la calle su enorme poder. En el cielo no hay águilas sino drones. En la tierra quedan unas gotas de agua dulce. Se anuncian nuevas guerras y renovadas injusticias y penas y odios. Apenas restan unos versos de Jorge Teillier. El mundo no puede terminar/ porque las palomas y los gorriones/ siguen peleando por la avena en el patio.
L. 

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