miércoles, 13 de abril de 2011

La dureza


No siempre la dureza es buena. Las revoluciones, al volverse rígidas, se convierten en dictaduras reaccionarias y fuentes de opresión. El sindicalismo que nació para emancipar a la clase obrera suele institucionalizarse, endurecerse, y, en tal caso, acaba transformado en una corporación que traiciona los intereses defendidos. El amor, cuando pierde elasticidad, se vuelve aparatoso y aburrido.
En ocasiones, sin embargo, la dureza es buena.
L.

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