martes, 26 de abril de 2011

Sin intención


Lo que mata al acto es la intención. Cualquier cosa hecha con intención de hacerla se arruina, se pudre, se anula. No importa de qué se trate. Pero la intención se nota y ahí está el problema. El amante que quiere ser amante. El poeta que no deja dudas de su condición. El rey que es rey y nada más que rey hasta cuando caga. Vivir sin intención. Amar sin planes. Escribir o cantar o soñar distraidamente. Y hasta morir, claro, como si no importara.
Los dioses son dioses -dice el poeta- porque no se piensan.
L.

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