jueves, 30 de agosto de 2012

Dice mi analista


Me quejo ante mi analista de la supuesta ignorancia de mis alumnos de periodismo. Le digo que eso me agota crecientemente y me impulsa al aislamiento y a pensar en otros mundos posibles que considero más reales que éste. El tema es complejo pero la mujer no se inmuta. Dice que lo único que existe es este mundo imperfecto y que la agresividad disfrazada de evasión me deja solo frente a mis alumnos, es decir, impide en la práctica que mi supuesto saber llegue a ellos. Ellos, dice también, no son ellos sino una suma de singularidades imposibles de englobar. Dice mi analista que yo armo una gran bolsa de gatos donde mido a todos con el mismo rasero y que eso me deja desamparado ya no sólo frente a un ellos inexistente sino, fundamentalmente, frente a mi mismo. Dice mi analista que no hay manera de suponer una existencia que prescinda del afuera, que de una u otra forma debo construir puentes que permitan cruzar a la otra orilla. Le digo a mi analista que no me entiende. Por suerte -responde ella-. Y da por terminada la sesión.
L.

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